"Una mano quemada es el mejor maestro. Luego, cualquier advertencia sobre el fuego llega directa al corazón"
J. R. R. Tolkien
Nos hacemos de nuevas cuando ya nos advirtieron. O nos advierten y no somos capaces de detectar lo que nos dijeron cuando lo tenemos ante las narices. Contribuye también que tendamos a confundir el vector con los objetivos, los beneficiados con el origen. Eso exactamente es lo que está sucediendo con los extraños episodios de violencia gratuita, saqueo y pillaje que hemos comenzado a sufrir en Barcelona, en Bilbao y que, nos amenazan, pueden extenderse y amplificarse. Nos lo advirtieron. No sé por qué no somos capaces de unir la línea de puntos.
"La confianza en los procesos electorales es la piedra angular de nuestras democracias. Las crecientes amenazas de injerencias extranjeras y de intervenciones disruptivas en los debates públicos durante citas electorales clave suponen un desafío directo a nuestra estabilidad y soberanía". Doce países, entre los que se encontraba España, le pedían ya el año pasado a la Comisión Europea que preservara de injerencias extranjeras el ciclo electoral que se avecinaba y que en España, por adelantamiento, es ya inminente. Lo hicieron por carta y lo han hecho líderes italianos, franceses, estonios, húngaros, eslovenos y de otros países europeos. Había perfecta consciencia de que fuerzas externas podían intentar desestabilizar las democracias europeas mediante ataques de índole híbrida.
Así que estábamos avisados; lo que no sé es si esperábamos que las injerencias se produjeran bajo aviso expreso de que nos estaban troleando y, por eso, cuando nos lo hacen ante las narices, no somos capaces de verlo. O no queremos. Lo que ha sucedido en Barcelona —los propios Mossos lo dicen— es distinto a todo lo que en materia de alteraciones del orden público se había visto hasta ahora. Nos explican que los fallos en la contención y en la respuesta tienen que ver con dinámicas que no son las habituales. Los violentos y los disruptores no son los sospechosos habituales. ¿Qué podríamos pensar cuando esto no ha sucedido en años y justo se produce ahora, a un mes y poco de unas elecciones generales? No tengo yo elementos para saber si son los rusos o la madre que los parió, pero sí para entender que alguien quiere añadir un elemento disruptor nuevo al debate electoral justo en el momento preciso.
Que ahora todos se aprestan a culpabilizar al contrario —Rufián a la ultraderecha, Feijóo a la izquierda radical y los demás a quien toque, según su propio saber y entender—, pero que este efecto, el de la disputa política sobre la autoría de la violencia, puede ser precisamente el efecto buscado por los enredadores. Hasta el momento, todo el que la ha liado lo ha reivindicado: lo mismo los atentados mortales que los radicales independentistas, los antifascistas, hasta los antiglobalización nos dejaban claro que su lucha contra el sistema tenía firma. Ahora tenemos que lidiar con lo contrario, con chavales y niños desideologizados que no quieren firmar ni pueden con ninguna reivindicación actos puramente vandálicos y desestabilizadores.
Dejemos de pensar que los cuentos de espías, de guerras híbridas, de acciones extranjeras son cuentos de viejas. No lo son. Son la nueva normalidad, como nos decían tras la pandemia
Algo totalmente diferente a lo sucedido en Francia, puesto que no hay conflicto real ni sustrato reivindicativo que sostenga una llamada de puro saqueo y destrucción. Apenas unas consignas copiadas de Francia para sacar embozados a robar bienes de lujo y a destrozar sin más. Se trata meramente del vector. Una cosa son los efectos que se derivan o que se buscan, otra el origen real de la desestabilización y una tercera, la que ahora nos ocupa, el vector utilizado para llevarla a cabo. En mi opinión, los chavales de origen magrebí de segunda o tercera generación o los desestructurados o los desencantados —las policías acabarán por darnos el perfil— son tan instrumentos de otras fuerzas como los marroquíes que invadieron Ceuta lo fueron de los elementos políticos de su país que buscaban violentar una frontera o poner en jaque a un gobierno. Por eso es absurdo buscar respuestas exclusivamente en los manejados, los instrumentalizados, los utilizados, los mediatizados. Podemos hacerlo en términos de orden público y judiciales, cómo no, pero nos engañaremos si nos vamos un poco más allá.
Expertos nos hablan del sistema utilizado en redes, de la instigación, de la redirección a otros grupos en los que se les instruyó en verdadera guerrilla urbana, y es necesario hacerlo. Mucho más importante es preguntarnos quién pudo hacerlo, porque el para qué lo tenemos claro a la vista de las consecuencias. ¿Quién puede llamar a la guerrilla urbana en Bilbao poniendo en el cartel, a la par, una ikurriña y una bandera española? ¿Quién puede utilizar redes abandonadas por los independentistas para llamar a una violencia gratuita que siempre le fue ajena al movimiento? Yo diría que gente que sabe cosas, no todas, y que toca de oídas. Probablemente extranjeros.
No, yo no creo que justo ahora se haya levantado un movimiento reivindicativo violento a la par y de forma espontánea en diversos países de Europa. No, yo no creo que haya políticos que concurran al 29N tan imbéciles como para pensar que este tipo de acciones pueden ayudarles y que no se acabarán volviendo en contra. Eso sí, vemos que tienen beneficiarios claros, porque pueden llevar a muchos a meter la papeleta de la seguridad y el orden. Eso no significa tampoco que los partidos beneficiados o los aparentemente responsables lo sean. Por eso es importante que todos lo condenen y trabajen para que podamos acudir a las urnas con la calma democrática necesaria.
Y dejemos de pensar que los cuentos de espías, de guerras híbridas, de acciones extranjeras son cuentos de viejas. No lo son. Son la nueva normalidad, como nos decían tras la pandemia. Así que si hay países interesados en que los europeos nos enfrentemos, nos peleemos, dejemos de creer en nuestras urnas, no desestimemos ni su inteligencia ni su habilidad para conseguirlo.
Nos lo advirtieron.