"Si es necesario que yo me muera para que se queden aquí, yo me muero"
García Márquez. "Cien años de soledad", Úrsula Iguarán
La manipulación del discurso que Von der Leyen hizo ante los embajadores de la UE sobre el futuro de la política exterior de la Unión es una muestra de hasta dónde se está dispuesto a llegar. Ahora que Ursula ya no le hace ojitos a Pedro, ahora que sabe hasta qué punto es artero y desleal, las simpatías que irradiaban aquellos pasados encuentros se han roto y, al parecer, han roto también con el respeto a la figura institucional de la actual presidenta de la UE.
Ha bastado con descontextualizar unas frases y poner a batir los titulares y las respuestas de socialistas afines para dejar a la otrora amada Ursula retratada como una belicista trumpista sin respeto a los principios y valores de Occidente. Más quisiera Pedro Sánchez tener la mitad de interiorizados los valores de la democracia y la civilización europea, que, entre otras cosas, pasan por la lealtad con el socio, el valor de la palabra y de la firma, la búsqueda del interés general y la pelea para preservarlos, si fuera preciso. Cualquiera diría que toda la Segunda Guerra Mundial no tuvo como objetivo preservar los valores democráticos y los principios europeos. Casi quince millones de muertos de las fuerzas aliadas para conseguirlo.
El caso es que Ursula hizo un discurso de estadista. Ya quisiera Sánchez haberse ni acercado a la profundidad y realidad de los planteamientos de la actual presidenta en aquella comparecencia forzada que resumió en el simplista y trasnochado: '¡No a la guerra!' Andan tan mal de ideas que tienen que reciclarlas, con el peligro que tiene el reacondicionamiento de soluciones, sobre todo cuando los problemas son distintos. ¿Y qué dijo entonces la pobre Ursula para desatar las iras de Moncloa y poner en marcha toda la maquinaria de propaganda? Dijo que "Europa debe centrarse en la realidad de la situación, con el mundo tal y como es hoy" y que en este mundo de actores que ejercen la fuerza sin complejos, saltándose las reglas internacionales que nos hemos dado, Europa "no puede contemplar esas reglas como la única manera de defender sus intereses". Co-mo-la-ú-ni-ca-ma-ne-ra. No sé de dónde se deduce que los abandona. Obviamente, lleva razón. Coger una pancarta y gritar que nadie quiere una guerra, nadie en Europa la quiere, no va a detener ni a Putin, ni a Trump, ni a Netanyahu, ni a Xi, si se pone. Nada más sensato que esto, que, obviamente, supone una enmienda a la totalidad de la falta de pensamiento geopolítico de Sánchez. "La idea de que podemos simplemente replegarnos y retirarnos en este mundo caótico es simplemente una falacia" y es la falacia de muchas fuerzas políticas españolas.
Yo, si tengo que ir a algún sitio arriesgado y me preguntan si quiero ir detrás de Pedro o de Ursula, lo tengo muy claro
Total, que la buena de la descendiente del barón Knoop lo que dijo es que el horno no está para bollos y que, aunque peleemos por volver a la cordura y al respeto del derecho internacional, debemos mirar también por nuestros intereses. Volvernos un actor geopolítico más fuerte y más resiliente, es decir, con más capacidad de defensa de nuestra forma de vida y no con menos, como le han pretendido hacer decir en español. La presidenta propone que seamos más autosuficientes en defensa y también en fuentes energéticas, porque está visto que cada vez que se lía nos ciegan los suministros y los ciudadanos se ven abocados a unas subidas de precio locas. De ahí que en su siguiente intervención haya reabierto el debate de las pequeñas centrales nucleares que proporcionen energía barata y no contaminante para asegurar el desarrollo del continente. 'Nuclear, no gracias', y 'No a la guerra' y 'OTAN, no' y 'Bases fuera', todo a la vez no puede ser. Vayan pensando a qué renuncian sin pretender convertirnos en una república bananera y ruinosa.
Que el mundo ha cambiado, solo debe dudarlo P. Sánchez, que no es P. Tinto. Que con discursos melifluos pensados para movilizar a su electorado y con alguna ayuda con intenciones clientelistas se soluciona el futuro de Europa, solo pueden pensarlo los setecientos asesores que no caben en Semillas. Por contra, la buena de Ursula, la que cree que sus nietos deberían llegar a vivir en los Estados Unidos de Europa, propone más unión para lograr más fuerza europea en tres áreas: seguridad y defensa, diplomacia y comercio en el mundo, con afianzamiento de la capacidad de tener materias primas estratégicas y energía que no pueda sernos cortada. "Europa no puede dar forma al mundo desde la barrera", ha dejado dicho, y mucho me temo que esto sí iba por Sánchez. "Una política exterior europea que sea un pilar central de la independencia europea, que proteja nuestros intereses y que promueva nuestros valores" y amén.
¿Dónde está, pues, ese escandaloso planteamiento que llevan dos días combatiendo los no guerreros de Moncloa? ¿Quién con dos dedos de frente no secundaría la idea de que Europa tiene que procurarse sus propios medios económicos y formar un frente fuerte que nos haga ser un actor geopolítico que tenga algo que decir en el mundo con una sola voz? El que algo quiere, algo le cuesta, y este avance para adecuarnos a la realidad precisa de esfuerzo de los países, de ciertas cesiones de soberanía y de una lealtad a prueba de bomba de las naciones. Por eso a Ursula los fuleros populistas le ponen nerviosa, porque sabe que son un obstáculo. Por eso dicen que le preocupan Orbán y Sánchez, los que no tienen una línea clara, sino que se adaptan al mercado electoral para sobrevivir por encima de cualquier consideración del bien común. Así, al menos, dicen en su entorno que lo percibe ella. Yo no creo que se haya metido en un jardín; yo creo que dio en la diana.
Qué quieren, yo, si tengo que ir a algún sitio arriesgado y me preguntan si quiero ir detrás de Pedro o de Ursula, lo tengo muy claro. Por lo menos, ella hace discursos con alguna chicha.