“El cansancio ronca sobre los guijarros; en tanto que la pereza halla dura la almohada de pluma”
William Shakespeare
Habrán visto que Ábalos está ya a caballo entre el Tribunal Supremo y la Audiencia Nacional. Esta misma semana, el magistrado Puente acaba de reenviar a Ismael Moreno el caso sobre las mordidas en la contratación pública debido, básicamente, a que el propio Ábalos ha decidido ahora dejar el acta de diputado y desaforarse. Pudo hacerlo antes y no lo hizo —por eso el caso Mascarillas, cuyo juicio oral está ya aperturado se juzgará en el TS—, lo que deja claro que el exministro enchironado ha podido elegir jueces en el momento que ha querido. Elegir jueces no es de recibo en un Estado de derecho y este no es o no debería ser el privilegio de los aforados. Va siendo hora de que se legisle que el fuero de los enjuiciados es el que tuvieran en el momento de producirse los delitos y a esparragar con los cambios; de este modo no elige fuero ni el acusado ni nadie. Eso incluye a los que estaban aforados al TSJC cuando lo estaban, todos ustedes lo recuerdan.
La cuestión es que al tal Ábalos le llevaban recomendando mucho tiempo sus abogados, los que renunciaron y a los que echó, que tomara esta decisión con el objeto de dilatar el procedimiento "unos diez años". ¡Coño, tanta fortuna ha hecho la prescripción de dilaciones que se la he oído repetir a políticos y tertulianos como si figurara esculpida en piedra en la LeCrim! No es así. La pregunta pertinente, la necesaria, el escándalo mayúsculo es que una causa como esta pueda tardar en finiquitarse diez años en ningún tribunal. Me quedo sola rasgándome las vestiduras y no por ello voy a renunciar a tan antiquísimo gesto bíblico ante una ofensa imperdonable, porque esta lo es: al Estado de derecho y a los derechos de los justiciables.
Como nada viene solo, veo también estos días que el presidente de la Audiencia Nacional, ante el desastre, ha pedido a sus huestes por carta que le remitan sus reflexiones sobre un eventual cambio de competencias que él solicitaría después. Democracia deliberativa, que así se preside con placidez. Le tengo mucho cariño a Juan Manuel Fernández, desde hace tiempo, pero me temo que su planteamiento es parte de la deriva del órgano. No puedes preguntarle al que quizá trabaja poco qué hacer para no trabajar más. Fernández, que ha hecho toda su carrera en Navarra, con un paso por el CGPJ como vocal, no lleva dentro ni la esencia del órgano ni la de la Villa y Corte, o sea, que no sabe de qué va. Un poco eso mismo le pasa a la Audiencia Nacional, que ha ido derivando de fuerte blindado contra el terrorismo de ETA, en esos años en los que estando allí te jugabas la vida, a apeadero de quienes buscan algo de más relumbrón o están a la espera de destinos mejores cuando los dedos cambien. Hace ya unos años que sirve de trampolín —recuerden a Lamela o a Espejel— o de refugio hasta la llegada de otros aires que lleven a mejor vida —Juan Carlos Campo o Enrique López—. A ninguno de los citados ni a muchos de los titulares actuales se les hubiera pasado por la cabeza pedir ese destino cuando con ello te jugabas la vida.
Si la Audiencia Nacional va a ser un tribunal como los otros, con el atasco de todo el Estado, pero más cercano al poder, no sé yo si nos hace mucha falta
Total, que dicen estar saturados, bloqueados, cegados de papel. No digo que no lo estén, aunque necesitaría que me explicaran las causas con pelos y señales, teniendo en cuenta que han perdido su mayor razón de ser y de acúmulo de causas —el terrorismo de ETA— y casi la de su segundo renacimiento —el terrorismo yihadista—, que, afortunadamente, está en horas bajas. Dicen que hay muchos macrojuicios, lo que no es nuevo, siempre tuvieron competencias en corrupción y tramas financieras, así que habría que saber por qué se les atragantan o si tanto ha crecido.
Dicen que no tienen medios suficientes para celebrar juicios con tantas partes, pero disfrutan de una sede nueva y de otra sede accesoria para macrovistas; no como cuando el 11-M, que hubo que crear una nueva de la nada. En otros tiempos se celebraban juicios incluso mañana y tarde a ritmo de corneta y no sé yo si ve ya. Dicen que hay competencias incordiosas que pueden mandarse a las audiencias —criptomonedas, estafas que afecten a menos de 500 personas— para aliviarse ellos y enmarronar a otros. O sea, que no tienen medios ellos, pero puede Málaga o Coruña o Gerona. Podrían mandarse a otras audiencias si olvidamos que la razón de la existencia de la AN es su especialización, ergo que si pueden hacer dejación de tales funciones es que no hace falta tal especialización. Tampoco es cierto que la haya, seamos sinceros; la mayoría de sus magistrados o fiscales se "especializan" a medida que van llegando.
La otra cosa que alegan es que necesitan dos juzgados centrales de Instrucción más. Me voy a negar a escribir "dos plazas de la Sección de Instrucción del Tribunal Central de Instancia", porque no voy a perder media columna por los caprichos de Bolaños. Puede que los necesiten, no digo que no, si no fuera porque algunos jueces pasan más tiempo en los alrededores de la AN que dentro. Yo, eso de presidir algo, lo vigilaría. Lo que me parte la caja son los motivos que alegan. Uno de ellos es que no se han creado juzgados centrales para instruir desde 1997 —¿y?—, y el otro tiene que ver con los inventos funestos del ministro estrella. Resulta que con la nueva ley Bolaños ya no hay decanos de los juzgados —los que organizan el funcionamiento interno de estos— y se ha creado la figura del Presidente de la Sección de Instancia, que dice más o menos lo mismo, pero que solo puede existir cuando hay más de ocho puestos de juez, o sea, lo que eran ocho juzgados. Resulta que en la Audiencia Nacional hay seis juzgados centrales de Instrucción y se han quedado sin decano por gracia de Bolaños y a la par no pueden nombrar la nueva figura al no llegar a ocho. Solución: exigen crear dos jueces centrales más para poder poner orden en los que ya existen. ¡Por dios, ministro!, ¿no se dio cuenta nadie de lo que iba a pasar en la AN cuando redactaron la ley? ¿Tanto costaba hacer un inciso aclaratorio para el órgano central?
Si la Audiencia Nacional va a ser un tribunal como los otros, con el atasco de todo el Estado, pero más cercano al poder, no sé yo si nos hace mucha falta. Si la Audiencia Nacional no va a ser un órgano ágil y especializado de verdad, si no se la va a jugar contra las grandes mafias internacionales, si va a ser la Audiencia Provincial de Madrid en rimbombante, si se va a quitar de encima la morralla para no matarse a trabajar, si solo va a ser un apeadero ralentizado que sirva para centralizar lo que interese cuando interese, entonces va a ser que no nos hace falta.
Sabemos lo que no han hecho en todo este tiempo, el atraso canta. Más les valdría ponerse las pilas y a sus responsables también, porque nada funciona si no se está encima y si no hay voluntad de mantener el tipo y el nivel. Y si no, cada mochuelo a su olivo, que audiencias hay muchas y a fin de cuentas la mayoría ya ni disfruta de coche oficial.