La causa de un incendio nunca es solo una chispa; le hace falta combustible para poder calcinarlo todo. Y este combustible se llama burocracia, se llama dejémoslo para otro día que hoy tengo jaqueca, se llama mejor destinemos el tiempo y el dinero a otra cosa, que sacaremos más beneficios… Hoy me gustaría dar voz a los payeses, porque, si hay alguien que conoce la tierra, que la trabaja, que interactúa con ella, que la observa, que la escucha, que la ama, que es consciente de que depende de ella y que mínimamente la entiende (porque una comprensión completa de la naturaleza solo la puede tener Dios), no es un funcionario encerrado en una oficina que sigue las órdenes de alguien que cree que los tomates salen del mismo lugar que los huevos, es decir, del supermercado. El incendio de Les Gavarres, teóricamente provocado por las chispas de una sierra radial de un trabajador en un margen de la carretera, no habría pasado de la anécdota si detrás de todo ello no hubiera habido una mala gestión de los bosques y no se hubieran ignorado los conocimientos de los payeses, como muy bien explica Arnau en este vídeo de Instagram. Cuando los humanos creen que son dioses y que pueden modificar los ciclos de la naturaleza sin que haya consecuencias desastrosas, pasan estas cosas. Y entonces todos cagando leches a buscar culpables para sacudirnos las responsabilidades de encima. Qué fácil es dar órdenes y señalar a culpables desde un despacho mientras hay bomberos que se juegan la vida por una mala gestión y por la incompetencia de algunas personas. Aunque a algunos les parezca increíble, para algunas personas los bosques, la naturaleza, son algo más que una foto de Instagram.
Qué fácil es dar órdenes y señalar a culpables desde un despacho mientras hay bomberos que se juegan la vida por una mala gestión
Lo que también es sorprendente (en todas las desgracias, siempre hay culpables colaterales) es cómo algunas personas (no sé si con sus hijos a bordo del coche; cosa que lo hace aún más irresponsable e, incluso, me atrevería a decir, punible) a pesar del incendio, se iban al Empordà a disfrutar de su merecido chapuzón en el mar ("¿Quién te ha dicho a ti las copas de vino que yo tengo o no tengo que beber? Déjame que las beba tranquilo mientras no ponga en riesgo a nadie ni haga daño a los demás", que diría Aznar). Y si a causa de su imprudencia hubieran muerto calcinados, todos a buscar culpables otra vez en el lugar que no toca. Se supone que esta gente son adultos sin deterioro cognitivo. No sé por qué os da tanto miedo que los robots nos sustituyan si la mayoría de la gente ya son robots: están programados para trabajar de algo que no les gusta, para cagarse en el trabajo que no les gusta y para ir de vacaciones un mes al año (en el mejor de los casos) para poder aguantar un año más en el trabajo que no les gusta (y no hablo de la gente que no tiene más remedio que trabajar donde trabaja, sino de la gente que trabaja allí por miedo a los cambios o porque les gusta quejarse). Dicho así, puedo entender que su prioridad sea tirarse al agua aunque eso suponga atravesar llamas de dos metros para llegar al objetivo. Si Moisés pudo abrir el mar en canal, ellos —por supuesto— pueden atravesar unas llamas de nada con su crossover híbrido (para no contaminar mientras infringen la ley). No reflexionan y, sin mirar más allá de su ombligo, van al grano. Y mañana será otro día.
Siempre me he preguntado, y sobre todo ahora que soy autónoma, por qué la burocracia tiene que ser tan pesada, retorcida y —muy a menudo— absurda. Por los casos de corrupción (de las izquierdas más altruistas que han existido jamás) que están apareciendo últimamente, diría que esta pesadez tampoco es garantía de nada y que, más que control, hay un descontrol absoluto. Quizás sería un buen momento para replantearlo todo, para invertir dinero donde realmente hace falta y para escuchar a las personas adecuadas, a las que tienen conocimientos del tema de verdad y que no se dejan deslumbrar por la avaricia, porque, más que actividades para atraer aún a más turistas a Catalunya (y enriquecer a los de siempre), lo que nos hace falta es salvaguardar la naturaleza antes de que sea demasiado tarde. Un país no se destruye solo; hacen falta muchos voluntarios sin manías ni valores para hacerlo posible. Reflexionemos.