Isabel Díaz Ayuso es el personaje español que más se parece, sobre todo en los peores aspectos, a Donald Trump. Ideológicamente y en la forma, en la manera de hacer. Es una persona con un atrevimiento ilimitado y una ignorancia igualmente ilimitada. Sería, como Trump, una pura caricatura si no fuera porque es perfectamente real, existe. No solo eso: acumula poder e influencia. Esta influencia se ha ido agrandando. Hace tiempo que escribí que ella, en realidad, es alguien de Vox dentro de las filas del PP. Desde entonces, sin embargo, ha sido el conjunto del PP el que no ha dejado de desplazarse, de confundirse con la extrema derecha y 'contaminarse' ideológicamente, hasta el punto de que hoy PP y Vox se parecen mucho más entre sí que hace un año o dos. Los pactos autonómicos con el barón del PP supuestamente más liberal y centrado, Juanma Moreno, tragándose como los demás la "prioridad nacional" de Vox remachan el clavo de este triste proceso. Las voces que reclamaban un PP homologable a la derecha europea —a la alemana, por ejemplo— no han tenido más remedio que enmudecer, entre otras cosas porque ha quedado claro que Alberto Núñez Feijóo, aquel que llegó a Madrid diciendo que no insultaría a Pedro Sánchez, imagina su futuro —ya definitivamente y sin ningún tipo de duda— al frente de un gobierno de PP y Vox.

Las carencias demostradas por Feijóo y, especialmente, la fragilidad de sus convicciones, lo han convertido en una especie de líder tutelado. Lo tutela José María Aznar y lo tutela Ayuso, los dos grandes referentes de lo que podríamos llamar "el PP profundo". Y lo hacen sin reparos. La semana pasada volvieron. Después de que Feijóo señalara tímidamente que era hora de pasar página del procés y mirar hacia delante, Aznar lo corrigió. De lo que se trata, sentenció, no es de dialogar o llegar a acuerdos con los partidos independentistas —catalanes y vascos—, sino de reunir una gran "mayoría nacional" con el propósito de ejecutar una reconstrucción de España de "dimensión histórica". Naturalmente, cuando Aznar dice "nacional" quiere decir sin soberanistas catalanes o vascos. Y cuando dice "reconstruir" quiere decir excluirlos de la ecuación. Ayuso también sintió la necesidad de poner en su sitio a Feijóo. Su extremismo y los disparates con los que suele adornarlo son de campeonato. Ayuso insistió, con todas las letras y toda la crudeza, en lo que Aznar había apuntado. Para ella, hay que liberarse de "la amenaza independentista constante". Para la presidenta de la Comunidad de Madrid, "España" debe dejar de ser prisionera de "dictaduras minoritarias" que hacen un daño terrible "a los españoles". Es imposible no darse cuenta de que, en la imaginación de esta señora, España sería algo fantástico, maravilloso, si no fuera por esta gente malvada de Junts, el PNV, Bildu y las otras fuerzas soberanistas. Y, claro, si no fuera por todos los que los votan. La anti-España del franquismo. También es imposible no darse cuenta de que, en su marco mental, Catalunya y el País Vasco (quizás también Galicia) se convierten en realidades ajenas y externas a aquello que ella tiene interiorizado como su "nación". Es por eso que considera que hay que apartar a los soberanistas, que expresan y encarnan la diferencia de cultura e identidad. Una perspectiva que, por cierto, liga del todo con las insinuaciones de Vox y también del PP sobre la necesidad de cambiar la ley electoral para que los partidos 'no nacionales', es decir, nacionalistas y soberanistas, tengan poco o nada que decir en cuanto a la gobernanza española.

Para Ayuso, hay que liberarse de "la amenaza independentista constante"

En el PP y, obviamente, en Vox están convencidos de que la Transición no es que fuera un punto de llegada, sino que fue demasiado lejos. A Catalunya y al País Vasco se les dio demasiado. Y unos y otros lo han aprovechado a lo largo del tiempo para hacer "chantaje" a la —verdadera— nación, la española, y a los españoles, conjunto del cual no formarían parte los que votan partidos soberanistas y, por extensión —en su mirada—, el conjunto de catalanes y vascos. Como España ha pagado y está pagando muy caras las consecuencias de la Transición, lo que toca ahora es cambiarlo. Este debe ser el gran objetivo de un gobierno "nacional" de PP y Vox. Es la "reconstrucción histórica" que, según Aznar, se debe sacar adelante sí o sí. Es con este trasfondo que Ayuso miente una y otra vez. Las últimas mentiras las ha pronunciado hace pocos días, cuando ha acusado a Sánchez de impulsar una hacienda catalana como "primer paso" para "generar una nación paralegal" y de querer "financiar siete veces Catalunya por encima de Madrid". También ha recalcado, y se ha quedado tan ancha, que el PSC y los independentistas son idénticos. Es la misma Ayuso que está convencida de que: "Madrid es España dentro de España. ¿Qué es Madrid si no es España?".

Todo esto, lamentablemente, tiene una larga y negra tradición. Es aquella España que ve Catalunya y el País Vasco como elementos ajenos y desnaturalizadores, chantajistas y parásitos. Como elementos odiosos. A la vez, sin embargo, les hierve la sangre, se encolerizan, cuando catalanes y vascos proponen el divorcio. Ellos podrían incluso amar Catalunya y el País Vasco, si Catalunya y el País Vasco no estuvieran llenos de catalanes y vascos. Esta es la contradicción profunda de este tipo de nacionalismo español.