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El fundador de La Fageda, Cristóbal Colón (1949-2026), ha sido despedido en la parroquia (que parece una imponente y majestuosa catedral romana) de Sant Esteve de Olot. De todas las personas con las que he hablado en la vida sobre empresa y espiritualidad, Colón es probablemente quien más me ha dejado cavilando, rumiando como las vacas que lo lloran ahora en La Fageda, la estupenda aventura de empresa cooperativa y proyecto social que creó en la Garrotxa para mejorar la calidad de vida de personas con vulnerabilidad. Los yogures y productos lácteos eran "la excusa". El trabajo era el elemento rehabilitador clave, para la autoestima y para la dignidad de las personas. Y también cuidar la vida social y comunitaria. Los helados, las mermeladas o las hierbas siempre como producto y no como elemento central.

Su visión espiritual no era carrinclona ni cursi. Veía el trabajo con sentido si era útil y servía para el desarrollo de la persona humana, y no como un escenario que encauzara la tendencia natural al egoísmo. Sus valores, aunque compartidos desde la inmanencia (el sentido del bien, la verdad y la belleza), no se alejaban de una visión trascendente: cuando le pregunté por la fe, me dijo que la espiritualidad formaba parte de su vida "de forma esencial": "Es lo que me sostiene, lo que me estructura, lo que me construye. Pienso que los hombres somos seres espirituales. No lo explicito porque pienso que es un tema íntimo, individual. Yo nunca he querido que La Fageda tenga esta dimensión institucional. Es decir, no somos una institución espiritual. Me remito al 'por sus hechos los conoceréis'". Alto y claro, y pronunciado por el fundador aragonés que veía a los dirigentes, empresarios y líderes afectados, abducidos por una "patología espiritual" y un "vacío existencial" porque en el fondo ignoraban el propósito integral de la persona —de toda persona, ya que él no hacía diferencias entre arriba y abajo, entre capacidad y discapacidad—. Para gestionar la vida y dotarla de valor real, la muerte tenía que ser una consejera, me confesó unos días antes del confinamiento.

Colón me confesó que, pese a ser consciente de su valía, "lo importante no es ser único, sino cómo gestionar tu autenticidad"

Después de un largo rato en su despacho, fuimos al comedor, un almuerzo que recuerdo entrañable, con todos los trabajadores, saludando a todo el mundo, comiendo como todos porque huía de la vanidad, que era uno de los miedos que tenía. A estos personajes tan fascinantes, a quienes todo el mundo busca para pedir consejo, invitados a los más prestigiosos foros mundiales, les puede rondar la sirena del orgullo de creerse realmente lo que han hecho, porque son gigantes, pero también titanes sabios que conocen sus límites. Colón me confesó que, pese a ser consciente de su valía, "lo importante no es ser único (todo ciudadano tiene una característica que lo distingue del otro), sino cómo gestionar tu autenticidad. Gestionar el misterio. Para mí, la naturaleza siempre ha sido mi gran compañera. La realidad y los hombres, como parte central de ella, la necesitan, ligado con la espiritualidad".