Finalmente ha salido el barómetro del Centre d’Estudis d’Opinió (CEO). La ola del primer trimestre de este año no se ha publicado cuando tocaba, durante el mes de marzo o abril, por dificultades y retrasos administrativos difíciles de entender si se conoce el funcionamiento de la Administración. En todo caso, finalmente tenemos el mejor estudio sobre la opinión pública que se hace en nuestro país y, por lo tanto, vienen días y semanas de analizarlo a fondo. Ciertamente, hay mucha miga, para quien sabe encontrarla y leerla, más allá de los titulares llamativos sobre cuántos escaños sacaría cada partido en unas elecciones al Parlament de Catalunya o sobre la valoración de los líderes políticos. El barómetro tiene 136 páginas de datos y vale la pena leerlas de la primera a la última.
La principal novedad de este barómetro del CEO, desde mi punto de vista, es la fortaleza creciente del independentismo. No es un tema menor, teniendo en cuenta tres factores que les juegan en contra: los partidos independentistas no gobiernan la Generalitat de Catalunya ni el Ayuntamiento de Barcelona, el independentismo todavía no se ha rehecho emocionalmente de la derrota de 2017 y la propaganda unionista no cesa por tierra, mar y aire para fijar el marco mental de la "normalización" y "pasar página". Si miramos los datos del barómetro, hoy un 45% de los catalanes quieren la independencia de Catalunya, frente a un justísimo 51% que no la quieren. Es la mejor cifra para el independentismo desde 2020. Esto significa que, si el independentismo araña solo tres puntos, ya se llega al empate. Por cierto, cabe destacar la subida fortísima del independentismo entre los jóvenes. Globalmente, un 36% de los catalanes quieren un Estado independiente frente a un 30% que quieren vivir en una autonomía española. En el anterior CEO ganaban los que defienden que Catalunya debe ser una autonomía. Como siempre, se pregunta quién quiere vivir en un Estado catalán dentro de una España federal, una opción tan confortable como imaginaria que defiende un 22% de los catalanes. Por si a alguien todavía no le queda claro qué piensan los catalanes, la monarquía española es la institución peor valorada por la población, con un rotundo suspenso del 2,2 y solo una aprobación del 25%. Para comparar, la Generalitat de Catalunya es la segunda institución mejor valorada, solo por detrás de los ayuntamientos.
El CEO apunta a una posible mayoría absoluta independentista en el próximo Parlament de Catalunya
Este resurgimiento sociológico del independentismo tiene su traducción correspondiente en unas posibles elecciones parlamentarias. Al margen de qué partido independentista queda primero o segundo o tercero (yo vaticino una especie de triple empate técnico en la segunda posición entre ERC, Junts y AC), el CEO apunta a una posible mayoría absoluta independentista en el próximo Parlament de Catalunya. Si cogemos la horquilla baja de la previsión de voto a los cuatro partidos soberanistas, tendríamos 67 escaños de estos partidos. En la horquilla más alta, tendríamos 74. La mayoría absoluta son 68 escaños o más. No nací ayer y sé perfectamente que esta mayoría absoluta del independentismo no sería operativa para formar ningún gobierno ni impulsar ninguna política conjunta nacional. De nuevo, la división ideológica y los vetos convertirían una victoria en una derrota. Pero la idea de fondo, para mí, es que los independentistas no solo no retroceden, sino que avanzan y pueden dominar la cámara legislativa del país. Y lo hacen a pesar de que todo les juega en contra y de que hoy ser independentista no está de moda en muchos ámbitos sociales del país. A mí me han llegado a decir: "¿Todavía estás con eso?". Pues sí, cientos de miles de catalanes y catalanas todavía "estamos con eso".
Esta mayoría absoluta de los partidos independentistas tiene otra derivada muy relevante. La configuración del próximo Parlament de Catalunya, si el CEO se cumple, aboca al país a una situación muy cercana a la ingobernabilidad. En la horquilla más alta, el tripartito solo suma por dos escaños; solo con que el PSC, ERC o Comuns no lleguen a su horquilla más alta, ya no sumarán. El retroceso del PSC sería la causa principal, algo que sorprende teniendo en cuenta que gobiernan con manos libres en Catalunya, Barcelona y España. Tampoco sumaría un imposible gobierno unionista duro formado por el PSC, PP y Vox. La única mayoría estable de gobierno pasaría por un ejecutivo de PSC, ERC y Junts, pero ahora mismo me parece poco factible. No tengo ninguna duda de que, en este escenario, serían muchos quienes defenderían esta opción, ante un previsible gobierno central de PP y Vox hostil a Catalunya. Algunos querrían construir un frente democrático catalanista para combatir la involución, pero no nos engañemos: la única alternativa real al españolismo siempre es la independencia, y no resistir en la barricada esperando a una España mejor que tampoco llega. Por eso no veo por ningún lado una mayoría operativa en el próximo Parlament de Catalunya. Esta parálisis abocaría a una repetición electoral, pero eso es harina de otro costal y, a la postre, todavía faltan dos años para las elecciones, si no se convocan de forma anticipada.