Justo ayer se cumplieron diecisiete años de la consulta municipal por la independencia de Catalunya que organizó Arenys de Munt. "¿Está de acuerdo en que Catalunya se convierta en un Estado de derecho, independiente, democrático y social, integrado en la Unión Europea?". Esta fue la pregunta y se convirtió en la primera consulta de la historia de los Països Catalans. Aquel 13 de septiembre de 2009 poca gente podía imaginar que cinco años más tarde llegaría el 9N, con una doble pregunta: "¿Quiere que Catalunya se convierta en un Estado?" y "En caso afirmativo, ¿quiere que este Estado sea independiente?", y que solo tres años después, en 2017, deslumbraríamos al mundo con el referéndum del Primero de Octubre: "¿Quiere que Catalunya sea un Estado independiente en forma de República?". Sí, probablemente, quienes menos se dan cuenta de un cambio son aquellos que lo viven.

Y es que si miramos por la ventanilla de un avión en pleno vuelo, nos parece que la cosa se mueve bastante lentamente. Y si nos olvidamos de que estamos a 8.000 pies de altura, puede parecer incluso que estamos en tierra firme (turbulencias aparte). Si, en cambio, contemplamos el avión desde tierra, levantamos la cabeza y lo vemos pasar a toda prisa, con el humo de los reactores dejando una estela de modernidad y velocidad. Vivir el movimiento de independencia desde dentro, a veces, nos hace perder perspectiva. Nos puede hacer creer que no avanzamos cuando, en realidad, desde la consulta de Arenys hasta hoy, el independentismo ha dado pasos de gigante, a pesar de que no siempre con la celeridad que querríamos, ni con la intensidad y la dirección que haría falta. Y sí, también hay turbulencias, especialmente partidistas y, sobre todo, españolistas.

"Somos una Nación. Nosotros decidimos", fue el lema de la manifestación del 10 de julio de 2010, que además de protestar por el recorte del Estatut, ya tenía un marcado acento soberanista. Muchos consideran aquel momento un punto de inflexión en la historia reciente de la movilización catalanista. Al año siguiente, nacía legalmente la Assemblea Nacional de Catalunya (ANC) y en 2012 se hacía la asamblea constituyente de esta entidad, sin la cual, hay que reconocerlo, no estaríamos donde estamos. Aquel mismo septiembre la pancarta de la Diada decía: "Catalunya, nuevo Estado de Europa". En definitiva, hace una quincena de años que las manifestaciones del 11 de septiembre han tomado un cariz innegablemente separatista, herederas del 1714 y de tantas luchas de compatriotas. Con altibajos, pero siempre enormemente masivas, a pesar de que algunos medios de comunicación hoy tengan las gafas sucias.

Los que menos se dan cuenta de un cambio son aquellos que lo viven. Desde la consulta de Arenys de Munt hasta hoy, el independentismo ha dado pasos de gigante, pero lo vivimos tanto desde dentro que no siempre lo valoramos. Hay que seguir estando, resistir y avanzar

Uno de los ejemplos más flagrantes lo ha protagonizado el Diari Ara: "Llamada a combatir la extrema derecha" titulaba en portada al día siguiente del 11 de septiembre. ¿Que la extrema derecha hay que combatirla? Sí, pero la manifestación del viernes gritó alto y fuerte "Independencia", palabra que no salía en el titular, ni en ninguna de las tres líneas de los subtítulos (por cierto, La Vanguardia tenía un titular similar). ¿Cómo se puede obviar la realidad de una manera tan descarada y después pretender tener credibilidad? Hace especialmente daño a la vista cuando revisas mínimamente la hemeroteca y recuperas las portadas de años anteriores —curiosamente, cuando el diario todavía lo dirigía Carles Capdevila— y te das cuenta de cómo se ha ido variando el relato hasta diluirlo de manera inexplicable. Está claro que hablamos del mismo diario que renegó de la publicidad del 1 de Octubre, haciendo malabares para justificarlo.

Es evidente que todo el mundo tiene derecho a tener su línea editorial, pero lo peor de todo es que ellos estaban en la manifestación, y no se puede alegar desconocimiento. ¿Entonces? Después diremos que las redes pueden manipular... pero claro, si el mismo Govern de la Generalitat ha anunciado que cada año celebrará la Diada en una comunidad autónoma diferente —este año en Extremadura—, ya me explicaréis vosotros quiénes son los maestros de este evidente intento de dilución y retroceso. Sea como sea, la dignidad del 1 de Octubre y la fuerza de la gente siguen muy presentes y cada vez con más jóvenes desacomplejados, dispuestos a quitarnos a todos juntos el lastre de la mochila procesista y mostrando con orgullo la estelada. Hay que seguir estando, resistir y avanzar. El 11 de septiembre no conmemoramos una derrota, sino el deseo de persistencia del pueblo catalán. Como lo ha denominado acertadamente el historiador Enric Calpena, es "la victoria del ser". Y como también acertadamente nos canta Lluís Llach, "y queremos ser para caminar".