"Hay imbéciles en un extremo y cabezas de chorlito en el otro, pero el gran contingente humano que se encuentra entre uno y otro es sensato y prudente"
Winston Churchill
La noticia no es que decaiga un decreto impulsado por comunistas y populistas de izquierda que afecta a la forma de entender la propiedad privada; la noticia es que, siendo mayoría en el Parlamento los que no están dispuestos a apoyarlo, ni a apoyar nada que venga del Gobierno, este siga gobernando. Al plante de una absoluta dureza de Junts, al que no han querido hacer mucho caso, como si se hubieran acostumbrado —"¿Qué argumento democrático le queda para no convocar elecciones?", Nogueras clama—, se le ha unido el encogimiento de hombros inicial y luego el cabreo del PNV.
El Parlamento español es una cámara esquizoide. No hay manual de parlamentarismo democrático que te explique cómo la oposición de derechas y la liberal conservadora tienen la facultad no solo de parar cualquier iniciativa, sino incluso de sacar adelante otras, y aun así el presidente sin apoyos, que no ganó las elecciones, consiga mantenerse en el poder hasta sin presupuestos. Es de locos. La disociación patológica es aún mayor: existe división dentro del Gobierno coaligado, que ya no ligado; división en la gobernanza del País Vasco entre las dos fuerzas pactantes y en la propia izquierda radical, que ya no termina de saber ni quién les dirige, ni a quién representan, ni cómo se presentan.
El decreto de los alquileres —de suma urgencia y necesidad— ha sido la gota que ha colmado el vaso. Las prisas son tantas y tan apremiantes que se llevan tomando las mismas medidas desde la pandemia. A eso hemos de añadir la trampa urdida por Sumar, que se ha hecho a la vista de todos. Sumar es libre de considerar que la mejor solución al, sin duda, grave problema de vivienda es hacer recaer el peso de la medida sobre los propietarios, a los que despersonaliza englobándoles como "rentistas" o "fondos buitre", a la par que se niega a asumir que, si la población ha crecido exponencialmente, no queda otra que reactivar la construcción. Eso no, dicen con firme convicción ideológica, porque sería construir para que lo sigan acaparando los mismos. Sin duda, ustedes tienen ya suficientes argumentos para rebatir tal simpleza.
El Parlamento español es una cámara esquizoide: un presidente sin apoyos, que no ganó las elecciones, consigue mantenerse en el poder hasta sin presupuestos
Lo que no pueden pretender es forzar que esas políticas, propias de quien en realidad cree que la propiedad privada debe ser limitada, sean asumidas por todo el espectro parlamentario, siendo como son minoritarias. A priori, porque ni siquiera el PSOE estaba muy por la labor de sacar adelante de nuevo una norma de este tipo, así que, de forma inaudita, los ministros de la izquierda radical le hicieron un plante a su presidente a la hora de entrar en el Consejo. Con este primer chantaje lograron que se aprobara y entrara en vigor algo que, ya se sabía, no pasaría el filtro de la voluntad popular. Había pasado la voluntad de Yolanda; que más daba lo demás. No contentos con esa forma de imponer su mandato minoritario, pusieron a sus voceros —lo que incluye a Rufián— como comerciales del burofax que, supuestamente, iba a conseguir que cuando el decreto quedara derogado, su efecto se prolongara durante dos años. Una forma de meter en pleitos a la peña que veremos dónde acaba. Hay que ser poco demócrata para intentar esa jugada. Después venía conseguir que dos grupos conservadores nacionalistas, con otra visión diferente y con votantes que piden otras cosas, les apoyaran en el Parlamento a como diera lugar. Si persistían en el no, a los de Junts los insultaban diciéndoles racistas y clasistas, mientras que, por la abstención, a los del PNV, socios del gobierno vasco, les han insultado con un meme ridiculizando a su jefe de filas y dándoles caña política. Un plan sin fisuras. Eso no es parlamentarismo, eso es matonismo.
Y para rematar la faena, el propio Sánchez, presidente por inconsistente, ha salido a manifestar que, ante el grave problema que supone la vivienda en nuestro país: "El dilema es intervenir el mercado o mirar para otro lado". Debemos suponer que estos últimos ocho años él lo ha resuelto aplicando el segundo de los cuernos del dilema, y ahora, como le aprietan, insiste en que solo una solución de izquierda radical es posible. Intervenir los mercados está dando resultados nefastos; no queda sino gritárselo. El problema de la vivienda es el gran problema, la madre de los problemas, la desesperanza de los jóvenes y la ruina de las familias, y en estos ocho años no han encontrado un momento para sentarse con la oposición y con los territorios, que tienen competencias, para un gran pacto de largo alcance. ¿Para qué pactar si puedes decretar en vano?
Lo esquizoide del Parlamento no logra salvar las enormes zanjas que se han cavado entre formaciones centrales y nacionalistas, que, en el fondo y en la superficie, tienen mucho en común en cuanto a la extracción de su electorado, sus intereses y las soluciones que proponen. Mientras la insania siga campando en los escaños, Sánchez seguirá tramando. Todo debería ser mucho más sencillo, puesto que entre los imbéciles de un extremo y los cabezas de chorlito del otro debería primar el gran contingente humano que, entre ambos y de forma sensata, apuesta por soluciones, gestión, democracia y respeto mutuo.
