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Los catalanes nos reflexionamos encima día y noche. Cada día aparece una nueva oportunidad y razón para reflexionar y hacernos responsables de todo lo que ocurre. Desde el cambio climático hasta los atentados del 17A en Barcelona y Cambrils. ¿Por qué buscar al verdadero culpable de los atentados si los catalanes estamos dispuestos a reflexionar sobre lo que hemos hecho mal para que nos quieran matar y a asumir todas las culpas? Supongo que nos merecemos que atenten contra nuestras vidas por intentar salvar nuestra lengua y cultura y por ser racistas, fascistas, intolerantes, egoístas con las pobres células yihadistas.

También asumimos con humildad la responsabilidad de la invasión de Ceuta —por mucho que algunos quieran hacernos creer que no se calculó ni planeó nada y que más de 80.000 personas fueron allí el mismo día por pura casualidad—. Los catalanes deberíamos haberlo visto venir y detenerlo antes de que ocurriera el desastre. El pobre Pedro Sánchez tuvo que detener sus merecidas vacaciones por una simple invasión —que los catalanes podríamos haber evitado—. ¿Qué prisa tenían los ceutíes por resolver el conflicto? ¿No podían dejar que el presidente descansara unos días más? Reflexionando sobre ello profundamente, con la mano en el corazón y la mirada enfocada en el infinito, he llegado a la conclusión de que absolutamente todo fue por culpa de los catalanes. Lo de combinar tantos pronombres febles al día no podía terminar bien de ninguna manera. Es normal que, por un efecto rebote, se produjera la invasión y se desencadenaran las consecuencias posteriores (la interrupción de las vacaciones del presidente español, que lleva años priorizando el bienestar de los más desvalidos por encima de sus necesidades).

Menos mal que tenemos gente como el actor Enric Auquer, que nos hace reflexionar profundamente sobre nuestro papel en todas las tragedias y nos enseña a ser más humildes y a sentirnos un poco más culpables cada día

¿Y qué me decís de los pobres médicos que emigran de América Latina y nos hablan en castellano en los hospitales? ¿Qué culpa tienen de que en Catalunya se hable catalán? ¿Cómo podemos ser tan egoístas y narcisistas de obligar a un pobre médico que llega en avión a Catalunya y que va a tener un sueldo mucho más digno que la mayoría de los catalanes a hablar catalán? ¿Hemos perdido el juicio? Menos mal que viene a trabajar en Catalunya y cobra un sueldo más alto que el de su país de origen. Quizás antes de ofendernos porque un familiar nuestro pasa sus últimos días en un hospital atendido solo en castellano, deberíamos preguntarnos qué hemos hecho mal para que ahora se le exija a este pobre médico que hable nuestra lengua en nuestro país.

Menos mal que tenemos gente como el actor Enric Auquer, un maestro zen más iluminado que Vigo en Navidad o Las Vegas, que nos hace reflexionar profundamente sobre nuestro papel en todas las tragedias y nos enseña a ser más humildes (se ve que no basta con dejarse destruir la lengua y la cultura y entregar nuestra tierra a los recién llegados) y a sentirnos un poco más culpables cada día.

El pan con tomate ha oprimido muchas culturas. Y el alioli ha sido culpable de cosas mucho peores. ¿Por qué creéis, si no, que los pobres políticos (con un sueldo tan humilde que apenas pueden llegar a fin de mes) se han visto obligados a ser corruptos? Estoy segura de que, si en vez de comer alioli nos hubiéramos conformado con una mayonesa, nada de eso habría pasado. No podemos ir por la vida con esa actitud tan fanfarrona y egoísta. Si alguien intenta matarnos, lo mínimo que podemos hacer es preguntarnos qué le hemos hecho a esta persona para que haya llegado a la situación límite de querer matarnos. Yo creo que cada catalán debería pasar una temporada en prisión para entender mejor por qué la gente entra en nuestra casa para robarnos y darnos una paliza (como ya nos advirtió la concejala de Seguridad del Ayuntamiento de Vic, Elisabet Franquesa, la culpa es nuestra porque somos ricos, y ya se sabe qué pasa donde hay riqueza…). En fin, ya veis que tenemos mucho trabajo, catalanes. Aún tenemos que declararnos culpables de muchas desgracias para evitar que en un futuro un menor reincidente en libertad vigilada nos clave un cuchillo por nuestra culpa.