La arboterapia es una técnica que preconiza la bondad de abrazar a los árboles para extraer beneficios. Los árboles son agradecidos y sueltan una energía positiva más conveniente que muchos medicamentos, explican los expertos. Disponer de espacios verdes, beneficiarse más de la naturaleza que del asfalto, contemplar plantas, árboles y flores, y no muros de color gris, respirar bien... No son solo consejos de salud sino también recomendaciones espirituales. Son muchas las corrientes espirituales que ven un vínculo entre naturaleza y fe. O que simplemente reivindican una aproximación o un retorno a la naturaleza para contrarrestar la vorágine urbana y cosmopolita que ha engullido no solo nuestro ritmo vital sino que ha embrutecido nuestro panorama y ecosistema. Raimon Panikkar, en un artículo recogido en Panikkar per Panikkar. Antologia elaborada per l'autor (Fragmenta Editorial) contrapone técnica con naturaleza. Con la técnica, escribe el filósofo de padre hindú y madre catalana, el hombre "pierde su ritmo e impone ritmos vertiginosos a la naturaleza". Con la técnica, el hombre deja de ser espectador pasivo del universo para convertirse en actor. El activismo es una enfermedad de nuestro siglo porque ha encontrado el terreno favorable como reacción al estatismo esencialista. La técnica, por lo tanto, distancia al hombre de la naturaleza, un hombre que se creía que era el rey de la naturaleza, el centro del universo. Panikkar, con aquella "inteligencia suya eléctrica", como dijo el presidente Torra en el acto de clausura del Año Panikkar en el Palau de la Generalitat, escribe que "el universo sin el hombre está perdido, así como el hombre sin universo se pierde".

Desde una perspectiva que parte de la geografía, Josep Gordi, profesor en la Universidad de Girona, defiende en Volver a la naturaleza que espiritualidad y naturaleza están intrínsecamente vinculadas. Para él, los valores de la naturaleza se dividen en dos grupos: los materiales o tangibles y los inmateriales. El primer grupo agrupa las funciones productivas, ambientales y socioculturales. El segundo, los vínculos espirituales y emocionales que la población establece con el entorno natural. La naturaleza como lugar, pero también la naturaleza como necesidad y como respuesta a un antropocentrismo desmesurado.

El cristianismo, y no solo san Francisco, se ha interesado teológicamente y pastoralmente por la naturaleza. El patriarca de Constantinopla, Bartolomé, es considerado el mayor líder ortodoxo mundial preocupado por el medio ambiente, y de hecho le llaman "el papa verde". En Ginebra, el Consejo Mundial de las Iglesias (grupo de más de 300 iglesias cristianas) hace años que reflexiona entre el vínculo entre justicia, paz y lo que llaman "integración de la creación". Existe la Red Ecuménica del Agua, una campaña para la justicia climática y un proyecto denominado Pobreza, Riqueza y Ecología. En Catalunya, el Centro de Estudios Cristianismo y Justicia ha publicado varios cuadernos sobre justicia social y ecología y proliferan en el mundo cátedras, estudios y grupos que trabajan en estas cuestiones.

El activismo es una enfermedad de nuestro siglo porque ha encontrado el terreno favorable como reacción al estatismo esencialista

Eco proviene del griego oikos, que significa casa y es parte de la etimología de economía y de ecología, como también de ecumenismo. Al establecer vínculos entre problemas medioambientales y justicia social, el enfoque de la justicia ecológica (ecojusticia) hace frente a los abusos de los poderes políticos y económicos que hacen que los más pobres sufran los efectos de la degradación del medio ambiente.

Los papas han mencionado la necesidad de cuidar la creación (los cristianos hablan más de creación que de naturaleza, pero también se utiliza el concepto naturaleza y ecología) y ya Pablo VI dijo que la humanidad empieza a darse cuenta de que no se pueden seguir utilizando las riquezas de la tierra tal como las hemos estado utilizando en el pasado. El papa Francisco en su segunda encíclica Laudato Si' critica un desarrollo irresponsable, y hace un llamamiento para hacer "una reacción global" para combatir la degradación medioambiental, el cambio climático y el cuidado de la "casa de todos".

Todos necesitamos más a la naturaleza y esta necesita que los humanos no la explotemos. Los influencers como el modelo Jon Kortajarena se hacen portavoces de causas como el exceso de plásticos en los océanos.

Para poder abrazar árboles primero hace falta que haya árboles. Y las perspectivas, si no hay un cambio de mentalidad, empiezan a ser preocupantes.

Míriam Díez
Opinión Luces intermitentes en el Vaticano Míriam Díez