Parece evidente que la restitución total de la figura del president Jordi Pujol ya es un hecho para la mayoría de ciudadanos e instituciones de Catalunya, y también el reconocimiento de su gran obra al servicio del país. Son buenas noticias. Pero que todos los que reconocen su mérito y su obra —e incluso lo reivindican como referente en la política actual— hayan interiorizado su doctrina, eso ya es harina de otro costal. En este ámbito está bastante claro que aún queda mucho por hacer.
Pido disculpas de entrada por resumir de forma tan breve la doctrina de toda una vida, pero recojo lo que puede servirme para analizar el momento que vivimos: "Levantar Catalunya. Construir Catalunya. Catalunya, un solo pueblo. Catalunya primero. En Catalunya, primero las personas. Sumar y no restar; construir y no destruir". Y lo que decía a los jóvenes en su última carta: "No os dejéis arrastrar por el pesimismo. Catalunya ha superado dificultades mucho mayores que las actuales". También les decía: "No esperéis que todo lo resuelva la política. La política es necesaria, pero no suficiente. Las naciones fuertes son aquellas que tienen una sociedad fuerte". Y situaba como principal riesgo "el cansancio interior, la resignación, el desánimo". Ahora no tenemos política. Tenemos sociedad. Pero no lo bastante fuerte. Está cansada, desanimada. Quizá no resignada, pero sí resentida. Cuando hablo de fortaleza, me refiero a madurez. Y me temo que las críticas que recibiré por decirlo serán precisamente la prueba de ello.
Pero empecemos por la política. Esta semana, en el margen de tres días, el president Illa ha dicho o tuiteado cosas de este estilo: "Volvemos a ser campeones del mundo. ¡Volvemos a hacer historia! ¡Vamos, España!". No tenemos política. Asumámoslo. Ha dicho "Vamos, España" la misma semana en la que el gobierno español ha anunciado que en 2025 ejecutó en Catalunya el 8,6% de su inversión territorializada. En Madrid, el 21%. Illa pidió a Junts "que aproveche su capacidad de influencia en Madrid". Recordemos que Junts tiene 7 diputados en el Congreso, mientras que el PSC tiene 19. Aunque, por lo que se desprende de las declaraciones del president, ninguno de esos 19 tiene capacidad de influencia para resolver este —según él— "problema". No tenemos política. Illa ha escrito "volvemos a ser campeones del mundo" la misma semana en la que se han detenido tres líneas de Rodalies por el hundimiento de un pozo de las obras en Montcada, o en la que el Ministerio de Hacienda se ha negado a fijar un calendario para la cesión del IRPF a Catalunya.
Ahora no tenemos política. Tenemos sociedad. Pero no lo bastante fuerte. Está cansada, desanimada. Quizá no resignada, pero sí resentida
No tenemos política. Tenemos sociedad. Pero, como he dicho, me parece que no lo bastante fuerte como reclama Pujol. Al menos, en términos de madurez. Sea por los motivos que sea, quizá comprensibles. Pero no es óptimo. El baile emocional que sufrimos debe terminar. Ni hace ni quince días, con 25.000 jóvenes en el Canet Rock, todos envueltos en esteladas, lo teníamos al alcance de la mano; ni hace cuatro días, con la victoria de la selección española en el Mundial de fútbol, está todo perdido y la juventud ha abandonado toda esperanza. Calma.
Diría que hemos revivido bastante el año 2010. Después de las celebraciones por la victoria de la selección española, vino lo que vino. La única diferencia, o la principal, es que en aquel momento el catalanismo tenía un proyecto atractivo. Ahora no lo tiene. O, al menos, nadie lo explica con claridad. Y la gente está resentida. Un hecho que fomenta el desánimo. Pero, aun así, hay una reflexión que debería hacerse dentro del independentismo. Y vuelvo a Pujol: sumar, no restar; construir, no destruir. No entro en el debate sobre el apoyo de muchos catalanes a la selección española. Me parece obvio y superado. Lo más relevante es la pregunta que esta situación plantea al independentismo si quiere ser mayoritario: ¿debe excluir a todos aquellos que no lo ven de la misma forma?