Que nos hayan cambiado de tema de forma tan burda, o que nos lo hayamos dejado hacer, es indignante. Existen decenas de causas en las que muchos nos sentimos incluidos, o de las que podemos hablar a favor. La manera como reducimos las desigualdades, cómo favorecer la libertad de expresión, cómo proteger los derechos de las mujeres, el medioambiente, las minorías; incluso podemos discutir (como se nos está obligando ahora) sobre los límites de la inmigración y nuestra capacidad de acogida. Pero es que este no es el tema. Son temas interesantes, causas incluso compartidas, pero no es mi tema ni nuestro tema. Nuestra lucha compartida quedó congelada en 2017, como mínimo en cuanto a su resolución efectiva. La insistencia en priorizar otras causas, más trumpistas o más de izquierdas, es una distracción que el país no se puede permitir.
Algunos dirán que es el mismo tema, siempre: que no se puede defender Catalunya sin controlar la inmigración, o sin ser ecologista, o capitalista, o animalista. Pero todos estos son asuntos que tienen matiz, graduación, flexibilidad en función de cada caso y de cada cambio social o político. El tema nacional catalán, el de nuestra soberanía, el de nuestra independencia y nuestra pervivencia como nación, siempre los sobrevuela como el gran tema pendiente. Porque tiene que ver con la propia democracia, con los valores occidentales, con la representatividad popular y con las raíces europeas. Con el sujeto, en definitiva, más que con el objeto: quiénes somos, quién es el que habla. Esta Diada, como todas las demás, nos lo recuerda: no podemos permitir que ninguna otra causa, más o menos circunstancial, nos desvíe de la nuestra. Mientras esto no se entienda, ningún partido independentista volverá a ser hegemónico (ni siquiera los nuevos pujantes) y el movimiento seguirá encallado. Reflejado en las pugnas ideológicas, en otras luchas compartidas, salvo en aquella que nos unió alrededor del 1-O. A veces, esto se puede entender por cansancio, por desorientación, por necesidad de un tiempo de recomposición. Pero a veces me temo que introducirnos nuevos temas solo es una excusa. El resultado, todo el verano hablando de Ceuta. O que la única película ambientada en Barcelona en el año 2017 no es, mira por dónde, una película sobre el referéndum de autodeterminación.
No podemos permitir que ninguna otra causa, más o menos circunstancial, nos desvíe de la nuestra
No somos los únicos: España también desvía el tema, claro. Que ahora mismo la cuestión no se priorice en Catalunya no significa que haya desaparecido, del mismo modo que España ha preferido desviar todas las energías hacia otros asuntos para, precisamente, sofocar el nuestro. Precisamente porque lo tiene tanto encima de la mesa, y porque saben que no está resuelto, ni de lejos, nos meten en otras batallas y nos quieren incluir en otros frentes. El nacional o el popular, el progresista o el conservador, el integrador o el nazi. Catalunya, como ya sucedió durante la guerra civil española, se encuentra demasiado a menudo en la necesidad de tomar partido en guerras que la superan. Evidentemente que somos los de Pau Casals, los de la paz, los de la espardenya fotografiada por Pere Català i Pic aplastando el fascismo: si este es el dilema, no hay ningún tipo de duda y sospecho de cualquier formación que parezca tenerla (aunque sea por un supuesto error en las redes). Pero el caso es que la espardenya, tras pisar el fascismo, siempre vuelve a encontrarse sola. El Pacto de San Sebastián nos ponía en el bando correcto a nivel estatal y europeo, pero nos fagocitó. ¿Luchas compartidas? Sí, pero no estábamos hablando de eso. Que no me cambies de tema. Que teníamos algo pendiente.
Mientras aquí no haya un retorno a la verdadera lucha compartida, y alguien que vuelva a liderarla a fondo y con eficacia, quienes se frotarán las manos son PSOE y PP (y Vox, claro). "Todos dentro", como diría Iván Redondo. Nosotros estaremos distraídos por unas colonias en África mientras se evita el tema de nuestra descolonización. Y eso vale para quienes tienen pactos con Pedro Sánchez y para quienes solo sufren por el califato. Mientras pasamos otra Diada esperando momentums, el momento real se nos pasa. Por eso es tan importante que la sociedad civil, y no los partidos, encabece la reanudación. El tema. La única lucha que ha sido verdaderamente compartida durante las últimas décadas en nuestro país.