Una de las constantes de la política española —que se hace extensiva a la catalana— es que las decisiones más polémicas —y/o regresivas— en términos de libertades acostumbran a tomarse cuando el PSOE está en el poder. Esto no quiere decir que el PP sea un santo —al contrario—, pero es un hecho que la izquierda se puede permitir decisiones impopulares y a menudo represivas con más tolerancia ciudadana.

De esto sabemos mucho en Catalunya, no en vano, si bien el PP ha sido muy ruidoso contra los derechos catalanes, es el PSOE quien más los ha recortado cuando ha gobernado. Y, no lo olvidemos, ha gobernado España muchos más años que el PP. Como recordatorio, la LOAPA, la ley de costas, la ley Corcuera, los múltiples recursos que caparon la Ley de Normalización Lingüística, la “cepillada” que sufrió el Estatut catalán bajo la tutela de Alfonso Guerra, la famosa LOSEN, que centralizó todo el sistema eléctrico, la desaparición de FECSA en favor de ENDESA, y un número sin fin de recursos, leyes, decretos y dispositivos que fueron limando la escasa soberanía catalana. Y todo mientras consolidaban la estafa en déficit fiscal y en materia inversora. La cuestión, pues, no es si el PSOE ha hecho daño a los intereses catalanes, porque lo ha hecho y mucho. La cuestión es que sale con menos ruido y más impunidad. La izquierda siempre tiene mucha más bula que la derecha, probablemente porque domina el activismo político.

Ahora tenemos el último ejemplo con la delirante cuestión de los Mossos d'Esquadra. ¿Podemos imaginar el enorme jaleo que se habría montado si hubiera sido el PP quien hubiera tenido la peregrina idea de enviar policía a controlar asambleas sindicales? ¿Lo imaginamos si la idea hubiera sido de la vieja CiU o de Junts? Es perfectamente imaginable el número de improperios que saldrían de la boca de los prohombres socialistas, blandiendo las clásicas banderas contra el recorte de derechos, la represión y el autoritarismo. Pero lo hacen los socialistas y la evidente agresión contra un derecho básico se transforma, por obra y gracia del santo progresismo, en una decisión responsable. Estos días ha sido especialmente vomitivo escuchar los intentos de justificación del Govern por haber enviado mossos a la asamblea de docentes, en un torpe intento de control del derecho a la protesta. Lo mismo se puede decir del intento de vender la idea de que enviar policía a las escuelas era algo razonable.

La orilla izquierda acumula una tradición secular en el arte de la represión, la propaganda y el control de masas. Y, si bien a menudo lo hace con más sutileza, no es nuevo lo que ha pasado en Catalunya

Estas mismas palabras en boca de partidos derechistas habrían parecido lo que son, una demagogia pestilente que intenta camuflar un gesto autoritario. Pero las profiere la izquierda irredenta, y se nos cae encima todo el diccionario de la demagogia. La prueba es la reacción con sordina de ERC, Comuns y CUP, con muchos aspavientos de cara a la galería y ninguna exigencia contundente. ¿Pedir la cabeza de Trapero? Fácil, muy fácil, no en vano no pone en riesgo el Govern. ¿Por qué no disparan a las conselleres responsables del disparate? Tendría más sentido político y sería más creíble, pero entre bomberos no se pisan la manguera, sobre todo con el pacto de cargos que se han repartido.

El error es creer que el instinto autoritario y el deseo de control de la disidencia es propio de una sola orilla ideológica. Muy al contrario, la orilla izquierda acumula una tradición secular en el arte de la represión, la propaganda y el control de masas. Y, si bien a menudo lo hace con más sutileza, no es nuevo lo que ha pasado en Catalunya. No es nuevo, pero es muy grave y debería ser inadmisible. Y la responsabilidad directa es de los Departaments implicados, Enseñanza e Interior, y no de los subalternos. Han actuado con criterios de poder invasivo y autocrático, y no con criterios democráticos, y todo lo que puedan decir para justificarlo es pura basura.

Lo peor de esta mala actuación política es que incide en un colectivo sensible y en un aspecto social de enorme importancia para la salud de una sociedad: la educación. El Govern no lo ha podido hacer peor: despreció al sindicato mayoritario, firmó un simulacro de pacto con los sindicatos amigos, ha dejado que el problema se pudra y, cuando los maestros no pueden más, envía a la policía a espiarlos. No es Corea del Norte. Es la Catalunya de Salvador Illa.

Y de Junqueras, que lo ha hecho y lo mantiene president.