The Guardian puso nombres y apellidos a los responsables de la mayor crisis financiera desde la Segunda Guerra Mundial. La crisis de 2008 no fue un fenómeno natural, y el diario británico decidió hacer una lista de 25 culpables. Al frente pusieron a Alan Greenspan, presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos entre 1987 y 2006. Greenspan pasará a la historia por la defensa del libre mercado, la capacidad para rescatar la economía de Estados Unidos del colapso financiero de 1987 y por mitigar los efectos derivados de los ataques a las Torres Gemelas. Pero, sobre todo, como el principal culpable de la crisis de 2008. Básicamente, por permitir la formación de una gran, una inmensa, burbuja inmobiliaria gracias a unos tipos de interés bajos y a la ausencia de regulación en torno a los préstamos hipotecarios.

Y ahora que Francia arde, ahora que Italia y España hierven, quizás la culpa no sea (solo) de Macron, Meloni y Sánchez —por poner ejemplos de centro, derecha e izquierda—. La generación Z está a punto de incendiar el mundo y el drama es que los gobernantes pueden hacer poco de forma aislada. Pero tampoco es un accidente. En el malestar hay una combinación de factores, pero con nombres y apellidos detrás y que no son los que vemos cada día en los periódicos. Empezando por los fondos buitre y sus prácticas especulativas agresivas que buscan maximizar los beneficios a muy corto plazo aprovechando la vulnerabilidad de Estados, empresas y familias. Pongamos un nombre: BlackRock, fundada por Larry Fink, la gestora de activos más grande del mundo, con más de 11 billones de dólares. Un volumen de capital superior al PIB de la mayoría de los países del mundo. O Blackstone, fundada por Stephen A. Schwarzman, presidente y consejero delegado, que tiene como principal activo el sector inmobiliario y que en España ha comprado miles de viviendas y se ha dedicado a aumentar los alquileres.

Francia arde porque hemos construido un mundo donde la economía financiera se ha comido a la economía productiva

The Wall Street Journal informó en 2011 del enorme consumo de agua de los residentes adinerados de Palm Beach durante un período de sequía excepcional. Stephen A. Schwarzman figuraba entre los cinco consumidores más importantes. No tuvo suficiente. En 2025, Schwarzman se hizo llevar hasta su finca de Conholt Park, en el condado de Wiltshire, Inglaterra, camiones cisterna con agua obtenida de puntos de suministro de una zona afectada por la sequía. ¿Tenía sed? No. Quería llenar su lago particular. La empresa Southern Water acabó prohibiendo que le llevaran más agua. Este es uno de los señores que determinan nuestra vida y a quien no votaremos nunca.

Francia arde porque hemos construido un mundo donde la economía financiera se ha comido a la economía productiva. Un mundo donde cuesta señalar a los verdaderos responsables. Un mundo donde cada vez existen más desigualdades entre ricos y pobres. Un mundo donde los sueldos no llegan no ya para comprar una casa, sino ni para alquilar una habitación. Y el segundo drama es que quien sacará rédito de ello será la extrema derecha. Es una lástima que siempre se tenga que llegar a este extremo para reaccionar. Y sacará rédito la extrema derecha porque los tecnooligarcas como Mark Zuckerberg, Elon Musk o Larry Ellison, que cenan cotidianamente en la Casa Blanca con Donald Trump, controlan las granjas de bots, las publicaciones manipuladas con inteligencia artificial y todos los medios que permiten la parcialidad que contribuye a victorias electorales en todo el mundo, lo que daña, además de la economía, la propia democracia. Y ya solo faltaba el Niño.