Tiene mucha gracia que, mientras naciones fundadoras del espíritu europeo como Francia o Italia son noticia por algaradas incendiarias, Pedro Sánchez haya iniciado la campaña electoral del 29N con un "te quiero" a su mujer. En el enésimo ejemplo de la "procesización" mental de España, podríamos afirmar que "el sanchismo es amor" (y la comparación no sería arriesgada, sabiendo que el autor material de esta frase es, como el presidente español, un chico que va de monacal individuo... a pesar de su pericia en el arte de enterrar a sus antiguos compañeros sin contemplaciones). Viendo a Sánchez declarándose de nuevo a su espléndida señora, uno podría intuir que el líder del PSOE emplea una táctica de manual; a saber, la de absorber el discurso victimista de una forma pornográfica y transformar la (innegable) cacería de la derecha judicial contra su costilla en el último, y quién sabe si incluso bastante exitoso, gesto de supervivencia política...
Todo esto sería cierto, como también resulta lógico que el PSOE copie al pie de la letra la dogmática "procesista" del sentimentalismo en su versión más familiar. Ahora muchos no lo recordarán, porque en este país la memoria del común es de jilguero, pero el método con el que los líderes catalanes disimularon la traición posterior al 1-O consistió en pasear a las señoras y los hijos de los presos políticos por TV3 de una forma que, en aquellos tiempos, unos pocos denunciamos como pornográfica (ahora os dará vergüenza porque os habéis despertado de la alienación, pero os gustaba acusarnos de ser poco empáticos o, directamente, malas personas; no regrets at all, faltaría más). Soy muy malo con las previsiones, pero diría que la España progre ha quedado extasiada con la imagen de Sánchez besando a Begoña, un idilio que puede parecer calculado, pero que al menos resulta más chill que pensar en la invasión de Ceuta o la inflación de los precios.
Cuando Sánchez dice "te quiero" a su mujer, lo hace de la forma más bella (y narcisista) que puede expresarse un macho; a saber, diciéndole a Begoña que la necesita para seguir fundamentando su éxito
Pero esta imagen tiene una cierta dosis de profundidad porque, aunque un español de izquierdas se parezca a un español de derechas y blablablá, el agenciamiento entre Pedro y Begoña representa una historia de exitoso logro del poder por parte de dos personas ajenas a las élites castellanas de Madrit. Es normal que estas describan continuamente a Sánchez como un dictador psicópata y a Begoña como la hija posh de un empresario de saunas (por no decir de casas de putas, vaya), pues el ascenso de un matrimonio así representa la distorsión del prototipo de presidente que el bipartidismo español había imaginado para la España del futuro. Mirarse las cosas desde la estética no es nada frívolo y no es desacertado decir que el líder socialista todavía es de las pocas estampas que hacen de buen exportar al mundo (mirad la entrevista que le hizo Jon Stewart en su pódcast desde la ONU, con las guionistas del comediante haciendo guiños).
De hecho, cuando Sánchez dice "te quiero" a su mujer, lo hace de la forma más bella (y narcisista) que puede expresarse un macho; a saber, diciéndole a Begoña que la necesita para seguir fundamentando su éxito. Decía antes que no es ninguna casualidad que la mujer del presidente haya entrado en campaña para contrarrestar el presente marasmo de llamaradas europeo, porque mostrar la imagen de éxito y de prosperidad de una señora emancipada tiene mucho tirón, y si no me creéis, fijaos en la firmeza que supura Begoña, sobre todo si la comparamos con las chonis enriquecidas del Maresme que perrean bailando Jamaican. Es una lástima que los socialistas de Madrit, siempre dispuestos a robarnos, incluso nos tomen prestada la gracia que teníamos en el arte de criar señoras bien plantadas; no me extraña, en definitiva, que el presidente farde de dama, especialmente cuando sus camaradas políticos han quedado como unos auténticos ladrones.
Como pasó con el procés, Sánchez podrá acabar flotando dentro de su propio mar de sentimentalismo barato (recordad la entrevista de Jordi Basté a Carles Puigdemont de esta pasada semana, de una melindrosidad desbocada), pero tarde o temprano deberá demostrar que la democracia española ha superado el espíritu franquista del 155. El futuro es más interesante de lo que dicen los apocalípticos, pues si el independentismo despierta a través de los pocos márgenes que le han dejado los partidos, quizás tendrá fuerza para salvar al presidente español. Porque el enemigo del PSOE no es la ultraderecha, sino la pulsión antidemocrática de los señores feudales del Estado; y contra estos, solo sabemos luchar los catalanes. Yo te propongo un trato, Pedro: tú nos devuelves la dignidad del estilismo femenino... y nosotros te salvamos el culo y te ayudamos a matar a tus propios enemigos. Nos lo cobraremos más caro que el pobre Rufián, pero somos mucho más efectivos.