Cuando te las miras es como cuando vas a ver a un enfermo y le dices que hace muy buena cara pero mentalmente ya le estás encargando una corona de flores. Sufren un problema de salud del cual nadie habla y que las va apagando. En silencio, como se sufren las hemorroides. Su futuro es un gran autoengaño parecido al que se produce cuando te miras en el espejo del wc y entras la barriga, creyendo que así tendrás menos de la que tienes en realidad. Sí, hablo de las pensiones, aquello que usted y yo sabemos que acabará mal, pero hacemos ver que nos creemos que tienen solución.

Pero de repente aparece el ministro de la Cosa, José Luís Escrivá (de la Seguridad Social), y en una entrevista en TVE coge el desfibrilador y resucita el monstruo. ¿Cómo? Diciendo que la generación boomer (nacidos entre finales de los años 50 y mediados de los 70) sufrirán un (ojo ahora con la expresión) "ajuste bastante moderado con el nuevo mecanismo de equidad intergeneracional que reemplazará el factor de sostenibilidad". Por lo tanto, sostiene, podremos elegir entre un "pequeño ajuste" o "trabajar un poco más". Vaya, que o trabajas más años o cobras menos. De cajón.

Veinticuatro horas después de verbalizar la evidencia cierta, imagino que impresionado por los gritos de los suyos y los mensajes de amigos, conocidos y saludados no precisamente amables, el ministro ha sacado una flauta de pan y ha tocado "El cóndor pasa y mientras pasaba se me entendió mal". Eso último lo ha dicho textual. Y, por supuesto y con diferencia, es lo peor de todo. Porque tú puedes entrar en un bidé lleno de pirañas hambrientas, pero cuando se te están comiendo todas las partes blandas (y las que no, también) lo que no puedes hacer es decir "la culpa de todo es de las pirañas, que no me han captado la idea". Total, que lo entendimos perfectamente y ahora seguimos sabiendo la realidad que nos espera, pero no sabemos si nos la han dicho o no hemos entendido qué nos la han dicho.

Porque al final es una cuestión de matemáticas. Aquello de tantas cabezas tantos sombreros. Que traducido sería: la actual edad de jubilación estaba pensada para cuando vivíamos menos años que ahora. Ahora vivimos muchos más, por lo tanto estamos cobrando más años la prestación justo cuando los que cotizan cada vez son menos y, además, tienen trabajos más precarios con sueldos menores. Y cada vez más gente trabaja en negro, cosa que quiere decir que ahora no cotizan y, por lo tanto, después no tendrán jubilación. Sí, porque quien paga las jubilaciones de ahora son los que cotizan ahora. Nunca ha sido cierto aquello del "yo ya me he pagado mi jubilación" porque lo que pagas cuando trabajas, para entendernos, es la jubilación de tu padre. O de tu madre.

Es como el Fondo de Reserva de la Seguridad Social, aquello que dicen coloquialmente "la hucha de las pensiones". José Maria Aznar López nos repetía cada día que allí había mucho dinero y que no sufriéramos. Hace nueve años eran 66.815 millones de euros. Ahora hay 2.153, un 96,7% menos. No, no suframos, no. Nada. Sólo nos pinchamos la tila y esnifamos la valeriana.

Y esto coincide con el momento en que La Caixa anuncia un nuevo ERE con prejubilaciones a los 52 años. Una edad parecida a la del resto de bancos, de las antiguas cajas y de muchas grandes empresas. Y otro gran debate que nadie hace, por si las moscas: el de las nuevas tecnologías que están enviando a casa miles de trabajadores que sobran. Los prejubilados oficiales cobrarán. Según la actual esperanza de vida será durante unos 40 años, unos cuantos menos de los que habrán estado cotizando. Insostenible. Pero después hay los otros, a los que les prejubila la vida y que no firman ningún gran pacto con ninguna gran empresa. ¿Qué hacemos con estos miles de personas? ¿Esperamos a que se mueran de hambre o el ministro (este y el que venga detrás) tiene pensada alguna cosa? ¿Y si la tiene, nos la dirá? ¿Y si nos dice la verdad, al día siguiente de hacerlo, seguirá defendiendo lo mismo?

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