No bastaba con querer hacer entrar a policías en las escuelas, que al final también entraron en las asambleas docentes que preparaban huelgas legales. Huelgas en las que, por cierto, antes de las de esta semana, los Mossos llevaban ya 76 maestros identificados o denunciados. El caso es que la CGT denunció que pillaron a dos agentes de paisano que se habían infiltrado en una asamblea de trabajadores del Consorci d’Educació del Barcelonès celebrada el miércoles de la semana pasada en el Institut Pau Claris. Ahora hemos sabido que las espías en cuestión fueron vistas previamente en las manifestaciones y que por eso las reconocieron. Por lo que espero que les hagan un cursillo acelerado de camuflaje. Les faltaba el diario con los dos agujeros.

Durante días, el silencio del Govern ha sido clamoroso. La respuesta inicial de la policía fue que hace sus funciones sobre la base de la legislación vigente y de sus competencias. Pero era tan evidente que habíamos asistido a un déficit democrático, a un mal uso de recursos públicos y a un deje de totalitarismo, que cada segundo de silencio el escándalo era más mayúsculo. Y durante todos estos días, esos políticos que nunca paran de hablar y acaparar minutos y páginas en los informativos y en los periódicos, no abrieron la boca. Solo el domingo, la consellera de Educació, preguntada por el siempre eficiente en su trabajo Xavier Bundó, en RAC1, habló con la poca valentía de evitar ponerse junto a los maestros. Y diciendo, por cierto, que las huelgas previstas son excesivas con el mismo argumento que un editorial de la radio pública.

Ayer, tanto Núria Parlon como Josep Lluís Trapero pidieron disculpas públicamente por la infiltración de las agentes. Han tardado una semana, pero es lo mínimo que podían hacer

Mientras, la consellera Parlón no abría la boca. Y el president Salvador Illa iba haciendo actos públicos, pero rehuyendo el tema. Y todo ello sin demasiado escándalo en el país que se comió un toque de queda a las 10 de la noche para evitar botellones, impuesto por quienes gritaban libertad. Pero a pesar de complicidades mediáticas, a pesar de haber reducido a mínimos el debate político en la tele pública —con el visto bueno de Junts y ERC— por cuatro cargos en consejos de administración del Estado, pese a las dependencias económicas, al final, entre los periodistas, los sindicatos de maestros y, quiero pensar, de la oposición, se ha hecho el trabajo que se tiene que hacer en una democracia.

A inicio de semana la consellera de Interior ya dijo que quizás la medida no había sido proporcional. Y, finalmente, ayer tanto Núria Parlon como Josep Lluís Trapero, director de los Mossos, pidieron disculpas públicamente por la infiltración de las agentes. Han tardado una semana, pero es lo mínimo que podían hacer. Sea por convencimiento o porque no querían ver peligrar la silla. “No hacemos injerencia en las decisiones operativas, quiero pedir disculpas al sindicato educativo de la CGT por la sensación de desconfianza que ha generado en su labor”, fue la frase de Parlon. "Reconozco el error, pero no reconozco la mala fe. Reconozco el error en la no oportunidad", dijo Trapero.

Quien no ha dicho nada es el responsable último de todo. El líder del gobierno de todos —el que no acudió al acto de los 50 años del Avui, pero sí al de El País, que debe ser más de todos— no ha abierto la boca en esta crisis que se ha querido disimular. El martes se reunió el Govern con las mismas sonrisas de cada semana. Pero el president siguió sin decir nada y se ha ido a Estados Unidos, que no a "Lérida". Podría aprovechar el viaje para reflexionar. Poner cara de gravedad y regañar al personal cada dos por tres no te hace más competente.

De la guía para explicar a los altos cargos cuándo deben hablar en catalán, ya hablaremos otro día.