ESCENA 1: BARRIO DE UNA CIUDAD CUALQUIERA DE CATALUNYA. EXTERIOR/DÍA
Se encuentran una CHICA y un CHICO que hace veinticinco años que son vecinos. La CHICA es catalanohablante; el CHICO, desgraciadamente, no —¡pero no es culpa suya!, sobre todo que quede muy claro—.
CHICA
¡Hola, buenos días! ¿Tienes fuego? (en catalán)
CHICO
Claro… Toma.
CHICA
Perdona por hablarte en catalán, CHICO. Lo siento muchísimo. No lo hago expresamente, me criaron en la catalanidad; yo no lo elegí. Por suerte o por desgracia, me tocó nacer en una familia que amaban los pronombres febles por encima de todas las cosas. Mi intención no era ofenderte hablándote en catalán, de verdad, te lo prometo. Es que es la lengua que he mamado de pequeña y con la que me siento más cómoda. Lo siento mucho si te has sentido menospreciado, maltratado o humillado porque, en vez de hablarte en castellano en Catalunya, te he hablado en catalán. (en catalán)
CHICO
No, no pasa nada; puedes hablarme en catalán. De hecho, sé una palabra en catalán: migdiada.
¡Qué cruel y fascista puede ser la gente! ¡Y doy gracias de que hacéis el esfuerzo de aprender una palabra catalana cada veinticinco años!
CHICA
¡Ostras, migdiada! ¡Increíble! ¡Muchas gracias! ¡Eres supergeneroso! Te agradezco mucho que me dejes hablar en catalán en Catalunya; no sé cómo podré agradecerte toda esta generosidad. Y además has aprendido una palabra en catalán a pesar de llevar solo veinticinco años viviendo aquí. Haré un tuit en X y una historia en Instagram para que todo el mundo sepa lo que has hecho por Catalunya. Necesitamos más gente como tú. Esto hará callar muchas bocas, a todos esos que dicen que las personas que vienen de territorios castellanohablantes no se integran. ¡Qué cruel y fascista puede ser la gente! ¡Y doy gracias de que hacéis el esfuerzo de aprender una palabra catalana cada veinticinco años! De desagradecidos, el mundo está lleno. No les hagas caso a esos fascistas intolerantes. No estáis obligados a aprender el catalán y, aun así, de una manera completamente altruista, os gastáis tres segundos de vuestro valioso tiempo en aprender que siesta en catalán se dice migdiada. ¡Muchas gracias otra vez! Si necesitas cualquier cosa —y cuando digo cualquier cosa, quiero decir cualquier cosa: que te limpie todo tu piso gratuitamente o te haga la compra de la semana a mi cargo…—, ya sabes dónde encontrarme. (en catalán)
CHICO
Bueno, hago lo que puedo; me cuesta mucho aprender una lengua que no sea el español.
CHICA
No pasa nada, no hace falta que te justifiques; te entiendo perfectamente. Es complicadísimo aprender el catalán, sobre todo si tu lengua materna es el castellano, una lengua que sintácticamente, morfológica y semánticamente está tan alejada del catalán. No pretendía que te lo tomaras como un reproche; de hecho, es todo lo contrario, me has hecho muy feliz hablando en castellano todo el rato y diciendo una sola palabra en catalán. Te lo vuelvo a repetir: mi casa es tu casa, para todo lo que necesites. (en catalán)
CHICO
Bueno, ahora que lo dices, si quieres, puedes venir mañana a limpiarme el piso; hace días que no tengo tiempo de hacerlo. Mejor vente por la tarde, hacia las seis, que antes estaré haciendo la migdiada (El CHICO sonríe). Muchas gracias. Y ahora me voy, que llego tarde a clase de inglés.
La CHICA, con el corazón compungido, se arrodilla delante de él y, con las manos en el pecho como si rezara, le dice mirándolo a los ojos (plano contrapicado para mostrar la sumisión de la CHICA hacia el CHICO):
CHICA
Perdona, no te quería entretener. Que te lo pases muy bien aprendiendo inglés; es una lengua que te servirá para todo. Cuídate. Nos vemos mañana; ya traeré la fregona, los trapos, los productos de limpieza y el aspirador de mi casa para que no tenga que usar los tuyos. (en catalán)
CHICO
Perfecto. Aprovecharé para ir a tomar unas cervezas a tu salud mientras limpias.
ESCENA 2: TIENDA DE ROPA DE UNA CIUDAD CUALQUIERA DE CATALUNYA. INTERIOR/DÍA
La CHICA se dirige a una DEPENDIENTA castellanohablante que tiene veinticuatro años y ha nacido en Catalunya.
CHICA
Perdona, ¿tendríais una talla M de esta camiseta? ¡Me ha encantado! (en catalán)
DEPENDIENTA
No te entiendo; háblame en español, que estamos en España.
CHICA
No, decía que si tienes una talla M…; pero no pasa nada, ya la buscaré yo, no pretendía ofenderte. Debes tener mucho trabajo y yo, egoísta de mí, hablándote en catalán en Catalunya. Lo siento mucho. (en catalán)
DEPENDIENTA
¡Qué pesada eres con el puto catalán! ¡Estamos en España, coño!
CHICA
Perdona, solo quería comprar una camiseta, pero la dependienta siempre tiene la razón. No volverá a pasar. El próximo día ya me las apañaré para encontrar la talla M para no molestarte. (en catalán)
DEPENDIENTA
¡Estás como una puta cabra!
CHICA
¿Quieres que venga a tu casa a hacerte la limpieza para compensarte todo este estrés que te he hecho pasar? (en catalán)
La DEPENDIENTA llama al VIGILANTE DE SEGURIDAD y le pide que eche a la CHICA de la tienda.
DEPENDIENTA
Esta tía está loca; me está acosando; dice que sabe dónde vivo… ¡Sácala de aquí!
VIGILANTE DE SEGURIDAD
Pa eso estamos. ¡Venga, pa la xxxx calle!
ESCENA 3: IMAGEN AÉREA DE CATALUNYA. EXTERIOR/DÍA
Va apareciendo lentamente este texto desplazándose hacia arriba sobre la imagen aérea de Catalunya:
La CHICA fue internada en un psiquiátrico al día siguiente de que la echaran de la tienda. Actualmente, sigue internada allí y no para de repetir la palabra migdiada. El CHICO abrió una empresa de limpieza y dio trabajo (sin cobrar, claro) a más de 100 catalanes. La DEPENDIENTA compró la tienda de ropa donde trabajaba y prohibió la entrada a los catalanohablantes. El VIGILANTE DE SEGURIDAD se casó con ella y actualmente tienen un hijo que dice que de mayor quiere ser president de Catalunya para convertirla en una provincia más de España.
FINAL DE LA PRIMERA PARTE