El Holocausto Gitano no está reconocido como tal. Pero no es necesario sólo un reconocimiento institucional para dar fe de una realidad: fueron 500.000 las personas gitanas asesinadas en la Europa ocupada por los nazis. El 2 de agosto de este año se han cumplido 75 años de aquel funesto momento en que en Alemania exterminaron el último de ellos. La comisaria de Justicia e Igualdad de Género de la UE, Věra Jourová, se ha unido a la conmemoración del aniversario de la exterminación en el campo de concentración de Auschwitz-Birkenau. Sólo aquella noche murieron más de 3.000 personas gitanas en las cámaras de gas. El odio racial, la no discriminación y la integración, hoy, 75 días después, siguen siendo una cuestión pendiente. Europa no olvida, pero Europa no aprende. Estamos hablando de la minoría más numerosa en Europa, una minoría que ha sido despreciada y perseguida desde hace mucho tiempo. La Comunidad de Santo Egidio, que entre sus áreas de acción está muy implicada con este colectivo, ha colocado una lápida en Auschwitz para honrar a estas víctimas de lo que denominan el "nazifascismo".

Europa no olvida, pero Europa no aprende

La presencia gitana en lo que sería España fecha de 1415. Este pueblo rom, itinerante por naturaleza y por cultura, se define como una comunidad que proviene de la India, que hace seis siglos que está entre nosotros, y que tiene como rasgo vital "la alegría de vivir". Sorprende que tengan que explicitar en su web que los gitanos y las gitanas son ciudadanos de pleno derecho, en España y en la Unión Europea, que poseen rasgos culturales propios y comparten una identidad común que les es propia y que no resta nada a su ciudadanía. La ciudadanía es variada, y aunque incomode a algunos, no hay ciudadanía de primera ni de segunda.

Las palabras, las conmemoraciones, el recuerdo y las placas son necesarias. Pueden ayudar a activar comportamientos más inclusivos y ser un contraste con la difusión todavía de expresiones y maneras de hacer discriminatorias. La ciudadanía es un concepto secuestrado por algunos sectores ideológicos y visto con sospecha por otros. Sin una reflexión sobre qué es ser ciudadano, seguiremos estigmatizando colectivos y seguirá sobrevolándonos la sombra de los neofascismos exterminadores. No es una novela de miedo, es nuestra historia reciente.

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