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Ceuta no quiere volver a vivir lo que pasó el 30 de julio. Después de que unas 72.000 personas cruzasen la frontera desde Marruecos, el Govern español ha desplegado un dispositivo extraordinario para intentar evitar que una nueva entrada masiva vuelva a desbordar la ciudad autónoma, sobre todo ante la amenaza de una fecha marcada el 15 de agosto... o antes. Tierra, mar y aire. La frontera está ahora mucho más vigilada que hace solo una semana: casi 300 antidisturbios, centenares de guardias civiles, unos 2.000 militares, dos fragatas, otros barcos de la Armada y de la Guardia Civil, embarcaciones rápidas, buceadores, un helicóptero, drones y una barrera flotante. Durante los últimos días han proliferado en TikTok, Facebook, Instagram y otras redes sociales mensajes que llaman a intentar una nueva entrada en Ceuta. La fecha que aparece repetidamente en las convocatorias es el 15 de agosto, pero las fuerzas de seguridad no miran únicamente aquel día. Precisamente porque los posibles organizadores saben que España está preparando un despliegue especialmente intenso para el día 15, las autoridades no descartan que un eventual intento pueda adelantarse para buscar el efecto sorpresa.

Algunas publicaciones usan referencias como "15/08" o al-hajma —ofensiva o embate— y señalan la localidad marroquí de Fnideq (Castillejos), junto a la frontera, como posible punto de partida. Las fuerzas de seguridad se toman seriamente estos movimientos, aunque piden prudencia. Que exista una convocatoria no significa que acabe materializándose ni, aún menos, que pueda alcanzar las dimensiones del 30 de julio. Hay una diferencia fundamental: esta vez España la espera.

De frontera desbordada a ciudad blindada

En poco más de una semana, Ceuta ha pasado del desbordamiento al blindaje. Casi 300 antidisturbios. Cientos de guardias civiles. Unos 2.000 militares. Dos fragatas, la Santa María y la Navarra en la bahía sur de Ceuta para reforzar el dispositivo militar. El BAM Rayo. El Servicio Marítimo ya dispone en Ceuta de dos embarcaciones medianas y cuatro zódiacs reforzadas por un buque de apoyo logístico. El Duque de Ahumada, con una dotación de doce guardias civiles. Embarcaciones rápidas. Buzos. Un helicóptero, y también se han incorporado cinco patrones de embarcación, tres mecánicos-marineros y pilotos de drones. Y una barrera flotante de medio kilómetro en el Tarajal. Un despliegue extraordinario ante una convocatoria que nadie puede asegurar que acabe materializándose, pero que el Govern no está dispuesto a menospreciar. El 30 de julio, Ceuta quedó desbordada. Ante el 15 de agosto, España quiere que la frontera esté preparada por tierra, mar y aire.

Una de las principales patas del blindaje es el refuerzo de la Policía Nacional. Este viernes se ha anunciado la llegada de una nueva unidad de 45 agentes de la Unidad de Intervención Policial (UIP), que se suma a los 225 efectivos desplegados desde el 30 de julio, procedentes principalmente de Andalucía y de la UIP Central. El refuerzo extraordinario de antidisturbios llega así a los 270 agentes. A estos efectivos se añaden seis especialistas de la Comisaría General de Extranjería y Fronteras para apoyar las tareas de identificación y documentación, y seis agentes más de la Comisaría General de Información. Interior también ha activado un mecanismo de servicios extraordinarios para que miembros de la UIP y de la Unidad de Prevención y Reacción (UPR) destinados a Ceuta puedan ampliar voluntariamente sus horas de trabajo. El objetivo es aumentar la presencia policial no solo en la frontera, sino también en las calles de una ciudad que todavía intenta recuperar la normalidad.

220 guardias civiles más y 2.000 militares

La Guardia Civil también ha reforzado considerablemente su dispositivo. La Agrupación de Reserva y Seguridad (ARS), dedicada a la vigilancia fronteriza, ha recibido tres nuevos pelotones con un total de 60 agentes. Además, la unidad de Seguridad Ciudadana se ha reforzado con 160 guardias civiles procedentes de diferentes unidades de Andalucía. En total, son al menos 220 guardias civiles de refuerzo en estos dos dispositivos. Pero la imagen más contundente del despliegue terrestre es la presencia militar. Unos 2.000 miembros de las Fuerzas Armadas destinados a Ceuta colaboran con el dispositivo activado después de la crisis. La capacidad de actuación del Ejército en este tipo de situaciones es diferente de la que tienen la Policía Nacional y la Guardia Civil, pero su presencia permite reforzar el dispositivo y tiene también un evidente componente disuasorio. Defensa prevé mantener el despliegue mientras Interior lo considere necesario.

Buzos, helicóptero y drones

La vigilancia llega también bajo el agua y desde el aire. Dos grupos del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas (GEAS) de Andalucía, formados por ocho buceadores, se han incorporado al dispositivo de Ceuta. Mientras tanto, el Servicio Aéreo de la Guardia Civil se ha reforzado con un helicóptero, y este fin de semana se incorpora también un grupo de drones para realizar tareas de vigilancia. La combinación permite observar los movimientos alrededor de la frontera desde diferentes puntos y reaccionar con más rapidez ante cualquier concentración inesperada. El blindaje de Ceuta es, por lo tanto, literal: efectivos en tierra, barcos en el mar y vigilancia desde el aire.

A toda esta presencia policial y militar se suma un nuevo obstáculo físico. Junto al espigón del Tarajal se ha instalado una barrera flotante de unos 500 metros destinada a dificultar las entradas a nado desde Marruecos. Se trata de uno de los puntos más sensibles de la frontera marítima y de una de las zonas que históricamente se han utilizado para intentar llegar a territorio español bordeando el espigón. La nueva infraestructura, junto con el incremento de las patrullas marítimas y la presencia de buceadores y barcos, busca cerrar una de las vías que más preocupan a las fuerzas de seguridad.

La clave también está en Marruecos

El precedente que da cierto margen de optimismo es el del 15 de septiembre de 2024, cuando una convocatoria para intentar acceder masivamente a Ceuta no provocó una crisis comparable. La coordinación con las autoridades marroquíes y el despliegue de seguridad en ambos lados de la frontera impidieron entonces que la situación se descontrolara. Y aquí aparece una de las grandes incógnitas de esta nueva alerta. España puede desplegar policías, soldados, fragatas, drones y helicópteros, pero hay un factor que sigue siendo determinante: qué pase al otro lado de la frontera. Marruecos también ha incrementado la presencia de sus fuerzas de seguridad en la zona de Fnideq para intentar impedir que se produzcan nuevas concentraciones masivas con destino a Ceuta.

La cooperación de Rabat será decisiva. El presidente de Ceuta, Juan Jesús Vivas, ha expresado estos días la inquietud que existe en la ciudad. Tras reunirse con Felipe VI, aseguró que Ceuta está "con el alma en vilo" y advirtió de la vulnerabilidad que supone que la seguridad de la frontera dependa también de un tercer país que no reconoce la soberanía española sobre la ciudad. Vivas también ha llevado la crisis hasta el Parlamento Europeo, donde ha reclamado "blindar" la frontera con más recursos humanos, medios materiales e infraestructuras, así como una mayor implicación de la Unión Europea.

Jornadas de hasta 16 horas

Pero mantener un dispositivo de estas dimensiones tiene un coste que no se ve a simple vista. La Asociación de Tropa y Marinería Española (ATME) ha valorado positivamente la llegada de nuevos medios de Defensa, pero reclama que los barcos y el material vayan acompañados de más personal para garantizar los relevos y los descansos. La asociación denuncia que algunos militares han llegado a hacer jornadas de hasta 16 horas y alerta de las dificultades para compensar posteriormente este exceso de trabajo ante la falta de personal disponible. "Los militares no somos robots ni máquinas; necesitamos descansar, alternarnos y, sobre todo, necesitamos relevos de personal", ha advertido el presidente de la ATME, Marco Antonio Gómez. Es la otra cara del despliegue: no solo hay que movilizar recursos, sino ser capaz de mantenerlos operativos si la alerta se alarga durante días o semanas.

Una ciudad todavía marcada por el 30 de julio

Todo este dispositivo se ha levantado mientras Ceuta todavía intenta gestionar las consecuencias de la entrada del 30 de julio. La ciudad continúa haciendo frente a una situación excepcional, con más de un millar de menores bajo tutela, centros de acogida sometidos a una enorme presión e investigaciones abiertas para localizar e identificar personas desaparecidas. La Guardia Civil ha reforzado los mecanismos de atención a los familiares que buscan personas de las que no tienen noticias, mientras los servicios forenses y la Fiscalía también han recibido refuerzos para afrontar las consecuencias de la crisis. Es en este escenario, con la herida del 30 de julio todavía abierta, que llega la nueva amenaza. Y la pregunta que queda en el aire es si todo este dispositivo será suficiente para impedir una nueva avalancha de migrantes masiva si esta se produjera.