Cuando era pequeña, me gustaba empezar el curso porque estrenaba plumier. Me gustaban particularmente los de dos pisos con cremallera, porque además de gomas, sacapuntas, lápices de colores y rotuladores, tenían un piso con reglas y escuadras de diferentes tamaños, un transportador de ángulos, y me cabía un tubo de pegamento de papel. Todo esto era muy útil para hacer los trabajos de la escuela, tanto el pegamento como las pinturas.
Los humanos han tenido siempre un ojo artístico, un deseo de reflejar la realidad tal como la ven y la interpretan, despertando emociones y evocando recuerdos. Las pinturas son necesarias para dar color, pero también el pegamento es muy importante, para que el dibujo o la pintura queden pegados a la base. ¿Sabemos qué tipo de pegamentos usaban los artistas de otras épocas? Hay registros escritos en algunos casos, pero no siempre se pueden interpretar o asignar fehacientemente; por ejemplo, al transcribir jeroglíficos, puede haber agujeros interpretativos. Además, el conocimiento del artesano o del artista se transmitía oralmente y no era necesario registrar todos los procesos, que debían considerarse triviales. De manera general, se sabe que el colágeno, el huevo y la caseína de la leche se han usado como pegamento soluble en agua para fijar los pigmentos.
Las nuevas tecnologías han extendido el ámbito de aplicaciones, por ejemplo, la paleoproteómica permite extraer cantidades ínfimas de proteína de muestras fósiles, pero también se puede emplear para identificar cuáles eran los productos utilizados en objetos de arte antiguos
Existen diversas técnicas que permiten identificar los componentes químicos a partir de una muestra extraída de una obra de arte. Algunas técnicas clásicas permiten saber si hay proteínas, aceites o polisacáridos, pero no tienen la finura para determinar qué tipo de proteína o de qué animal. Las nuevas tecnologías han extendido el ámbito de aplicaciones, por ejemplo, la paleoproteómica permite extraer cantidades ínfimas de proteína de muestras fósiles (como restos de huesos de homininos), pero también se puede emplear para identificar cuáles eran los productos utilizados en objetos de arte antiguos. La paleoproteómica se basa en espectrometría de masas de péptidos (es decir, de proteínas troceadas) y permite inferir la composición de aminoácidos y asignarlo a organismos concretos.
Justamente esta tecnología ha permitido que unos investigadores analizaran hasta 28 muestras de objetos de arte del antiguo Egipto de museos de Suecia, el Reino Unido y Dinamarca, desde sarcófagos egipcios hasta molduras de pared y pinturas murales, de diversas épocas históricas. Los resultados son interesantes, porque demuestran no solo que la gelatina (el colágeno) se utilizaba, sino que esta gelatina no procedía solo de hervir huesos de mamíferos, sino que también se le añadían piel y restos de tejido conectivo, que hacen una cola más consistente. Y esto se sabe porque las proteínas de colágeno de la piel son diferentes en composición a las de los huesos, y se encuentran conjuntamente. Además, la técnica es tan precisa que se puede saber la fuente animal y, así, han encontrado restos de colágeno de buey, pero también de cabras y ovejas, restos de colágeno de equinos (es decir, caballos y asnos), e incluso de animales salvajes, como antílope y órix, los cuales debían ser seguramente restos orgánicos aprovechados después de comer su carne.
Por otro lado, también han encontrado restos de proteínas de plantas, como semillas de sésamo y del árbol del aceite de ben (Moringa oleifera). Tanto el sésamo como la moringa producen aceite, pero el aceite no se utilizó en este caso para encolar, ya que no se acaba de secar y, además, no se han encontrado las grasas de estas semillas. Lo más sorprendente es que se han identificado las proteínas de estas plantas, que muy probablemente se obtuvieron de los restos del prensado en los molinos de aceite (lo que se denomina borujo en el prensado del aceite de oliva). Los investigadores comentan que no se puede descartar que el uso de las semillas de moringa tuviera un sentido simbólico religioso, ya que el dios egipcio de los artesanos era Ptah, que siempre se dibujaba bajo la sombra de este árbol. El uso de sus semillas podría conferir protección a los artesanos o al objeto de arte.

Por último, en algunos objetos también se han encontrado restos de proteína de trigo, centeno y cebada, lo cual también tiene sentido, ya que todos sabemos que la harina de estos cereales mezclada con agua puede hacer de cola bien espesa cuando se seca.
La paleoproteómica nos permite comprender mejor de qué manera hemos usado los recursos naturales para crear objetos en la antigüedad. Y como podéis ver, los humanos no hemos cambiado tanto; todavía necesitamos pinturas y cola, sea para hacer manualidades u obras de arte.