Catalunya se pasó años exigiendo la desaparición de los peajes y la gratuidad de las autopistas. Se realizaron protestas en las barreras de pago, se diseñaron campañas para cruzarlas sin pagar y se llevaron a cabo todo tipo de acciones ante las administraciones para revertir las concesiones a las empresas privadas que las explotaban. Fue la época de la Catalunya libre de peajes que, más allá del éxito de un eslogan con gancho, no sirvió para lograr nada, porque la liberación no se produjo hasta que las concesiones terminaron y así las compañías concesionarias no sufrieron pérdida alguna. Y después de que los peajes hayan desaparecido —no todos, solo algunos—, resulta que han empezado a oírse voces —incluyendo una no despreciable como la del president de la Generalitat, Salvador Illa— en el sentido de que quizá deberían regresar.
¿Qué ha pasado para que haya habido un cambio de postura tan radical? Pues que, sin peajes, el tráfico en las autopistas ha aumentado exponencialmente y en muchas zonas los atascos, y especialmente los accidentes, también se han disparado. Antes, el hecho de tener que pagar retraía a muchos conductores, especialmente a los camioneros, mientras que ahora todos usan las autopistas para, en tanto que vías rápidas, ahorrar tiempo. La consecuencia más preocupante de esta mutación es el aumento de accidentes, con una característica bastante común y generalizada, que es que en la mayoría de los casos están implicados camiones. En algunos puntos, como el tramo central de la AP-7, el tráfico siempre ha estado muy congestionado y el índice de siniestralidad ha sido superior a la media, y lo que ocurre desde que no hay peajes es que la situación se ha complicado aún más y se ha extendido a otros sitios de la misma vía.
Raro es el día en que no hay un accidente en un lugar u otro de la AP-7, que se ha convertido con diferencia en la autopista más conflictiva, y raro es el día en que en este accidente no se ve implicado un camión. ¿Significa esto que los camiones son responsables del caos que, desde que han desaparecido los peajes, ahora existe tan a menudo en las autopistas de Catalunya? En vista de lo que está ocurriendo, la respuesta es que, efectivamente, ellos son los principales culpables. Solo hay que ver cómo se comportan ciertos camioneros conduciendo a velocidades desaforadas y realizando adelantamientos en algunos casos de auténtico juzgado de guardia. La imagen de tres camiones adelantándose casi sin poder y ocupando los tres carriles de la autopista no es, lamentablemente, inusual. Es una conducta punible conforme a las leyes que regulan el tráfico vial vigentes, pero no por ello es respetada.
En este escenario, la solución, aparte de medidas universales como limitar la velocidad de todos los vehículos en determinados tramos y circunstancias, debe implicar necesariamente un control más estricto de los camiones. Por ejemplo, no deberían poder superar los 100 km/h y deberían estar completamente prohibidos los adelantamientos, por lo que deberían circular exclusivamente por el carril derecho y en fila india si es necesario. Además, debería intensificarse la vigilancia del estado de los camiones y de los camioneros. De entrada, la impresión es que esto solo contribuiría a reducir tanto los atascos como los accidentes y, por tanto, a mejorar el estado general del tráfico en las vías que más lo necesitan, que son sobre todo la AP-7 y la AP-2, propiedad del Estado, y que, de hecho, son las únicas donde se han liberado los peajes. Porque en las autopistas de la Generalitat —la C-16, la C-32 y los túneles de Cadí y de Vallvidrera— se mantienen los peajes y, por ahora, no hay perspectiva de que desaparezcan.
Lo que, en todo caso, no debería estar en cuestión es que regresen los peajes. Una vez eliminados, eliminados están y, si acaso, que paguen solo los vehículos que están de paso, al estilo de las llamadas viñetas que funcionan en otros países de Europa, pero no los residentes en Catalunya. Es por ello que el análisis de Salvador Illa cuestionando que la gratuidad de los peajes de la AP-7 haya sido positiva y dejando caer, como quien no quiere la cosa, que quizá tengan que ser reintroducidos, parece más bien un chantaje, un nuevo ejercicio de extorsión política hacia los catalanes. La falta de peajes no es la responsable de la congestión que sufre la autopista que atraviesa el país de norte a sur. El culpable es, por un lado, la falta de planificación, de mantenimiento y de las inversiones necesarias para tenerla actualizada y quizá incluso para ampliarla y, por el otro, la inexistencia del corredor mediterráneo ferroviario, que los partidos españoles —PSOE y PP sin excepción— han prometido hace años cuando estaban en la oposición, pero que nunca han cumplido cuando han gobernado.
El corredor mediterráneo ferroviario permitiría la retirada de la mayoría de los camiones que transportan mercancías y que hoy circulan de forma temeraria por la AP-7
El corredor mediterráneo ferroviario permitiría la retirada de la mayoría de los camiones que transportan mercancías y que hoy circulan de forma temeraria por la AP-7 y tendría un impacto muy favorable en el crecimiento económico de Catalunya. Por eso ningún gobierno español, cuando llega el momento de la verdad, permite que se construya —la propuesta oficial del Estado español ante la Unión Europea (UE) es hacerlo pasar, por inverosímil que parezca, por Madrid— y por eso la insinuación del actual president de la Generalitat sobre los peajes no es baladí, porque lo que realmente busca es continuar teniendo a Catalunya anestesiada ante la política de degradación constante del país que practica de acuerdo con las directrices que desde el primer momento le ha marcado el jefe del Gobierno, Pedro Sánchez. Es el objetivo que a cara descubierta siempre ha acariciado el PP y que de una manera más sibilina, y por tanto más peligrosa y eficaz, el PSOE también persigue con la ayuda inestimable del palanganero del PSC.
Volver a poner peajes en la AP-7 sería, según cómo se llevara a cabo, hacer recaer nuevamente sobre los bolsillos de los catalanes la mala gestión de unos gobernantes tan ineptos como torpes. Esto, aunque pueda parecer increíble, es lo que en la práctica Salvador Illa pide al Gobierno que haga, aunque con la condición de que lo aplique en toda España, como si esperara que los españoles, que nunca han pagado peajes, hubieran cambiado y fueran tan generosos que aceptaran pagarlos y como si no supiera que el modelo español en todo es siempre el mismo: que paguen los catalanes. La pregunta que debería planteársele es por qué, en lugar de todo esto y dado que la autopista es de titularidad estatal, no lucha para que el coste del mantenimiento y la conservación corra a cargo del Estado, como sí sucede en otras autonomías, y para que no tenga que repercutir una vez más en los contribuyentes.
Una mala iniciativa, la de la recuperación de peajes, en resumen, que Catalunya no puede permitirse que se implemente y que los catalanes —más allá del deplorable papel habitual de los partidos— deberían hacer todo lo que fuera necesario para impedir que salga adelante.