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ERC tiene mala pieza en el telar (Tenir mala peça al teler es una frase hecha catalana que significa 'Encontrarse en una situación difícil'). No es de ahora ni es el único que la tiene. Desde 2017, los partidos soberanistas que se hacían llamar independentistas, y que todavía ahora tienen la cara de hacerse llamar así, están en caída libre. Todos sin excepción, pero la formación de Oriol Junqueras es la que tiene más números de ganar la carrera, al menos a la vista de unos movimientos, en especial los últimos, que la única sensación que transmiten es la de haber perdido el norte. Así es como afronta el partido el nuevo ciclo electoral, que empieza de aquí a un año, en 2027, primero con las elecciones municipales y después con las elecciones españolas; que proseguirá en 2028 con las elecciones catalanas, y que se cerrará en 2029 con las elecciones europeas. Eso si el año que resta de legislatura en España no acaba abruptamente antes de tiempo a raíz del cerco judicial que cada vez se estrecha más en torno a Pedro Sánchez. Y es que la mala pieza en el telar también la tienen el PSOE e incluso JxCat, que, conjuntamente con ERC, están abocados a tener, durante este tiempo, una relación que promete ser tormentosa.

JxCat y ERC tuvieron la llave para entronizar a Pedro Sánchez en la Moncloa y ahora la tienen para echarlo

El caso es que JxCat y ERC tuvieron la llave para entronizar a Pedro Sánchez en la Moncloa y ahora la tienen para echarlo. Pero con una diferencia sustancial: la única posibilidad real de hacerlo caer en estos momentos pasa por una moción de censura patrocinada por el PP y Vox, e ir de la mano con la extrema derecha de Vox es justamente el límite que no se pueden permitir cruzar. Ante esto, cada uno tiene su estrategia. Los de Carles Puigdemont, que en realidad hace tiempo que partieron peras con el PSOE, querrían que fuera el propio Pedro Sánchez quien tomara la iniciativa y adelantara las elecciones, y de hecho explícitamente así se lo han pedido, pero, si no lo hace, en ningún caso prevén añadirse, cuando menos por ahora, al clamor de Alberto Núñez Feijóo y a la moción de censura para la que los números no le cuadran. Es una posición más parecida a la del PNV, pero no idéntica, porque los de Aitor Esteban, como buenos vascos que son, van a la suya y, del mismo modo que en 2018 votaron a favor de la moción de censura presentada por el líder del PSOE contra el líder del PP al día siguiente de aprobar el presupuesto de Mariano Rajoy, ahora harán lo que más les convenga independientemente de si en medio está Vox o no.

Los de Oriol Junqueras, en cambio, apuestan claramente por que agote la legislatura, con el argumento de que, a pesar de la presión judicial creciente, los informes policiales que la sustentan no son neutros. El origen de uno de los últimos casos de presunta corrupción que ha salido a la luz pública, el escándalo en torno al expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, son unos atestados de la UDEF, la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal de la policía española, que, en opinión de ERC —que lo sabe por experiencia propia porque lo sufrieron algunos de sus dirigentes—, son sospechosos de perseguir una finalidad política determinada, en este caso la caída de Pedro Sánchez. La diferencia fundamental es que, cuando ERC y JxCat también sufrieron el acoso de las cloacas del Estado durante el procés soberanista que condujo a la celebración del referéndum de independencia del Primer d’Octubre de 2017, el PSOE —con el PSC incluido— no solo se puso de perfil, sino que alentó el a por ellos y suscribió sin rubor la aplicación del artículo 155 de la Constitución, que suspendía el autogobierno de Catalunya.

¿Y ahora este mismo PSOE pretende que JxCat y ERC lo sigan respaldando? Catalunya no puede dejarse arrastrar por la deriva de Pedro Sánchez; otra cosa es que ERC y JxCat prefieran que el PSOE se mantenga en el poder, porque, a la que el PP tenga suficiente con Vox para volver a la Moncloa y a ellos no los necesite para nada, se les habrán acabado las prebendas de las que ahora disfrutan —los beneficios, por ejemplo, de tener grupo parlamentario en el Congreso cuando no les habría correspondido— y trabajo tendrán a subsistir. Que, tras los resultados tan negativos cosechados en Extremadura, Castilla y León, Aragón o Andalucía, el presidente del Gobierno, consciente de que el batacazo se lo llevará igualmente, adelante los comicios o agote el mandato, quiera, por tanto, resistir hasta el final, por aquello que de lo perdido saca lo que puedas, tiene su lógica en clave del PSOE, pero no de ERC y de JxCat. Pedro Sánchez, por mucho que la demanda de celebrar elecciones sea cada vez más general, no dará el gusto de irse antes de hora a quienes hace tiempo que le tienen la proa puesta, en una maniobra en la que es especialmente significativo ver cómo coinciden José María Aznar y Felipe González.

"Cuando veáis a los patriotas españoles de JxCat y ERC respaldando a Pedro Sánchez, esta es la señal de que se encuentra en una situación crítica de vulnerabilidad", escribía hace unos días el abogado Josep Rosell. En este escenario cada día más complicado, Carles Puigdemont y Oriol Junqueras verán qué dirección toman. Aceptarán, como dice el jurista de Vic, ser "sus SWAT" —unidad de élite de las fuerzas policiales— y "¿lo respaldarán más que el PSOE?". La pregunta no es baladí, porque, si del PSOE han obtenido poco, lo poco que han obtenido —el uso del catalán en el Congreso, el inicio del traspaso de Rodalies, la promesa de la recaudación del 100% del IRPF y cuatro caramelos más— un PP que con Vox tenga suficiente para gobernar lo revertirá todo, incentivará las políticas que haga falta en sentido contrario para contrarrestarlo y se quedará tan ancho. Y una de las cosas que seguro que se cargará es la amnistía, que puede provocar que algunos tengan que volver a la cárcel y que otros se queden colgados a perpetuidad en Bélgica. ¿Así se entiende, pues, por qué, a pesar de todo lo que está pasando, prefieren que continúe el PSOE que no que vuelva el PP? ¿Están preparados unos y otros para hacerle frente? He aquí el problema.

Es en este contexto que ERC tiene peor pieza en el telar que JxCat, porque, aparte del desgaste que comparten por las renuncias realizadas desde el Primer d’Octubre, tiene que resolver problemas internos en absoluto menores, como qué hacer con el interés de Gabriel Rufián de encabezar un frente de las izquierdas a la izquierda del PSOE precisamente en las próximas elecciones españolas y que a la formación le reporta más quebraderos de cabeza que otra cosa. El partido ha hecho hasta ahora auténticas cabriolas para no desautorizar una iniciativa que le estorba especialmente y ha dejado claro que, en todo caso, en Catalunya no prevé presentarse con una sigla diferente a la suya. Una Operación Rufián al estilo de la Operación Roca está condenada al fracaso, y más partiendo de la base de que la marca matriz, ERC, en realidad no querría ni oír hablar de ello. Hace equilibrios para fingir que no pasa nada, pero la procesión va por dentro.

A JxCat no es que el panorama se le presente mucho mejor. Su hándicap principal sigue siendo el de siempre: el de quiero y no puedo. Porque ahora que se cumplen diez años de que se aprobó la desaparición de CDC resulta que quienes la promovieron, con Artur Mas al frente, se arrepienten y admiten que quizás fue un error. Sin el quizás: lo fue. Y ahora todo son prisas para tratar de rehacer lo que se deshizo. Una especie de operación de reagrupamiento dentro de JxCat de todo lo que había representado CDC, propuesta curiosamente por el propio 129.º president de la Generalitat, que la formación tiene previsto poner a prueba en las próximas elecciones municipales, que serán la primera piedra de toque para calibrar qué expectativas reales tiene en un momento en que, más allá de la pugna histórica con ERC, el aliento de Aliança Catalana en el cogote cada vez le molesta más.

Y es con este conjunto de intereses contrapuestos que a ERC y a JxCat les espera un año de relación con el PSOE que tiene las turbulencias aseguradas y que no presagia precisamente nada bueno para ninguno de ellos. Tenir mala peça al teler es una expresión que se utiliza en catalán para indicar que alguien se encuentra en una situación muy difícil, comprometida o difícil de resolver, y tiene su origen en la larga tradición textil de Catalunya. En concreto, en los telares antiguos, cuando los hilos se enredaban y no había manera de enderezarlos, la pieza que se tejía empezaba a salir mal y la calidad final del tejido no acababa siendo la esperada, la pieza de tela salía estropeada y, cuando todo eso sucedía, se decía que había mala pieza en el telar. La misma que tienen JxCat y, principalmente, ERC.