La gente de La Soll de Tàrrega, bonita localidad situada allí cerca de Cervera, han organizado este mediodía de sábado un debate-charla sobre los límites del humor. Y han invitado a Dolors Boatella, Esther Gimeno, lo Postureig de Lleida y a un servidor de usted. El encuentro ha sido muy interesante, los otros tres ponentes han brillado a gran altura, el público ha demostrado ser bellísimas personas y bla, bla, bla, pero vamos a la cuestión. Y la cuestión es que el acto me ha dado la oportunidad de responderme en voz alta dos preguntas:

Primera pregunta: ¿Hace cuatro años (por poner una fecha cualquiera) habría dicho lo mismo que he dicho hoy sobre los límites del humor y sobre la libertad de expresión? Respuesta: No. Hace cuatro años no vivíamos en la situación de emergencia climática de los derechos civiles que sufrimos ahora. O mejor dicho, no tanto, porque entonces la cosa ya apuntaba maneras. En la España de mediados del mes de octubre del 2019 cualquier persona que haga humor, escriba un artículo, publique un tuit, cante una canción, opine, se manifieste o ............ (ponga en este espacio las situaciones que considere que faltan), puede ser encarcelado. No acusado, no detenido. No, no, encarcelado. Directamente. Cualquiera de nosotros puede acabar en una prisión aislado y sin asistencia legal acusado de terrorismo, de un delito de odio o de haber matado a Chanquete, que eso es lo de menos.

Le podría poner decenas de ejemplos que han sucedido e incluso los que ha protagonizado servidor de usted, pero me quedo con el llamado "Caso de los titiriteros". Sucedió en febrero del año 2016 en Madrid. Dos personas que hacían un espectáculo de polichinelas (dentro de las fiestas del Carnaval) acabaron pasando cinco días en prisión por orden del juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno acusados, de entre otros delitos, de enaltecimiento del terrorismo. ¿Por qué? Porque al final del espectáculo, uno de los muñecos mostraba un cartel donde se podía leer el juego de palabras "Gora Alka-ETA".

Pues bien, cuatro meses después de enviarlos esos CINCO días a prisión (por cierto, el fiscal del caso y que hizo el informe pidiendo encerrarlos era Javier Zaragoza), el juez archivó el caso por el delito de enaltecimiento del terrorismo pero les mantuvo el de atentar contra los derechos fundamentales y las libertades públicas, que entonces pasó a los juzgados de instrucción de Madrid, donde también fue archivado en enero del 2017. Total, cinco días en prisión y un año con la incertidumbre de saber si los condenaran o no. Por un juego de palabras. Y malo

Segunda pregunta: ¿Servidor de usted se autocensura? Mucho. Básicamente por dos motivos: 1/ Ahora mismo, entre mis previsiones no está la de ir a la cárcel y sí, en cambio, la de intentar no ir, aunque esto último en la España actual no depende de mí y 2/ No soy ningún héroe. Soy un humilde juntaletras que conoció al dibujante Georges Wolinski poco antes de ser asesinado en la redacción de la revista Charlie Hebdo. Era la época en la que servidor de usted colaboraba en la revista El Jueves y el ministerio del Interior consideró "verosímiles" las amenazas de muerte que recibíamos de grupos yihadistas. Y fue años después de tener que marcharme unos días de casa por recomendación de la policía, y como medida de prudencia ante las simpáticas y repetidas amenazas de muerte recibidas de ultraderechistas a través de diversas vías.

Por lo tanto, es fácil concluir que los límites del humor han tenido días mucho mejores que los actuales. ojo, pero mucho de muuuuuucho. Y que la libertad de expresión hace muy mala cara. Y no, no es un vulgar resfriado.

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