Si uno quisiera hacer una caricatura de Gabriel Rufián, recordaría su célebre frase "No hay plan B: estaremos 18 meses en el Congreso, ni un día más" escribiendo que quizás confundió las mensualidades con los años o quién sabe si podría hacer alguna bromita a raíz del famoso tuit "155 monedas de plata" en el que tildaba de botifler a un político que, al menos y a pesar de errores oceánicos, ha pagado su mala fortuna con el exilio. Pero todo esto no serviría de nada porque Rufián, como prácticamente toda la clase política catalana, solo tiene el valor del escarnio que sea capaz de integrar y, como ha quedado bien patente, el virrey de Esquerra en Madrit tiene un estómago con tanta capacidad como el de Junqueras. Esto también incluye el título de este artículo, al que el candidato republicano podría responder fácilmente diciendo que él, a diferencia del ínclito Josep Antoni, nunca ha protagonizado tramas como la del tres por ciento, etcétera y blablablá.
El político colomense tendría más razón que un santo... pero no por el hecho de que, de momento, pueda presumir de no haberse convertido nunca en un comisionista del poder central, sino porque, a diferencia del antiguo líder de Unió, Rufián ha perpetrado un delito mucho más peliagudo que jodernos el dinero, como es robarnos la ilusión y subsumir la emancipación nacional a la polla en vinagre esta de las luchas compartidas con Podemos y la izquierda radical de Galapagar. Que Rufián repetiría como cabeza de lista en el Congreso lo sabía todo el mundo, porque el mundo todavía tiene que parir un político de raza que renuncie a mantener el poder en un momento de popularidad. Si la crítica se basa en reprocharle que pacte antes con políticos españoles que con independentistas, él siempre podrá decir que prefiere una Catalunya dependiente con Irene Montero como socia que una liberada con Sílvia Orriols, el fascismo, su tía en moto y blablablá.
Rufián ha perpetrado un delito mucho más peliagudo que jodernos el dinero, como es robarnos la ilusión y subsumir la emancipación nacional a la polla en vinagre esta de las luchas compartidas con Podemos y la izquierda radical de Galapagar
En esta línea, entiendo que Esquerra haya aceptado que la formación pablista-leninista no pueda presentarse en Catalunya a cambio de que Rufián haga muchos bolos por el resto del Estado y así tocar a las masas que todavía lo consideran un político ajeno a la casta (nada les gustará más que alguien haga honor al clásico papel del catalán que, cuando vuelve al pueblo, esto de la nación española todavía le resulta simpático y todo), también porque así será más fácil evitar que alguien se trague mítines en Catalunya protagonizados por todos aquellos podemitas que hicieron grandes esfuerzos para desautorizar el referéndum del 1-O, supongo que por su condición de revuelta burguesa... Ya no estamos en los años noventa, cuando el catalanismo buscaba tener buenas relaciones con las élites de Madrid, porque ahora basta con tener buen rollo con la masa. Mientras Rufián se bañe en ello, Junqueras podrá seguir repartiendo las migajas autonómicas con el PSC y blablablá.
Yo recomendaría a mis compañeros de militancia independentista que no pierdan el tiempo vertiendo rabia contra Rufián i Lleida, porque si algo demuestra su existencia es la pobreza general de la sociedad española: antes, a la hora de comprar políticos catalanes, uno tenía que poner sobre la mesa una cantidad ingente de porcentajes y una presencia inaudita de nalgas en los consejos de administración. Pero la progresión de Gabriel nos ha demostrado que, con un mísero sueldo de portavoz en el Congreso, basta para pasar de llamar lerrouxistas a los podemitas y de recordar a la gente del PSOE "Iscariote" que "ustedes llevan cuarenta años dando una de cal y otra de arena" para abrazar a todo Dios, aunque sea para evitar la llegada de la derecha al poder. Su historia valdrá como experiencia y, en un futuro, tendremos que buscar líderes que lleguen a la política con el vestuario adquirido, la hucha hecha, y blablablá.
Aunque la victoria más importante del 29N seguirá siendo la de la abstención secesionista, supongo que a Rufián i Lleida le irá bastante bien, porque oponiéndose a un pato cojo como Junts per Catalunya (y recogiendo el voto catalanista que no puedan absorber Pedro Sánchez o Ada Colau; es decir, haciendo aquello tan convergente de crecer por eliminación) tendrá suficiente para flotar, seguir pagando la hipoteca y quién sabe si apuntalando la presidencia del PSOE. Evidentemente, todo esto no tiene nada que ver con luchar por la independencia, pero ya sabéis qué tipo de interés tiene la liberación de la tribu para toda esta gentecilla... y blablablá.