Te levantas por la mañana, vas hacia la ducha a ver si consigues despertarte, pones la radio y abres el grifo. El de la ducha. Aunque hay días en que lo acabas haciendo al revés. Por culpa de la confusión generalizada. Y mientras esperas que el agua fría pase a tener una temperatura normalilla piensas en el día que te espera. Y todavía no te has tirado el primer chorro por la cabeza que ya has oído por la radio un nuevo audio donde Villarejo se muestra encantado de sí mismo y el anuncio de la aparición de un nuevo vídeo grabado dentro de la casa de Mainat en el barrio de Horta de BCN.

El problema es que mientras te enjabonas y te enjuagas, ya han aparecido tres audios más y otros cuatro vídeos, con cada vez más personajes, cada vez más extraños y haciendo cosas más sórdidas. Total, que a las tres de la tarde la nómina de nueva información puede ser de tal magnitud que tu cerebro empiece a no poder retenerla. Y es que no es un caso, no... son DOS. Y las filtraciones variadas se producen en medios de comunicación tan diversos que urge la creación de un gran centro de datos donde aparezca allí todo bien ordenadito. Por días, horas y medios. Porque es que ahora ya no sabes si la grabación que estás oyendo a las cuatro de la tarde o el vídeo de las seis son los mismos que los de la mañana o si Cospedal alquila habitaciones por horas al Gordo en directo por T5, que tiene varios puntos de conexión con la puerta de no-se-cuántas casas de citas. Muy complicado todo.

Dos casos, sí, pero en esencia estamos hablando de lo mismo, lumpen por debajo de cero en la escala del glamur que se busca la vida como puede. Ah, y también son lo mismo en esta afición a grabar. Villarejo lo grababa todo en audio y los Alinos en vídeo ("alinos" es un concepto que engloba la fauna que rodea este caso y que tiene el origen en el nombre de Alina, que fue el primer personaje en aparecer públicamente y convertir un intento de asesinato en un esperpento que cada día se supera). La diferencia entre el uno y los otros es que incluso en el estercolero hay clases sociales. Villarejo iba a los mejores restaurantes y compartía comidas, conversaciones con orejas y fanfarronadas en abundancia con gente muy importante. En cambio, los Alinos ya no saben que hacer para poder arrastrarse por un plató y cobrar unas propinas. Villarejo se hizo muy rico y cuando salga de prisión ya podemos irle, como decímos en catalán, con un flautín sonando y los Alinos no tienen donde caerse muertos. Villarejo ha tumbado un Rey y ya veremos a quien más y los Alinos, como mucho, pueden hacer caer el techo de la casa de Horta a causa del peso de la mugre existente. Metafórica y textual. Diferentes en dinero y en poder, sí, pero son el mismo lumpen.

Lo más desalentador es que acostumbrados a la imagen de los agentes secretos elegantes, exquisitos y que tomaban el dry martini agitado pero no removido, los espías españoles que aceptan hacer los trabajos más garbanceros, más allá de la ley que fuera de la ley y que acaban todos en prisión, visten como los personajes de La Cubana y llevan larga la uña del dedo pequeño de la mano para poder sacarse la cera de la oreja y pinchar choricitos picantes al vino. Ahora es Villarejo, con esta voz de comer poca verdura y tener mucho colesterol, de mojar la faria en el "carajillo" de Veterano y pedirse chupitos de Cynar, pero en otro momento fueron Amedo y Dominguez, que iban a gastarse los fondos reservados al bingo mientras fumaban tabaco mentolado.

Si servidor de usted fuera un espía español, presentaría una queja formal por esta imagen tan alejada de la realidad que el tal Villarejo está dando de la profesión. ¡Por favor, que los espías son gente discreta y no esto! Y si servidor fuera escort, me quejaría del desprestigio que los Alinos están causandole a una profesión que ya sufre bastante por culpa de la COVID.

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