Una simple lectura a los dos autos de los dos casos que ahora mismo hacen temblar al PSOE, la Moncloa, y por extensión toda la política estatal, permite deducir cuáles pueden ser los próximos pasos de la justicia española. La experiencia adquirida en otras causas formalmente separadas y narrativamente unificadas, como las actuaciones contra el independentismo catalán, hace más fácil pronosticar por dónde irán los próximos movimientos. La principal incógnita es saber si, después de la declaración de José Luis Rodríguez Zapatero ante la Audiencia Nacional, el expresidente español será enviado a prisión de manera preventiva. De momento ya se ha programado que la declaración dure dos días, el 17 y 18 de junio, es decir, que se prevé un largo interrogatorio que durante 48 horas convertirá los exteriores del tribunal en un enorme plató de televisión.

Normalmente, la prisión preventiva se decreta para evitar la destrucción de pruebas, por riesgo de fuga del acusado o porque las penas de prisión a las que se enfrenta son muy elevadas. Ya se sabe que a la justicia española no le hacen falta grandes justificaciones para encarcelar políticos, pero a los jueces sí que les gusta vestirlo de unas explicaciones jurídicas más estéticas que otra cosa. En el caso de Zapatero, si les apetece, se lo pueden montar para argumentar cualquiera de los tres motivos (riesgo de fuga, destrucción de pruebas o previsión de penas altas), pero el más objetivo de todos será el tercero, porque actualmente el exlíder del PSOE está acusado de pertenencia a organización criminal, tráfico de influencias, apropiación indebida, falsedad documental y blanqueo de capitales. La suma de las penas medias de estos cinco delitos alcanza los 25 años de prisión.

Igual que con ETA o con el independentismo, todo se encamina ahora a una causa general contra el PSOE

En cuanto a Pedro Sánchez, es muy significativa también la resolución que ha escrito esta semana el juez que hizo entrar a la UCO en la sede del PSOE. En este caso, describe perfectamente un entramado orquestado desde el aparato socialista para frenar la máquina del fango, aquella fórmula que usó el presidente español para definir el método judicial, policial, político y mediático que servía para manchar, erosionar y destruir la imagen de cualquier cargo que se le pusiera por delante. Ante esto, dice el juez del caso Leire, el PSOE se inventó un ingenio a la contra: un sistema para hundir a aquellos que acusaban a los socialistas, ya fueran jueces, fiscales o guardias civiles. Una de las muchas claves del escrito es que el juez fija el momento cero de este entramado socialista durante los cinco días de reflexión que Pedro Sánchez se tomó en abril de 2024.

El texto insinúa que, más que hacer yoga o meditación, el presidente español usó aquellos días para diseñar, junto con Santos Cerdán, esta operación de contraataque. Es evidente, pues, que el siguiente episodio de esta serie es la imputación de Pedro Sánchez. Y el agravamiento supremo llegará cuando, tal como pasó con ETA y el independentismo, se llegue a la conclusión de que todas las causas separadas en realidad hacen una sola. La famosa doctrina “todo es ETA permitió actuar contra Herri Batasuna, el diario Egin e incluso las plataformas de la lengua euskera. En Catalunya, el juicio del procés conglomeró cualquier acción política que tuviera que ver con el independentismo. Y todo ello con el objetivo de sumar penas. La nebulosa formada por Begoña Gómez, el rescate de Plus Ultra, José Luis Rodríguez Zapatero, Koldo, Ábalos, Santos Cerdán, las mascarillas y tutti quanti desembocará en el señalamiento de una trama que no diferenciará hechos delictivos reales con indicios ideológicos y a la cabeza de la cual estará Pedro Sánchez.

La situación política en España, pues, solo empeorará, porque es muy posible que en las próximas semanas o meses haya un expresidente español encarcelado y el actual imputado. Será entonces cuando implosionará la mayor de las crisis del Estado español con un poder judicial que habrá tomado las riendas por encima del ejecutivo y de un legislativo que hace tiempo que ha perdido capacidad de decisión (aprobó una ley de amnistía que, lisa y llanamente, no se ha aplicado). Y será entonces cuando el catalanismo (después de haberle reprochado al PSOE los versos de Martin Niemöller que hablan del hecho de que primero fueron a buscar a los comunistas, después a los judíos y al final no quedaba nadie...) tendrá una nueva oportunidad para lanzar una nueva estrategia para resolver el conflicto político. Porque de lo que no hay duda es que en España habrá un cambio de paradigma de primer orden.