Cuando Raül Romeva fue cabeza de lista de Junts pel Sí, en septiembre de 2015, le recriminaban el uso de la palabra "República" en campaña. Lo reprochaban porque una parte de Junts pel Sí, la más nacionalista, se sentía incómoda –a veces, profundamente– cuando se verbalizaba la palabra República. Para el mundo heredero de una tradición de centroderecha, la República no formaba parte de su credo. La República se asociaba, en este espacio político, a la violencia en la retaguardia republicana y a los excesos de todo tipo que se produjeron por parte de los sectores más exaltados de las filas republicanas (significativamente la FAI) contra clases malolientes y el estamento religioso. El odio social como brutal reacción.

Josep Rull (socialdemócrata de verdad) también me lo señaló. En este caso positivamente, gratamente sorprendido, cuando a media legislatura del Govern Puigdemont-Junqueras, se mostraba jubiloso de que la palabra República empezara a ser aceptada dentro de un espacio convergente que ya empezaba a experimentar una acelerada metamorfosis, camino del referéndum del 1 de Octubre. Cabe decir que, en el 2015, Artur Mas todavía se refería a un estado asociado dentro de la Corona española. Más o menos como los países del Commonwealth dentro del Reino Unido. Esta disociación de referentes entre republicanos y convergentes, se explica por sus tradiciones y herencias políticas. El mundo republicano, ERC. El mundo convergente, la Liga. Dicho con trazo grueso porque hay matices y excepciones.

Solo los republicanos se han sentido interpelados ante la Memoria Histórica, el anhelo de justicia y reparación ante todas las maldades del franquismo. Solo los republicanos mostraban interés por reparar el daño moral y homenajear a los descendientes de las decenas de miles de republicanos desaparecidos

También por este motivo, por los antecedentes vividos, por las herencias recibidas, políticas y a menudo sanguíneas, solo los republicanos se han sentido interpelados ante la Memoria Histórica, el anhelo de justicia y reparación ante todas las maldades del franquismo. Las generaciones perdidas en las cunetas son el testimonio más crudo. Precisamente por este motivo, hasta que Raül Romeva no llegó al Govern de Catalunya no se produjo un revulsivo en esta materia. Y a pesar de ser la legislatura del 1 de Octubre (la que preguntó por la República Catalana) solo los republicanos mostraban interés por reparar el daño moral y homenajear a los descendientes de las decenas de miles de republicanos desaparecidos. Para reparar –ni que fuera simbólicamente– todo el dolor soterrado por la larga noche del franquismo. También por este motivo sólo los republicanos –y en particular Joan Tardà– se habían significado para plantear batalla política al Congreso de Madrid ante el nulo interés e, incluso, a veces el desdén del mundo convergente cuando se pedía la nulidad del juicio a Lluís Companys. Por su parte, el grueso de izquierda española actuaba con desidia, como si no fuera con ellos. En el mejor momento, con Zapatero, más bien arrastrando los pies. Felipe, por el contrario, se puso de culo, sin manías. No porque fuera jacobino, sino porque había comprado e interiorizado el discurso de la derecha en este ámbito. 'No reabramos heridas'. Durante todo su largo mandato, dejó pasar los años, esperando que los testigos vivos fueran desapareciendo por el paso inexorable del tiempo, eliminando así la memoria viva.

Uno de estos asesinatos por el franquismo –uno de tantos– es el alcalde republicano de Cardona, Joan Torrents, bisabuelo del actual alcalde de ERC de Cardona, Ferran Estruch y Torrents, diputado en el Parlament de Catalunya desde el 14 de febrero de 2021. Su bisabuelo estuvo encerrado a la Prisión de Berga por los Hechos de Octubre de 1934. Con la amnistía general, Joan Torrents fue liberado y volvió a ser alcalde gracias a una nueva victoria en las urnas. En 1939 volvió a ser encarcelado, y finalmente fue fusilado en el Camp de la Bota el 5 de mayo de 1939. Tenía 33 años cuando el franquismo lo liquidó como a tantos otros alcaldes de ERC, de lejos el partido con más represaliados y asesinados.

Tiene una connotación de justicia poética que Ferran Estruch i Torrents sea ahora el alcalde Cardona, y que aquello que el franquismo arrancó a sangre y fuego en 1939, la ciudadanía lo reparara en la figura del bisnieto de Joan Torrents en el siglo XXI. Y que hoy Estruch, el alcalde Cardona, sea diputado en el Parlament causa una sonrisa de satisfacción y complicidad en los descendientes de toda aquella gente, centenares de miles, que perdieron la guerra y experimentaron la persecución, la venganza y finalmente la muerte. Precisamente por eso también tiene una connotación histórica que se hayan invertido los papeles en el Govern del país, aunque haya sido de mala gana, después de 40 años. La derecha nacionalista preside el Parlamento y la izquierda republicana el Gobierno de Catalunya.

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