El motivo por el que la selección nacional de Catalunya no puede competir a nivel internacional es la selección española. Muy distinto al Reino Unido, un Estado con cuatro selecciones nacionales: Escocia, Gales, Irlanda del Norte e Inglaterra. Algunos dirán que esto se debe a que la fundación de la FIFA es posterior a la creación de sus respectivas federaciones y que no es lo habitual. Pues lo aplican en otros deportes de la misma manera y en otros hacen distintas combinaciones. Es una cuestión de voluntad y de asumir hechos que nunca cambian en la vida. No quiero entrar en ello. Solo me sirve para explicar que mucha gente que querríamos ver competir a nuestra selección nacional a nivel internacional, vemos a la española como el obstáculo.

No querer que España gane no es una cuestión de odio, ni de falta de solidaridad con los deportistas catalanes que participan en ella, ni falta de empatía con los jugadores de nuestro club —en mi caso, el Barça—, no. Es una cuestión política y de justicia. Precisamente, si en algún momento esa determinación política flaquea por simpatía con quienes están compitiendo, basta un minuto de celebraciones en la calle para ver claramente que esa celebración no tiene nada que ver con nosotros, al contrario. Porque es mucho más fácil imponer un Estado que modificar un sentimiento. Es más fácil prohibir una lengua que evitar que se hable. Es más fácil aplicar violencia institucional que merecer respeto. Y de eso alguien últimamente se ha olvidado.

Cuando la selección española juega partidos en campos españoles, estas cosas no pasan, ya que los españoles viven su selección con normalidad, no con mentalidad de colonizador

Hasta hace poco, la selección española de fútbol llevaba muchos años sin jugar en Barcelona. Últimamente, alguien ha pensado que sería una gran idea traerla dos veces en poco tiempo. Parece mentira cómo algunos se creen su propia propaganda. El fútbol es sentimiento. Es pasión por unos colores. Por tu club, por tu nación. Por mucho que impongan partidos de la selección española, el sentimiento de muchos catalanes no variará. Y no me refiero a un sentimiento necesariamente negativo. Mucha gente catalanista no tiene posiciones contrarias a la selección española tan claramente definidas como he descrito anteriormente. En la mayoría de los casos, pueden ser neutras, incluso positivas. Pero moderadas, íntimas. Muy lejos de ir a un partido. Y aquí radica el problema que algunos no quieren ver. Cuando fuerzas las cosas, no salen bien. Cuando impones partidos de España en Catalunya, el campo se te llena de fachas. No todos los que fueron al partido lo son, pero había muchos. Y esa gente no vive el hecho español desde la normalidad nacional. Cuando la selección española juega partidos en campos españoles, estas cosas no pasan, ya que los españoles viven su selección con normalidad, no con mentalidad de colonizador. Las muestras de racismo y de odio religioso que expresó una buena parte de la gente que asistió al campo del Espanyol para ver a la selección española responden a que quien expresa españolismo en Catalunya lo hace desde posturas radicales, a menudo fascistas, muy a menudo antidemocráticas y anticatalanas. Llenas de odio por sentirse minoría en una sociedad abierta, democrática, comprometida con la libertad y mayoritariamente catalanista. Qué gran idea traer a la Roja a Barcelona.

Hace unas décadas, cuando los grises sumaban porque veníamos del negro absoluto —ahora ya no estamos ahí—, algunos lo entendieron. Los medios hablaban de “La selección”, La Caixa patrocinaba “La selección” y la gente la seguía a su manera… pero no jugaba en Barcelona. Ahora estamos en una época de blanco o negro. Pueden prohibir que la selección catalana compita internacionalmente, pero no podrán imponer que vibremos con la Roja. Imponer la selección española en Barcelona y dejarla en manos de los fachas, ¡qué gran idea!