El periodista especializado en tecnología y religión Hayden Royster ha investigado Acts 17 Collective, una red de inversores californianos de alto perfil de Silicon Valley que proponen incrustar los valores cristianos evangélicos en sus decisiones como CEO y como gurús de la tecnología. La idea es reunir a líderes y profesionales del sector para explorar la relación entre la fe cristiana, el trabajo y la cultura. Los católicos, por ahora, no tienen un papel relevante. Estos grupos quieren recordar que la tecnología no es Dios y que, para los cristianos, Dios tiene un nombre y este es Jesucristo, y no una IA.
Silicon Valley, Valle del Silicio, la región californiana conocida por la innovación, es, pues, ahora también famosa por otro tipo de conectores: los espirituales. Parecían universos opuestos, la materia contra el espíritu, pero realidades como la organización sin ánimo de lucro Acts 17, de matriz protestante, y la presencia de centros budistas y de diferentes espiritualidades están poblando el valle de conexiones que van más allá de la electrónica y de la aparente secularización de la zona. Y mueven millones de dólares entre capitalistas de riesgo, ingenieros y programadores. Michele Stephens, directora ejecutiva de Acts 17, explica que quieren que “lo eterno y colectivo empodere a los líderes tecnológicos para lidiar con asuntos temporales como el dinero, la fama o el poder, y que los encamine para construir positivamente”. Acts 17 Collective organiza eventos con ponentes influyentes. Estos encuentros reúnen liderazgos para hablar de cuestiones espirituales, profesionales y culturales, creando espacios de conversación y de conexión personal. Después de los eventos, la organización fomenta pequeñas reuniones de seguimiento (cafés informales, grupos de discusión, lecturas recomendadas) para que las conversaciones sobre fe y propósito continúen. La misión de la organización es “redefinir qué es el éxito para quienes definen la cultura”, fomentando que estas personas consideren la fe cristiana como una parte significativa de su vida y de su trabajo, que básicamente es lo que ocupa la mayor parte de su existencia. El nombre Acts 17 hace referencia tanto a un acrónimo (“Acknowledging Christ in Technology and Society” o “Hacer presente a Cristo en la tecnología y la sociedad”) como a un pasaje bíblico (Hechos de los Apóstoles 17) en el que san Pablo habla del evangelio y su impacto en la cultura de la época.
La narrativa apocalíptica del fin del mundo viene ya de hace décadas, con los primeros telepredicadores que querían poner a Jesucristo en el centro, y no a la tecnología que salva
Se están interesando por este grupo ejecutivos de Gloo, la start-up evangélica de IA que hace unas semanas ha lanzado una plataforma tecnológica líder al servicio del ecosistema de la fe y la prosperidad. El artefacto se llama FAI (Flourishing AI Christian) y muestra hasta qué punto los actuales modelos de lenguaje grandes (LLMs) reflejan las dimensiones clave de la prosperidad humana a través de una cosmovisión cristiana. Otras iniciativas también se suman, como The Center for Faith & Work (CFW), organización vinculada a la Redeemer Presbyterian Church de la ciudad de Nueva York, o el Center for Faith & Work St. Louis, que busca fomentar la integración de la fe y el trabajo como medio de renovación cultural y el bienestar de la ciudad. Hablan mucho del concepto de “prosperidad”, vinculado al progreso económico. Mientras todo esto se mueve, los datos de cristianos en la zona de San Francisco no están aumentando y, por lo tanto, los sociólogos se mantienen cautos, aunque hay indicios de que la gente de la zona es más proclive a leer la Biblia o a asistir a cultos en diversas iglesias.
Lo que parece un brindis al sol es un movimiento que está resultando muy atractivo para los jóvenes (y no tan jóvenes) ingenieros y directivos de la zona. El multimillonario Peter Thiel, cofundador de PayPal, ha sido uno de los invitados a las conferencias (todas con precios astronómicos y entradas ya agotadas). Su propuesta llevaba por nombre “El Anticristo está aquí”. El anticristo lo encarnan, según él, activistas como Greta Thunberg o Eliezer Yudkowsky. Una multitud de manifestantes se presentó vestida de demonio y la conferencia, que se repitió durante cuatro semanas, ha salido en todos los medios. La idea es que la IA, la tecnología y las innovaciones que conllevan pueden llevar al mundo a deificarlas como si fueran divinidades, y esto puede conducir a la catástrofe y al apocalipsis. Estos networkings tecnológicos, ya espirituales, cuentan con la bendición de Trump. El periodista Royster señala que los expertos consultados para aclarar este fenómeno no ven nada nuevo en ello: la narrativa apocalíptica del fin del mundo viene ya de hace décadas, con los primeros telepredicadores que querían poner a Jesucristo en el centro, y no a la tecnología que salva.