Buscaba una frase adecuada para comenzar este artículo, y he encontrado dos que se complementan. Una es de Cormac McCarthy, el escritor de la mítica novela La carretera, cuya película protagonizó Viggo Mortensen. Dice McCarthy: "Lo que más une a los hombres no es compartir el pan, sino los enemigos". De hecho, es una recreación moderna del famoso proverbio árabe "el enemigo de mi enemigo es mi amigo", basado en la idea de que compartir un mismo odio puede crear relaciones muy fuertes y fructíferas.

La otra frase es de Christoph Waltz, el malvado coronel Hans Landa en la icónica película de Quentin Tarantino, Malditos bastardos. Dice Waltz, en una escena de Cómo matar a tu jefe: "Yo hago todos los días nuevos enemigos. Se llama business". Es decir, la creación de enemigos ayuda a mantener una posición de poder estable y coherente, porque se concentran en estos enemigos reales o inventados todos los aspectos negativos de la propia vida.

Buscar la unidad, creando un enemigo común, y hacerlo para mantener el business, sea económico, social, político..., parecen las ideas-fuerza del manual de táctica política que sigue Pedro Sánchez. Cada día aparece un nuevo cuento que sirve para entretener al personal, desviar la atención y concentrar toda la furia de una realidad deplorable hacia un enemigo lejano, poderoso, pérfido y perfecto saco de boxeo de la irascibilidad social. Los últimos son Elon Musk y Pável Dúrov, paradigma de los pérfidos plutócratas que dominan el mundo, según el manual del sanchismo pasado por Podemos. Previamente, el Quijote Sánchez había disparado contra Netanyahu y Trump, pero, sobreutilizadas estas bestias negras, había que ampliar el cuadro de los enemigos del pueblo para continuar con el espectáculo.

Es literalmente agotador este tacticismo fútil y vacuo que cada día se inventa un objetivo para hacer olvidar la enorme y trágica insolvencia de su Gobierno. Cuanto más escándalo, más ineptitud y más desastre, más distracciones para desviar los problemas de fondo y dar carnaza a las tertulias de bajo vientre. Hagamos un pequeño repaso. Primero, está rodeado de problemas judiciales..., pataplum, se dedica a resolver el conflicto palestino: la kufia para tapar las togas. No hace falta decir que no ha ayudado en absoluto a la resolución del conflicto, pero que nada detenga el efecto saludable de la demagogia.

Segundo, le detienen personas de extrema confianza y aumenta la dimensión del escándalo de corrupción y..., pataplum, monta un pollo con Trump, como si fuera un paladín del europeísmo. Europa para tapar la corrupción de su entorno. Tampoco en este caso sirve para nada, porque ni siquiera es cierto que se haya plantado realmente ante los Estados Unidos, solo ha hecho un bufido de gato, fingiendo ser un tigre. Pero, en el provincianismo secular del español medio, esto de que el presi se pelee con el mandamás americano, siempre sube el orgullo patrio.

Pelea con la extrema derecha para dejar de hablar del desastre de los trenes

Y después del primer y el segundo round, vienen los siguientes: hay un accidente de tren gravísimo, la red ferroviaria está hecha un desastre, Catalunya está en colapso y el escándalo aumenta..., pataplum, nada mejor que montarse una precipitada regularización de cientos de miles de inmigrantes irregulares para calentar el ambiente. Pelea con la extrema derecha para dejar de hablar del desastre de los trenes. Y, finalmente, como la cosa no acaba de funcionar, y persevera la indignación por el hundimiento de los ferrocarriles, se le ocurre la feliz idea de prohibir las redes a los adolescentes, controlar sus contenidos y pelearse con el de Telegram y el de X. Tampoco esto irá más allá del histrionismo dialéctico, pero habrá entretenido a la plebe un rato y qui dia passa, Moncloa empeny.

La táctica de supervivencia es espectacular: no funcionan los trenes, que se prohíba Twitter; el servicio público es un desastre, que se regularicen los irregulares; su círculo político está en la cárcel, pues a pelearse con Trump; está rodeado de líos judiciales, hay que resolver el lío palestino. Es la creación permanente de un espejismo para hacer olvidar que Pedro Sánchez tiene toda su cúpula de confianza enredada con la corrupción, que ha perdido la mayoría parlamentaria por sus mentiras, que tiene hechos un desastre los servicios públicos del país y que no tiene ningún proyecto solvente para resolverlo. El colapso ferroviario en Catalunya es letal para nuestra economía y los catalanes no hemos tenido ni la deferencia de ver al ministro de turno a pie de vía, mientras el Govern de la Generalitat demuestra su inutilidad. No van los trenes, pero no pasa nada, tenemos a Elon Musk para pelearnos. Es el pan y circo de siempre, reinventado por un mago del cinismo.