El mítico poema de Martí i Pol ha venido de repente, como el reflejo de una memoria lejana que desmiente el desánimo. Cada paso por el recorrido de la Diada es un verso que repica, un aliento, un recordatorio de la capacidad de este viejo pueblo de reinventarse después de cada revés. "Este rumor que se oye...", y llega gente de todas partes, las camisetas del "Som i Serem" tiñen de amarillo el paisaje, hay alegría, decisión, determinación. Todos nos sabemos desnortados, fragmentados, todavía enfadados, pero estamos aquí, un año más, refutando los malos augurios, invalidando las esperanzas de los que nos querrían definitivamente vencidos.

"Este rumor que se oye...", y la calle contradice el relato de un president impostado y enterrador que ofrece una Catalunya de "orden y calma" a sus amos, como tributo de la conquista. Pero el rumor transmuta las palabras: no es calma, señor Illa, es herida, y nos estamos curando. Y lo respiramos en el ambiente, estamos aquí, no nos hemos marchado, solo nos hemos replegado, como lo hemos hecho cada vez que la apisonadora de la historia nos intenta destruir. Pero sabemos reconstruirnos: tenemos memoria en la piel.

Todos nos sabemos desnortados, fragmentados, todavía enfadados, pero estamos aquí, un año más, refutando los malos augurios, invalidando las esperanzas de los que nos querrían definitivamente vencidos

"Este rumor que se oye...", tanta gente, mucha gente, la gente que ninguna otra causa reúne año tras año, a pesar de la seducción de un largo fin de semana, a pesar de las dificultades estructurales, los partidos confrontados, las entidades bajo mínimos, el líder en el exilio... y, sin embargo, el rumor... Es cierto que todavía hay muchos que se mantienen en la distancia, los errores acumulados, las luchas fratricidas, las traiciones, demasiada fatiga, demasiada decepción. Pero "este rumor que se oye"..., ¡sí!, devuelve la confianza, reúne las voluntades, calma los recelos. Y además, os habéis dado cuenta..., la juventud, más jóvenes que nunca, los nietos e hijos que vieron cómo apaleaban a sus abuelos y a sus padres, cómo se escurrían los sueños, cómo destruían las esperanzas. Lo vieron, lo vivieron, y ahora están ahí, como nunca los habíamos tenido, voluntades nuevas arraigadas en la densa historia de este pueblo nuestro. Ellos cosen de nuevo nuestras heridas, enmiendan nuestros errores, nos empujan a volver a levantarnos. Son el futuro, que se alza para desmentir las miserias del pasado.

"Este rumor que se oye...", llena de palabras los silencios, borra las sonrisas de los vencedores, desmiente a los ilusos, ignora a los indiferentes, devuelve el sentido de la lucha. Es un rumor que no sabe de estrategias, ni tiene liderazgos cerrados, ni un relato definido, es solo un murmullo creciente, un susurro, pero al prestar oído, es una sinfonía entera.

"Este rumor que se oye...", aunque es cierto que en los peores momentos, cuando nos sentimos fatigados, decepcionados, tal vez asustados, lo confundimos con un silencio, y creemos que todo ha terminado. Lo creemos, hasta que volvemos a escuchar y una Diada como la de este viernes nos recuerda que "sin embargo, el rumor persiste". Hagámoslo palabras, hagámoslo gritos, hagámoslo alegría, hagámoslo esperanza.