El viernes por la tarde entré por primera vez a una prisión. Concretamente a la de Lledoners.

Desde la C-55 se llega por una breve carretera rodeada de nada, pero llena de lazos amarillos. En el asfalto, en los árboles, en los matorrales... Todo es amarillo. Y al final de esta carretera, una garita. Bastante grande. A la derecha un cartel donde dice "entrada visitas". Vas y circulas por un camino entre vallas hasta que aparcas el coche. Y quedas dentro en un espacio de unos 30 o 40 metros de ancho con rejas a ambos lados. Entonces subes a pie un caminito y llegas al edificio de entrada para las visitas. Una vez allí empieza el festival de puertas de hierro con grande vidrieras y que se abren y se cierran delante y detrás tuyo.

Pasada la primera puerta, a mano derecha hay un montón de compartimentos como los de los supermercados para dejar tus pertenencias. Vale un euro. Si no tienes cambio, te lo proporcionan los funcionarios que están en la garita de la recepción, situada allí mismo. Dejas las cosas, coges la clave con el número de armario y pasas por un escáner tipo aeropuerto.

Entonces, segunda puerta que se abre. Y accedes a una inmensa sala de espera presidida por unas letras en la parte alta de la pared donde se puede leer "Las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas a la reeducación y la reinserción social".

Al cabo de un rato vino a buscarme una funcionaría. Muy joven. Con ella cruzamos un montón de puertas que se abrían y se cerraban. Cuando se cerraba la de detrás mío, se abría la de delante. Después de pasar por varios pasillos llenos de despachos de administración, cruzamos un patio rectangular y entramos en otro edificio. Más puertas y, por fin, la zona de locutorios. Unos 30 aproximadamente. Todos vacíos. La funcionaria me dijo cuál era el mío, entré, cerré la puerta y me senté en una silla blanca. Ante mi, un gran cristal que empezaba a la altura del pecho y detrás del cristal, un espacio igual en el mío con un pasillo posterior. Al cabo de un par de minutos, en la parte izquierda del otro lado se abrió la puerta M25 y apareció Josep Rull. Sonriendo, con el mismo aspecto de siempre. Ni más delgado ni más subido de peso. Exactamente igual que siempre. Vestido con un polar verde oliva y una camiseta verde. Un verde parecido al de la parte de los locutorios que no es de vidrio.

Se sentó, cogió un auricular de color blanco, se lo puso en la oreja derecha y empezó a hablar. Yo lo oía a través de un pequeño altavoz situado a mi izquierda.

Y empezamos a charlar

Lo primero que me dijo, prácticamente sin haberse todavía sentado, tenía relación con un tema de trabajo televisivo de un servidor. Aluciné bastante. Vas a ver a un preso político y en vez de hablar de él, después de decirte buenas tardes, es él quien se pone a hablar de ti. Acojonante.

Pero enseguida entramos en materia. Le comenté que yo allí había ido como ciudadano y no como periodista, pero que si quería transmitir alguna cosa, adelante. Y aceptó. No fue una entrevista porque prácticamente no pregunté. Fue una conversación en la que él tenía muy claro qué quería explicar y lo hizo.

Empezó por el tema de los presuntos privilegios que reciben y que Ciudadanos y el PP han denunciado en el Parlament. Ah, por cierto, para aclarar la cosa: la visita del viernes la tenía pedida desde el mes de mayo. Hace seis meses.

En un tono indignado Rull me habló de la "pornografía del privilegio" y que "la frivolización de la situación es una ignonimia". Y cargó duramente contra esta campaña que pretende instalar la idea de que aquello es un hotel con pulserita del todo incluido. Y para demostrar que eso no es así me explicó que a sus hijos los puede ver tres veces al mes y durante un espacio de tiempo reducido, que todavía se reduce más porque los chiquillos están en un lugar extraño y cuesta tanto rato que sean ellos que cuando lo son ya es hora de marcharse. A su madre, una señora ya mayor, sólo la puede ver una vez al mes y cuando empiece el juicio y estén nuevamente en Madrid, estará unos cinco meses sin verla.

También me explicó que los presos no políticos "se indignan cuándo fregamos como cabrones para poder tener más horas de visita y después ven que nos acusan de ser unos privilegiados".

La cosa derivó hacia la prisión preventiva, pero no la suya sino la que genera el sistema judicial español y que considera que es un problema social gravísimo. Tanto, que fue uno de los temas que hablaron con Pablo Iglesias durante su visita. Rull me explicó el caso de un ucraniano de 78 años que hacía tres años que estaba en prisión sin juicio y que hacía un año y medio que no veía a su abogado de oficio. Sobre esta cuestión soltó una frase de titular: "El Estado español da miedo y los españoles no son conscientes de ello. Hoy esto nos toca a nosotros, pero le puede pasar a cualquiera".

Y de la prisión preventiva en la prisión en general. Según él no se entiende que en uno de los países con menos delitos haya más población reclusa. Y me puso algunos ejemplos de compañeros de reclusión con delitos menores que, según él, no merecerían la condena que les fue impuesta.

Aquí comentó el caso de un gitano del barrio de la Mina de Sant Adrià del Besòs, que es el que les corta el pelo y mucho mejor que otro anterior que "al pobre Jordi Cuixart le hizo un destrozo que costó mucho rehacer". "Este hombre desde que nació está condenado a pasarse la vida entrando y saliendo de aquí".

Y entonces ya hablamos en su caso. Considera que estamos donde estamos porque el poder judicial creyó que el poder político era demasiado débil y que era a ellos a quien les correspondía "coger al santo grial" de la unidad de España para preservarla a cualquier precio. Y quiso destacar el papel del Tribunal Constitucional, que está haciendo lo posible para retrasar al máximo los plazos para poder presentar los recursos al Tribunal de Derechos Humanos.

La acusación contra él se basa en, e ironizó, "tres graves crímenes-delitos": 1/ firmar el programa electoral de Junts per Catalunya, 2/ celebrar varias reuniones y 3/ impedir que el barco de los piolines atracara en Palamós. Sobre este punto, y riendose por lo absurdo de la situación, explicó que en su departamento ni sabían que en el barco habría policías, porque inicialmente no se lo dijeron ya que la petición era para hacer el mantenimiento del barco. Simplemente no permitieron la estancia porque la ocupación de espacio habría impedido la estancia de los cruceros, que son una de las fuentes de ingresos del puerto.

Y llegamos a la parte más jugosa, políticamente hablando

Y a partir de aquí, algunas de las cosas que pasaron durante aquellos días de ahora hace un año. "El Gobierno tenía varias informaciones según las cuales, si nos hubiéramos cerrado en el Palau de la Generalitat haciendo un Maidan en defensa de la República (en referencia a los hechos sucedidos en Kiev en la plaza de este nombre en noviembre del 2004) habría habido graves consecuencias. Muy superiores a las del 1-O. Por lo tanto entre todos decidimos una estrategia que consistía en que parte del Gobierno se quedara aquí, y asumiera la prisión, y parte fuera al exilio. La elección fue voluntaria".

Sobre la unidad de aquel gobierno en aquellos días, Rull me dijo que "se creó una gran complicidad y todo el mundo fue muy sincero, franco y honesto. Todo el mundo respetó las decisiones particulares tomadas". ¿Todo el mundo fue franco y sincero? "Bien, ya llegará el momento de hablar de esta cuestión".

(Y ahora, pequeño inciso. Cuando hace unos días estuve en Waterloo con Carles Puigdemont y Toni Comín, los dos también dijeron que llegado el momento explicarán unas cuantas cosas. Y en el caso del President con pruebas documentales. Si eso acaba pasando, quizás resultará que la historia que sabemos ahora no es la historia real de lo que pasó)

¿Y eso que ha circulado sobre Rull, que nadie lo avisó de la situación? Que él no sabía que medio gobierno estaba fuera y se presentó a trabajar por el desconocimiento de la realidad...

"Aquel viernes de la votación en el Parlament me despedí de un numeroso grupo de trabajadores que quisieron venir a darme apoyo diciéndoles que el lunes iría a trabajar. El sábado estuve a la famosa reunión celebrada en la Catalunya Norte y el domingo volví a Catalunya para presidir un acto de FFGG, consciente de que yo me quedaba porque esta era la estrategia pactada. Era lo que yo había escogido. Y el lunes fui al despacho, no a vaciarlo como han dicho algunos. La prueba es que acabado el 155, mis cosas continuaban tal cual como las dejé".

Y justo cuando estábamos en este punto se acabó el tiempo de la visita. Cuando iba a levantarse, apareció Jordi Turull, que está un poquito más delgado. Nos saludamos poniendo una mano delante de la otra con el cristal en medio. Durante unos segundos pudimos charlar de cosas que ahora no vienen al caso.

Ellos dos se marcharon por la puerta M25 y yo deshice el camino hecho para entrar. Esta vez el funcionario que me acompañó, también muy joven, resultó ser de Badalona. Eso confirma que el mundo se divide entre los que somos de Badalona y el resto de la humanidad. Bien, y Josep Rull que es muy de Terrassa, pero que en su interior tiene un poquito de Badalona.

Más puertas abriéndose y cerrándose, hasta llegar al armario donde estaban mis cosas. Al sacar la llave de la cerradura, en vez de un euro me salieron dos. El que no era mío se lo di a los funcionarios que, al recibirlo, me dijeron: "mira, por si necesitamos dar cambio".

Una vez fuera, mientras caminaba hasta el coche, tuve una gran sensación de irrealidad. Estaba saliendo de una prisión y de ver a un preso político. Uno de los 9 presos políticos que hay en mi país. En el siglo XXI. Un país que tiene 8 políticos más exiliados. Ah, y también un rapero y un manifestante.

Y están aquí y allí porque, según dicen los que les han metido y los que han colaborado en ello, incumplieron la ley. Entonces me giré para volver a mirar el edificio desde la rampa que baja al aparcamiento. Y en vez de "Las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas a la reeducación y la reinserción social", la frase que me vino a la cabeza es "¿Quien juzga al juez y quien controla la justicia cuando no lo es"?. Y todavía no le he encontrado ninguna respuesta. Y me temo que tampoco la encontraré.

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