A quienes ya estamos en el circuito sanitario de colonoscopias preventivas y, por lo tanto, tenemos un poco de recorrido en esto de la observación de la política y la opinión pública, nos es un punto más fácil analizar situaciones de hoy con una simple comparación ucrónica de episodios vividos en el pasado. Me dejo de filosofadas baratas y voy directo al grano: ¿qué habría dicho el PSC si, cuando Felip Puig era conseller de Interior, los Mossos d’Esquadra se hubieran infiltrado en una asamblea de la USTEC en la que se preparaba una huelga contra la consellera de Educació, Irene Rigau? Con la simple proyección de la respuesta, que todos coincidimos en intuir cuál sería, ya hay buena parte del análisis hecho: lo que habría opinado el PSC entonces es seguramente lo que ahora resulta lógico exigir al actual Govern de la Generalitat. Y no hace falta añadir mucho más.

Sin embargo, el episodio de infiltración de dos agentes en la asamblea de la USTEC evidencia dos cosas más: la primera es que, desde el punto de vista estrictamente policial, es un fracaso operativo. La norma número uno del infiltrado es no ser detectado. Y en este caso, el pretendido espionaje no resistió ni el primer corte, el más elemental, el de pasar desapercibido en el medio que quieres espiar. Si, encima, la infiltración es en una simple reunión de docentes y no en una cumbre de capos de la mafia calabresa, la sensación de desasosiego aumenta. Pero la segunda cuestión que refleja la infiltración en la USTEC, y motivo de este artículo, es que confirma una cierta policialización de la política (es difícil de pronunciar, pero lo he escrito bien).

Hay situaciones, como la huelga de maestros o la conflictividad en los institutos, que no se resolverán solo con la presencia policial

Normalmente se ha hablado de la politización de la policía: en Catalunya tenemos el ejemplo del procés, de los atentados del 17 de agosto o de las intervenciones en desalojos, disturbios y otros. Y no solo en Catalunya: en España es eterna la disputa entre PP y PSOE sobre si determinadas operaciones se hacen para hundir a la otra formación, es decir, si las investigaciones policiales tienen un matiz más partidista que de prevención del delito. Ahora, sin embargo, el fenómeno es diferente. Es la policialización de la política: es decir, afrontar determinados problemas que solo tienen una resolución política (en el sentido amplio de la palabra) mediante un protagonismo policial.

La huelga de docentes no se resolverá con incursiones de secretas en las asambleas, sino con decisiones políticas que podrán gustar más o menos a las partes implicadas, pero se llegará a ello con un pacto final. Lo mismo ocurre con la presencia policial en los institutos: es evidente que en algunas situaciones extremas no habrá más remedio que la patrulla, pero la conflictividad alrededor de los centros se resuelve mucho antes de recurrir a la presencia policial y no solo con la presencia policial. Y una última reflexión: dado el descubrimiento de la infiltración policial en movimientos en conflicto abierto con el Govern, no cuesta mucho sospechar que este espionaje en reuniones internas se ha replicado en otros encuentros de colectivos descontentos con el Govern, como los médicos o los agricultores. Y tampoco cuesta imaginar qué habría dicho el PSC si, cuando estaba en la oposición, los Mossos d’Esquadra hubieran aparecido en institutos o en reuniones de colectivos del sector público descontentos con el Govern.