Como el lector informado conocerá de sobra, el diario del antiguo virrey de Catalunya acaba de publicar una encuesta que sitúa a Aliança Catalana empatada a treinta escaños con el PSC. Como era de esperar, la tribu se nos ha asustado... pues la mayoría de gente que dice sentirse de izquierdas todavía piensa que Sílvia Orriols es la encarnación viva de Mussolini y que el auge de Aliança puede convertir el país en una especie de laboratorio para reinstaurar las cruzadas. De la gente absurda no nos tenemos que ocupar mucho y, por lo tanto, me limitaré a decir que la noticia de La Vanguardia es un ejemplo de fast food político, puesto que cocina el auge de los aliancistas un poco al alza (con esto no digo que no puedan alcanzar tal número de escaños o incluso superarlo con creces) para que las élites catalanas se sacudan la pereza y no solo favorezcan que Junts vuelva a levantarse, sino también que el PSC, a pesar de sus errores de gestión, intente al menos ganar los comicios.

De hecho, lo que querría Godó —es decir, lo que querrían los socialistas y, es decir, lo que querrían los españoles— es que Carles Puigdemont vuelva cagando leches a pisar Catalunya con el objetivo de que el antiguo Molt Honorable excite de nuevo a la madrina convergente, matizando así el auge de Aliança. Como ya avisé hace siglos, Salvador Illa estaría encantado de urdir una especie de operación Tarradellas un poco matizada, recibiendo al president 130 en Palau, permitiéndole incluso saludar a la parroquia desde el balcón (pero sin disparar ninguna frase célebre y, a poder ser, con un trabajo ya garantizado por La Caixa del tipo: "Fundación por el diálogo, la paz, el entendimiento... y mis cascabeles en vinagre") y todos tan amigos. Esta, sumada a las ganas de muchos viejos convergentes por jubilarlo, sería la forma más lógica de desactivar a Puigdemont; pero diría que el 130, después de una década fuera, no se adaptará de forma tan dócil a su entierro.

Esta tensión, y no otra cosa, es lo que explica que Puigdemont haya encabezado el voto negativo a los decretos socialistas que pretendían traficar con la rabia provocada por el desahucio de la señora Maricarmen. El estimable Enric Juliana opina que las desavenencias forman parte de la disonancia que existe entre la magnanimidad socialista para otorgar la amnistía a los condenados del procés y la obligación de los juntaires por mantener el cordón umbilical bien ligado con el electorado pequeño burgués y emprendedor de Convergència. Disiento del docto badalonés y no solo porque sostengo que la amnistía es, básicamente, una necesidad española para lavarse la cara ante Europa, sino porque diría que el presi 130 ha querido dejar claro, como experto en chantaje emocional, que intentará no tener las manos atadas por la medida de gracia o, al menos, que pretende volver sin tener que pagar muchas hipotecas a los españoles.

La mayoría de los futuros diputados deben entender que cualquier lucha ideológica está específicamente urdida para inutilizar esta nueva fuerza y encastrarla en el procesismo

Entiendo que Puigdemont quiera hacerse valer ante el enemigo (y también, frente a todos los que lo quieren muerto, a quienes ya intentó cuadrar con aquella performance bastante absurda de Arc de Triomf), pero si el president ha aceptado la carga de mantenerse firme ante la entronización heroica y nauseabunda de una funcionaria española descarada que pretendía vivir toda su vida junto al Retiro pagando el mismo alquiler que en tiempos de Franco... diría que también debe estar dispuesto a entenderse con Orriols, a pesar de que sus compañeros de partido lo traten como cómplice con el fascismo y no sé cuántas más pollas. Ya sé que estamos distanciados y que han pasado siglos desde nuestras últimas charlas, Carles; pero tú y yo sabemos que tienes mucho más en común con Sílvia que con la mayoría de tus diputados... y ya no digamos con los sociatas que hicieron la vista gorda cuando os querían meter a todos en la cárcel.

Juliana acostumbra a decir que la amnistía ha sido la apuesta del poder central para devolver la tensión política al tablero del juego parlamentario (la célebre expresión de "todos dentro"). Lo que no podía prever Enric —porque, de hecho, no lo vislumbraba ni Cristo— es que esta inclusión de todos, a nivel catalán, debería contar necesariamente con el factor diferencial de Aliança, tenga treinta escaños o, si continúa "asediada" por el cordón sanitario que ha funcionado con tanta brillantez, llegue a mayorías dignas de la época de Pujol y compañía. En este sentido, hay que dejar bien claro que, contra lo que dicen los cabezas cuadradas de los politólogos, Aliança no se dispara ni porque muchos catalanes se hayan inoculado del virus del racismo ni porque Junts esté desapareciendo del mapa. Contrariamente, la ciudadanía ha aprendido de los errores del procés, y lo único que busca es mantener su sistema de juego con unos entrenadores más valientes y mucho menos cínicos.

Ahora que el president dice que quiere volver con el objetivo de recorrer el país para oler su fragancia, yo le recomendaría que compaginara los baños de masas y los masajes del PSC con una larga visita a Ripoll. Porque la única noticia importante de la encuesta mencionada al inicio es que certifica una victoria de los partidos independentistas y la mayoría de los futuros diputados deben entender que cualquier lucha ideológica (más aún si proviene de las mandangas que se discuten en Madrit) está específicamente urdida para inutilizar esta nueva fuerza y encastrarla en el procesismo. Diría que si Puigdemont quiere salir de esta dinámica... se entenderá mejor con la líder de Aliança que con Artur Mas, Gabriel Rufián o incluso Jaume Asens. La única noticia, por lo tanto, es que a pesar de estar de luto y a punto de entrar en un terreno ignoto, estamos ganando y la población empieza a tener las cosas bastante claras.

Sí, estamos todos dentro... y también con Aliança. A partir de aquí, ¡haced el puto favor de dejaros de hostias y de poneros a currar!