La enseñanza es un pilar fundamental de cualquier sociedad que aspire a proyectarse positivamente en el futuro. Cualquier país que pretenda progresar, que quiera un mañana mejor, requiere una buena enseñanza. En Catalunya, además, la escuela y el instituto constituyen un mecanismo fundamental para cohesionar el país, para construir comunidad, con el aprendizaje de la lengua en primer plano. Pues bien, Catalunya tiene el sistema de enseñanza patas arriba. El sistema hace aguas, muchas aguas, tanto a la hora de hacer que los niños y los jóvenes aprendan —el nivel lleva años en caída libre— como en lo que se refiere a la integración y el catalán. Ante este panorama alarmante, que ciertamente es el resultado de mucha incompetencia acumulada, tenemos una Conselleria de Educació que en estos dos años de Govern socialista ha demostrado ser un palmario desastre, una exuberante calamidad. Es cierto que el nivel general del Govern —ese que venía a "unir y servir" y a hacer funcionar el país como un reloj— no es muy alto, todo lo contrario. Pero la importancia que, como decíamos, tiene la enseñanza, hace que el desbarajuste sea completamente alarmante.
Esta misma semana, la consellera Niubó anunciaba la decapitación de su número dos, Teresa Sambola, y la apertura de expedientes a otras tres personas por el desastre en la organización de las pruebas PISA. Sambola, a quien probablemente el PSC, con tentáculos infinitos, podrá encontrar otra ocupación de forma más o menos rápida, será relevada por Marta Clari, que es una especie de señor Lobo de Pulp Fiction. Una mujer rápida y eficiente, que ha sobrevivido fenomenalmente a políticos de distintos colores. Sin embargo, la hasta ahora gerente en el Ayuntamiento de Barcelona no tiene ninguna experiencia en el campo de la enseñanza. Cero. La reacción dura y expeditiva de Esther Niubó contra su número dos supone un golpe de volante muy brusco. Hay que recordar el intento del Govern de la Generalitat, en el mes de julio, de quitar hierro al fiasco de las pruebas PISA. El president Illa intentó entonces circunscribir el desastre a "una cuestión técnica". ¿En qué quedamos? Este mismo verano, el ejecutivo catalán ha intentado minimizar también otros dos escandalosos descalabros: el caos ferroviario el día del eclipse —y eso que crearon una comisión interdepartamental para que todo fuera como la seda— y, mucho más preocupante, la chapuza de la ley catalana contra la "compra especulativa de viviendas", impulsada por socialistas, comunes y ERC, ley que el Consell de Garanties Estatutàries desmontó de arriba abajo.
¿Qué ha hecho la conselleria todo este tiempo, aparte de hacer vacaciones? Parece que nada
Con relación al conflicto que enfrenta la Generalitat con maestros y profesores, las cosas no pueden ir peor y hay una huelga convocada para el primer día de escuela. ¿Qué ha hecho la conselleria todo este tiempo, aparte de hacer vacaciones? Parece que nada. Y me pregunto: ¿realmente una conselleria que no es capaz de gestionar unas pruebas PISA —que no suponen ninguna gran complicación— puede dar solución a un conflicto tan enrevesado y envenenado como el de la enseñanza? ¿Acaso cree Niubó que con Marta Clari a su lado los sindicatos se amansarán y, de repente, a los maestros y profesores les sobrevendrá la cordura y se olvidarán de los agravios y del enfado que arrastran? Es verdad que en Pulp Fiction el señor Lobo —interpretado por Harvey Keitel— se presentaba asegurando: "Soy el señor Lobo; resuelvo problemas", pero, ¿bastará el ingenio de Marta Clari para sacar a Educació del pozo negro?