La independencia nacional sólo llegará por la vía democrática. Al respecto no parece que haya ningún tipo de duda entre la inmensa mayoría de la ciudadanía de este país.

También podremos convenir que una parte muy importante de las bases independentistas está convencida de que el primero de octubre hicimos el referéndum de autodeterminación y lo ganamos y que, a menos que haya un acuerdo con el estado español para hacer un referéndum de autodeterminación vinculante, no hay que volver a hacer ninguno otro.

El camino que tenemos por delante está muy claro: trabajar para instaurar la República proclamada el día 27 de octubre de 2017. Todos sabemos que eso es tan evidente como complejo, sobre todo si seguimos dejando la dirección de esta etapa del proceso de independencia en manos de la dirección de los partidos, que parecen no haber entendido nada de lo que pasó aquel otoño y que parecen más preocupados por ganar las próximas elecciones que por trabajar de forma eficiente por la independencia... y sin repetir errores.

Es evidente que cuando la ANC organizó la primera gran manifestación, el año 2012, cogió a todos los partidos independentistas con el pie cambiado. Desde entonces, son muchos los errores acumulados por la falta de acuerdo y de dirección compartida. Y parece que sigamos igual, como si nada hubiera pasado y lo único importante fuera ganar elecciones.

Mientras tanto, y casi por casualidad, han ido apareciendo iniciativas dispersas, ahora de unos, ahora de otros, que si las observamos sin gafas partidistas, permiten mirar el futuro con un moderado optimismo.

Ya sabemos que unos (ERC) participan en el Consell per la República para que no sea dicho que no están, u otros (CUP) ni participan o sólo lo hace una parte (Poble Lliure) y otros acaban aceptando participar en la mesa de "diálogo" con el Gobierno convencidos de que no servirá para nada, sin embargo, ¿y si fuera que una cosa y la otra pueden sumar e ir en la misma dirección?

Ya hace años que algunos nos estamos quedando sin voz reclamando que haya un plan estratégico conjunto de las fuerzas políticas y sociales del independentismo. Si hasta ahora era más que necesario, ahora ya es imprescindible. No podemos encarar las elecciones autonómicas con el único objetivo de ver cuál de las dos grandes fuerzas se vuelve mayoritaria, como si eso resolviera algo. La pugna parece que sea para ganar la hegemonía, que no quiere decir nada más que estar por encima de todos los otros. No parece lo más apropiado para el siglo XXI ni para el escenario político que tenemos.

Tal como hemos comprobado los últimos años, todas las elecciones enturbian el ambiente unos meses antes y unos después, y justo por eso no parece el mejor momento para alcanzar la unidad estratégica que sólo hemos conseguido en momentos muy puntuales durante los últimos años. Me temo que si esta vez no lo conseguimos, las elecciones nos harán más daño que bien. Pero si queremos, si los principales actores lo quieren, hay tiempo. Además, la convocatoria de elecciones depende, en última instancia, del president Torra.

Ya hace años que algunos nos estamos quedando sin voz reclamando que haya un plan estratégico conjunto de las fuerzas políticas y sociales del independentismo. No podemos encarar las elecciones autonómicas con el único objetivo de ver cuál de las dos grandes fuerzas se vuelve mayoritaria

La aparición de Independentistes d’Esquerra no es fruto de la casualidad. Las cosas pasan cuando tienen que pasar, cuando se dan las condiciones objetivas para que pasen. Y ahora se dan. No sé si todas, pero sí las suficientes. La distancia emocional de la gente con los partidos es cada vez más grande, más evidente. Los votamos porque no tenemos alternativa y no nos podemos permitir no votar. Los enfrentamientos entre ellos, en el Parlament y en los medios o son fruto de un infantilismo político iracundo o de un exceso de partidismo que esconde una extrema debilidad. Su fraccionamiento interno y el rumor de fondo, cada vez más fuerte en la parte que quiere ocupar el centro amplio, ponen en evidencia que este sistema de partidos hace tiempo que ha entrado en quiebra y que cualquier operación de maquillaje es una pérdida de tiempo y de energía.

Dicho esto, es evidente que Independentistes d’Esquerra no puede convertirse en un partido más, por muy nuevo e innovador que pueda acabar siendo. En este escenario, el objetivo sólo puede ser el de volver a coger los partidos con el pie cambiado y empujarlos a la constitución de un frente, un bloque, un movimiento unitario que sea el marco idóneo para acordar una estrategia compartida y, como resultado de este acuerdo, la constitución de una candidatura de país ―de unidad republicana― que dé un aire nuevo, una perspectiva de futuro, a lo que estamos haciendo. Una candidatura que no parta ni de cuotas preestablecidas ni de ningún otro vínculo que no sea con la gente y la firme voluntad de instaurar la República lo antes posible, haciendo las cosas tal como se tienen que hacer para conseguirlo. También por eso, o sobre todo por eso, hay que empezar por dotarnos de un plan estratégico compartido.

Sólo si se alcanza un acuerdo de estas características y ambición podremos pedir al president Puigdemont que actúe como el presidente de todos, como el presidente del Consell de la República, con plena libertad y sin ninguna vinculación partidista. La mutación de Consell per la República en Consell de la República, y todo lo que este cambio tiene que representar, tendría que ser fruto de este gran acuerdo estratégico del cual he hablado antes.

Seríamos ingenuos si lo dejamos aquí. Esta candidatura de país, con el apoyo del president Puigdemont, se tiene que constituir aunque algún partido se desmarque del acuerdo estratégico compartido, aunque sea diciendo que lo querrá una vez pasadas las elecciones. Unas elecciones que tenemos que convertir en una oportunidad y no en una amenaza.

Sólo con un acuerdo así podremos empezar a hablar del país que queremos, del país que el conjunto del independentismo propone a toda la ciudadanía, sin visiones hegemónicas pero con toda la voluntad de incorporar a todo el mundo en la construcción del nuevo país, de una nueva República al servicio de todo el mundo.

Es por todo eso que estoy ayudando a impulsar Independentistes d’Esquerra.

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