Arremetida del expresidente José María Aznar contra el jefe del ejecutivo español, Pedro Sánchez, en respuesta a las críticas que este miércoles le ha dedicado por la intervención española en la guerra de Irak el 2003. Aznar ha utilizado para replicar a Sánchez la Fundación FAES, el think tank conservador que preside y que, mientras el debate en el Congreso sobre la respuesta española a la guerra de Irán seguía en marcha, ha publicado un editorial titulado ¿Hasta cuándo se abusará de nuestra paciencia?. "Ver presumiendo de sinceridad al personaje que prometió traer de vuelta a España a Puigdemont para ser juzgado, y eso pocas horas antes de que el prófugo le transmitiese oxígeno parlamentario desde Waterloo, es un espectáculo al alcance de la paciencia de muy pocos. Por supuesto, no de la nuestra", advierte el texto en referencia al voto de Junts a favor de las medidas anticrisis para responder al conflicto de Irán.
En la comparecencia en el Congreso de los diputados, Sánchez ha reclamado no repetir los mismos errores de 2003, cuando Aznar "quería sentirse importante y que George Bush le invitara a puros y le dejara poner los pies encima de la mesa". La réplica del expresidente popular no se ha hecho esperar. "Como Sánchez ni puede ni sabe gobernar, se dedica a hacer oposición retrospectiva con 23 años de retraso", empieza el texto de la fundación FAES, donde reprocha que los argumentos que el presidente español ha expuesto en el Congreso demuestran "hasta qué punto carece de pudor a la hora de insultar la inteligencia del auditorio". "Por lo que se ve, el único recurso que le queda a este presidente sin presupuesto y sin vergüenza es la guerra de Aznar", reprocha.
Puigdemont y Bildu
El texto reprocha que hay "una distancia insalvable entre los errores invencibles y las mentiras" y replica a los argumentos de Sánchez asegurando que Irak había tenido armas de destrucción masiva, las había utilizado contra su propio pueblo en "masacres que dejan pequeñas las mayores atrocidades que se hayan podido ver después", y que no permitió que los inspectores de la ONU lo comprobaran. Asegura que si se hubieran permitido las inspecciones, no se habría producido la intervención militar, a pesar de admitir que al final tampoco no se encontraron las armas, por lo cual "hay que pensar que no existían entonces". "Pero el gobierno de Aznar actuó en función de la información que tenía y de la lógica. Esto ni es engañar ni es manipular", remacha.
Admite que se puede criticar aquel posicionamiento siempre que se haga de buena fe, y que este no es el caso "cuando quien acusa de tomar decisiones sin escuchar a la opinión pública sustenta su poder, precisamente, en esta práctica". Advierte que nadie debe soportar reproches de mentira cuando provienen de la misma persona que juró "setenta veces siete" que no concedería amnistías inconstitucionales ni pactaría con Bildu.
Apoyo electoral al PP después de Irak
La editorial ironiza sobre las palabras de Sánchez en el sentido de que él sí que ha sabido escuchar el "clamor de los españoles contra la guerra", y replica que dos meses después de la invasión de Irak, en mayo de 2003, hubo unas elecciones municipales y autonómicas en España que no pasaron factura al PP. Recuerda que su partido ganó en 9 de las 13 comunidades en las que se votó y en 35 de las 52 provincias; en Madrid Alberto Ruiz-Gallardón consiguió mayoría absoluta y Esperanza Aguirre se quedó a un diputado de obtenerla en la comunidad madrileña; consiguió mayorías absolutas en 2969 municipios, lo cual representaba una cifra superior a la suma de las victorias absolutas y relativas de los socialistas. "En suma, el PP conseguía conservar su poder territorial frustrando las apuestas fundamentales de los socialistas. También entonces, su oposición de pancarta benefició, a costa suya, a las candidaturas nacionalistas y de extrema izquierda", añade, para ilustrar que, si hubo una mayoría social contra la guerra, no se tradujo en una mayoría electoral contra el PP.
Además, subraya que Aznar no envió tropas españolas a Irak; que España no participó en la invasión y control del territorio, que quedó en manos de las tropas de EE. UU. y de Gran Bretaña. Admite, sin embargo, que sí que dio apoyo político avalando la interpretación de una resolución de las Naciones Unidas que podría darle curso, junto a países como Portugal o Italia; y que España envió tropas cuando la ONU estableció el plan de estabilización y de reconstrucción de Irak bajo el paraguas de Naciones Unidas y para misiones que no eran bélicas.