La pasada Diada, los presidentes de Òmnium y de la Assemblea Nacional Catalana, Xavier Antich y Josep Vila Boix, coincidieron en reclamar "unidad" al movimiento independentista. A buscarla y promoverla de manera activa. A nadie se le escapa que estos mensajes, a los que se quiso dar un cierto tono solemne, tienen dos destinatarios destacadísimos: Junts per Catalunya y ERC. O, si se quiere personalizar, Carles Puigdemont y Oriol Junqueras. No es un secreto que, a pesar de tratarse de una rivalidad histórica, los dos espacios entraron, ya años antes del 1-O, en una espiral de ataques entre organizaciones que, inevitablemente, se convirtió en sincera animadversión personal, y no solo entre Puigdemont y Junqueras. De hecho, sin esta pésima relación, algunos episodios lamentables durante el procés y después —pienso, por ejemplo, en la desbandada y las carreras al día siguiente de la proclamación fallida de la independencia—, no se habrían producido. Si a todo aquello le añadimos el papel lamentable que la CUP jugó en el procés, entenderemos un poco mejor algunas de las equivocaciones y los ridículos que se produjeron. Sea como sea, la furia entre Junts y ERC, ERC y Junts, se ha mantenido hasta hoy. Solo hay que ver los espectáculos del todo deprimentes que brindan cotidianamente en el Congreso Míriam Nogueras y Gabriel Rufián.
La cuestión es, como comentábamos más arriba, que las dos grandes entidades independentistas pidieron unidad a los dos grandes partidos independentistas. Con Aliança no se cuenta —a pesar de que amenaza con situarse en el Parlament por encima de Junts y ERC—, pero sí con la CUP. ¿Qué respondieron los partidos interpelados este Once de Septiembre, Junts y ERC? Pues que sí, que muy bien, que lo que haga falta. Las respuestas que unos y otros facilitaron —a través de Josep Rius e Isaac Albert, y no de Puigdemont y Junqueras— me hicieron venir a la cabeza aquella gastada pero muy útil frase de los maridos perezosos a sus mujeres: "Sí, cariño", que quiere decir, en realidad, que no piensan hacer lo que se les dice o que lo harán tan tarde como puedan y si no hay otro remedio. (Es obvio que ni juntaires ni republicanos pueden decir abiertamente que continuarán sacándose los ojos y tirándose de los pelos).
Lo que tienen que hacer Junts y ERC es reiniciarse, renovarse y ofrecer dos proyectos realistas pero ambiciosos a los catalanes
Pero vayamos al fondo del asunto. ¿Es necesario? Quiero decir: ¿es necesaria esta reclamada unidad Junts-ERC? Francamente, considero que no. No en este momento histórico. Sí que era imprescindible durante el procés y, por desgracia, entonces no se produjo, todo lo contrario. En cambio, lo que resulta estrictamente necesario es que dejen atrás la patológica obsesión de hacerse daño al precio que sea. Pero esto no significa unidad. Significa convivir con un cierto respeto. Aún más: encuentro que la unidad sería por ahora más bien un lastre, un elemento que jugaría en contra. Lo que tienen que hacer Junts y ERC —en el fondo, ellos lo saben muy bien, aunque no quieran o no puedan hacerlo— es reiniciarse, renovarse y ofrecer dos proyectos realistas pero ambiciosos a los catalanes. Unos proyectos que, hoy, tienen que poner en el centro la capacidad de resolver problemas —Catalunya acumula un montón de muy grandes y el gobierno del PSC no se sale con la suya. Unos proyectos que también inviten vigorosamente a la (re)construcción nacional. ERC y Junts, pues, no tienen que buscar, repito, en este momento histórico, la unidad, sino que tienen que ser capaces de competir tan duramente como sea necesario, pero con respeto. Sabiendo, teniendo claro, que el propósito último de ambos es la emancipación de Catalunya. De esta competición —que no excluye, naturalmente, la cooperación— uno de los resultados, de los frutos, tiene que ser el crecimiento de la base soberanista e independentista del país. Es compitiendo que Junts y ERC recuperarán su credibilidad y su atractivo a ojos de los catalanes. Es compitiendo que, como se decía antes, se ampliará la base. No es necesaria la "unidad". Lo que conviene es, de un maldito golpe y para siempre, dejar atrás esta insidiosa etapa, estos años que aún vivimos, de aversión, rencor y malquerer. Y empezar a hacer mejor las cosas.
La unidad entre Junts y ERC —y de todos— hará falta, eso sí, si un día, como vaticinó Xavier Antich también esta Diada, Catalunya decide volver a hacerlo.
