En abril de 2018, en un momento de máxima tensión política en Catalunya y España, Salvador Illa, entonces secretario de Organización del PSC, denunció en Twitter, que por entonces se llamaba así, unas pintadas "intolerantes" en la pared de su casa.
Illa decía que era un "intento de intimidación" y lo denunció, dijo, también a los Mossos. Las pintadas eran "PSC=155", "Ni olvido ni perdón" y "CDR, ni pasivas ni terroristas: empoderadas". Más reivindicación que otra cosa, lo que no quita que pintar la casa de un político esté fuera de lugar. El tuit, por cierto, estaba en castellano. Y los mensajes de apoyo los encabezaban Inés Arrimadas, Jordi Cañas, Xavier Garcia Albiol, Argelia Queralt, Alicia Sánchez Camacho y Ramon Espadaler. Sin embargo, Illa también fue invitado a denunciarlo en el prime time del sábado noche en la malvada TV3.
Recuerdo esto porque en la misma red, ahora llamada X, Salvador Illa, al mismo tiempo primer secretario del PSC y president de la Generalitat, no ha tuiteado absolutamente nada de las hostias gratuitas y desproporcionadas recibidas por un chaval menor de edad a manos de la policía española en Elx, antes de un partido del Barça. La misma policía, por cierto, que el 1 de octubre del 2017 masacró a varias abuelas de forma también gratuita e indiscriminada. Contra la misma ideología por la que políticos, activistas e incluso un presidente del Barça estuvieron en prisión de forma preventiva, gratuita y desproporcionada.
Pero se ve que el grado de indignación de Illa —y de Arrimadas, Cañas, Albiol, Queralt, Camacho y el ahora conseller de Justícia Espadaler— va en función de quién recibe. Ey, y eso que, a diferencia de abril de 2018, el clima político entre Catalunya y España es el "sosiego" institucional, pese a la catalanofobia permanente que entiendo que preocupa tendiendo a cero a Illa. Hasta que gobierne el PP, claro, y el ministro del Interior —que saldrá un día de estos a decir que el poli actuó de manera proporcionada y argumentará provocaciones que ayer ya se buscaban— sea de otra familia política.
Se volverá a demostrar una vez más que el Barça es más que un club. Y que cuando la política falla, el Barça siempre está ahí
En fin, tal vez ocurra que, como el president del Govern de todos es seguidor del Espanyol y la policía pegó a un chaval del Barça, no se haya enterado.
Quien sí lo sabe es Joan Laporta, que una vez más demuestra que entiende mejor al país que a muchos políticos. Y que, en realidad, el cargo más importante de Catalunya es el de presidente del Barça. Sobre todo si el de la Generalitat no te lo crees demasiado. Pero vaya, que, al menos, Laporta entiende al Barça. Algo que, cuando hay un Govern que no hace su función, es lo mismo que entender el país.
De modo que el homenaje previsto hoy en el Camp Nou a los jugadores campeones del mundo con la selección española se sustituirá por una reivindicación de la estelada como símbolo democrático. Y volverá a demostrarse una vez más que el Barça es más que un club. Y que cuando la política falla, el Barça siempre está ahí. Como en el franquismo. El único problema es que estamos en 2026.