Perdonad, llego tarde, pero es que estos días he quedado eclipsada con tanta estupidez. Parece que en Catalunya ya no queda gente adulta y sensata. Que tenemos un Govern (sea del partido que sea) que roza la locura (inaugurar un eclipse es un claro ejemplo de ello, pero ni mucho menos el único) y que, de lo que promete, no cumple ni las comas (nunca pactaremos con los del 155), hace años que lo sabemos (y, aun así, la mayoría los siguen votando). Otra cosa que también sabemos es que, cuando viajas con Renfe, sabes dónde empieza el trayecto, pero nunca dónde —y cómo— acaba. Lo que nos cuesta más ver es que, si tenemos el Govern que tenemos (y el transporte ferroviario que tenemos), es porque —dejando de lado que los políticos mienten más que trabajan— la base (quien los vota) está un poco tocada. Me explicaré mejor, no os preocupéis. Que yo sepa, el eclipse se podía ver con un 98,85% de visibilidad (ya sé que no es un 100%, pero diría que, cuando en el trabajo das un 98,85% de ti en vez de un 100%, nadie lo nota) desde la mayoría de los balcones, azoteas, ventanas, jardines —y, si mucho me apuráis, incluso desde algún patio de luces— de Catalunya. Entonces, ¿a santo de qué la mayoría de la gente tuvo que ir en formato rebaño hacia Tarragona a saturarlo todo y a hacer el Indiana Jones encima de un vagón de tren? Ya sé que la Luna se colocaba delante del Sol y que esto solo pasa en Catalunya cada muchos y muchos años, pero también hay gente que cambia las sábanas de la cama una vez al año y no por eso se monta todo este jaleo.  

¿Hay alguien que, además de quejarse, asuma que en una sociedad adulta y avanzada —aparte de unos derechos— tiene unos deberes?

¿Renfe y Adif deberían funcionar mejor? Sí, todos sabemos (nadie puede decir lo contrario) que sí; no hace falta ni discutirlo. Otra cosa que también sabemos todos es que, hoy por hoy, Renfe y Adif no funcionan nada bien. Nada. Entonces, ¿por qué demonios la gente se sorprende cuando no puede volver a casa después de aglomerarse más de la cuenta? Lo que me sorprendió más de todo, y quiero pensar que fue a causa de los efectos del eclipse, es que la gente prefirió meterse en el tren —caiga quien caiga (literalmente)— como una sardina enlatada y correr el riesgo de morir asfixiado que buscar un hotel —o incluso un descampado— para pasar la noche y sobrevivir. ¿De verdad una persona adulta, con todas las facultades mentales intactas, es capaz de tomar todas estas decisiones —subir a un vagón de tren incluido— sin ni siquiera plantearse una alternativa —ni las consecuencias que pueden tener sus actos—? ¿Tanto os gusta aglomeraros? Y pensar que la mayoría de vosotros podríais haber disfrutado del fenómeno desde el balcón de vuestra casa sin tener que sufrir todo este maltrato de Renfe (que podía prever cualquier persona un poco reflexiva). A admirar la belleza de las Terres de l’Ebre y de Tarragona, podéis ir cualquier otro día del año; seguro que también podréis sacar una buena foto para colgarla en Instagram y conseguir muchos me gusta. ¡Ojalá la gente se movilizara así cuando algún energúmeno pisotea los derechos lingüísticos de los catalanes! Pronto se habría acabado el problema.

Y yo me pregunto: ¿hay alguien al volante en este país? ¿Hay alguien que, antes de tomar una decisión, valore los pros y los contras? ¿Hay alguien que, además de quejarse, asuma que en una sociedad adulta y avanzada —aparte de unos derechos— tiene unos deberes? Porque el problema que tenemos no es solo a causa de un Govern —no lo estoy justificando en absoluto— inepto, es que vivimos en una sociedad infantilizada y narcisista que no quiere asumir ninguna responsabilidad porque vive mucho mejor quejándose. Una sociedad funciona si todo el mundo pone su granito de arena; si no, es un fracaso absoluto —como muy bien podemos comprobar cada día—. Por cierto, ¿ya habéis reservado hotel en Ceuta para el eclipse total de Sol del año que viene o preferís iros a casa a dormir?