¿Para qué sirve hoy el voto útil? ¿Dónde está y quién lo abandera? Estas elecciones provocarán un cambio tectónico en la izquierda, en el PSOE y en la configuración del nuevo Gobierno que alumbra en sintonía con la derecha radical europea. Hay muchas peculiaridades en estas generales, una de las más llamativas es la orfandad del voto útil en una cita de aparente cambio de ciclo. Cada partido ya está en su trinchera, con las listas aprobadas y las coaliciones definidas. PSOE y VOX son los partidos que más energía electoral movilizan, cada uno ampliando espacio a su favor. Mientras el PP, llamado a gobernar, no consigue moverse.

Vox gana espacio electoral sin concretar su programa, mientras el PP no consigue capitalizar las contradicciones de Sánchez ni Abascal. Es cierto que VOX es incapaz de hacer campaña en lo programático. Solo gana subido al momento ultraderecha, sin entrar en medidas ni programa. No va a las propuestas porque tienen un coste electoral. La prioridad nacional, el bulo del fraude o la cartera de desregularización son conceptos abstractos que le permiten eludir el debate económico y explicar cómo sostendría el Estado de bienestar sin recortes. Las pensiones lo ilustran. Feijóo tuvo que desmentir a su portavoz, Ester Muñoz, tras afirmar que el sistema "va a petar". VOX ha ido más lejos y ha desautorizado a José María Figaredo, defensor de un modelo mixto orientado a la privatización frente a un sistema "zombi". "VOX jamás ha dicho que va a privatizar las pensiones. VOX quiere que se mantenga el sistema público y se pague como sea", sostiene ahora Abascal enmendando a Figaredo.

Sabedor de que la inercia electoral le favorece, VOX está haciendo la envolvente al PP. Le ofrece un frente común en el Senado o hace pública la designación de Montse Lluis como interlocutora para negociar una futura coalición con Feijóo. Son movimientos que evidencian cuánto se ha alejado el PP de la ambición del 23J, cuando aspiraba a gobernar en solitario con 160 escaños; o de la estrategia en Andalucía de Juanma Moreno de concentrar el voto para evitar a VOX. Al dar por hecha la coalición, como hace Feijóo al afirmar que "un Gobierno con VOX puede funcionar", el líder popular renuncia a marcar distancias con Abascal. A remolque de una estrategia diseñada por VOX para condicionar su margen de maniobra y elevar el precio de una futura alianza.

El PP ha dejado de aspirar a construir una alternativa de gobierno en solitario. El mayor error de Feijóo es renunciar al voto útil y competir con VOX por el mismo electorado. Le está ahorrando a Abascal la desdiabolización que Marine Le Pen ha hecho en solitario

El PP ha dejado de aspirar a construir una alternativa de gobierno en solitario. El mayor error de Feijóo es renunciar al voto útil y competir con VOX por el mismo electorado. Le está ahorrando a Abascal la desdiabolización que Marine Le Pen ha hecho en solitario. Las encuestas confirman que esta estrategia no frena la transferencia de votantes del PP a la ultraderecha. De hecho, el trasvase del PP a VOX supera al del PSOE al PP en todas las casas de encuestas. En unas elecciones de cambio de ciclo, los populares necesitan algo más que retener a su derecha. Tienen más margen si atraen a antiguos votantes socialistas que opten por la abstención y movilizan al votante de centro liberal que quiere cambio. 

Y luego está la izquierda, macronizada por Pedro Sánchez. El Frente Amplio en alianza con el PSOE en el Senado amplía las posibilidades de mayoría, una unión que Abascal trata de copiar buscando fórmulas con el PP. Esa lógica de unidad contrasta con la ruptura irreversible entre Podemos y el Frente Amplio. El resultado es un mapa de restos en el que cada formación aspira a maximizar lo suyo. Podemos a ser el partido de la izquierda con más representación. ¿Cuánto? De dos a cinco escaños. Su mejor escenario son dos diputados en Catalunya, uno en Alacant y dos en Madrid, además de disputar un escaño en Canarias. Por separado, Comunes, Más Madrid e IU podrían sumar entre dos y cuatro representantes, calculan. Es decir, el éxito pasa por que el resto saque menos de cinco escaños. La balcanización absoluta como exponente del fracaso de lo que fue bloque de la nueva izquierda. Sevilla ilustra el problema: habrá cuatro papeletas —Adelante Andalucía, Podemos, Frente Amplio y PSOE— y cada escaño exige en torno al 8 % de los votos. "Es terrible, pero ya está. Lo que no tiene solución no tiene arreglo", sentenciaba Pablo Iglesias este lunes en RNE.

El "beso de Fuenlabrada" de Pedro Sánchez con Begoña Gómez anticipa una campaña personalista, donde el PSOE concentra todo en el líder. El paso de "La fuerza de la gente" a "La fuerza del amor" sintetiza esa apuesta por convertir las elecciones en un plebiscito sobre Sánchez, no ausente de riesgos. El principal objetivo del PSOE, es decir, de Sánchez, es ser la lista más votada y ganar a Feijóo. Si las encuestadoras consolidan la posibilidad del sorpasso al PP, se recrudecerán los ataques. Los explícitos y los que discurren por corrientes más profundas. Quedan 40 días para votar y los frentes ya están definidos en la campaña más emocional que se recuerda.