Los partidos tradicionales hace tiempo que han enfocado todo su discurso, toda su actividad, en definitiva, toda su razón de ser a, dicen ellos, combatir la extrema derecha. Hablen de lo que hablen, la extrema derecha acaba siendo siempre la culpable de todos los males y el espantajo que amenaza el futuro. Durante cierto periodo la estratagema les funcionó y los electores los votaban como mal menor para evitar, ciertamente, que llegara la extrema derecha. La bula, sin embargo, se les ha acabado y ahora dar miedo con la excusa de la extrema derecha ya no les funciona. Al contrario, les ha salido el tiro por la culata, de manera que cuanto más claman en contra, más votos le dan y más pierden ellos. Tanto es así que ha llegado el punto en que muchos electores que de extrema derecha no tienen nada la votarán solo para hacer la puñeta a estos partidos tradicionales que han perdido completamente el norte.
Esta es una dinámica que puede decirse que es igual en todas partes, cuando menos en Europa. En Francia con el Frente Nacional, en Alemania con Alternativa por Alemania —que, por cierto, acaba de ganar de manera abrumadora las elecciones en Sajonia-Anhalt—, en todo caso, la cuestión es especialmente ejemplificadora de cómo actúan los cordones sanitarios en contra de la llamada, lo sea o no, extrema derecha. Las formaciones autoproclamadas de izquierda, desde la CUP al PSC pasando por ERC y los Comuns, lideran el combate prácticamente diario contra Aliança Catalana, pero la supuesta derecha catalanista, JxCat, hace exactamente lo mismo y con los mismos mecanismos —incluso recurriendo a la retórica del nacionalismo étnico típica del discurso del españolismo—, cosa que la deja completamente desubicada. La primera consecuencia ha sido que las expectativas electorales del partido de Sílvia Orriols se han disparado y, de los dos diputados que obtuvo en 2024, cada vez se acerca más, según las encuestas, a los 30 en 2028 y a convertirse en la primera fuerza del catalanismo por delante de JxCat y ERC.
Antes que nada, sin embargo, hay que aclarar qué significa extrema derecha para entender qué sucede realmente. En Catalunya, extrema derecha ha sido siempre el término para referirse a los ultras españoles, a los fachas españoles, que desde el franquismo hasta ahora han sido y son muy numerosos. La extrema derecha, o la ultraderecha, que para el caso viene a ser lo mismo, es, pues, esto. Aliança Catalana no entra dentro de estos parámetros y no se la puede definir, por lo tanto, como una fuerza de extrema derecha. En todo caso, se podría decir que es un partido ultraconservador. Ahora bien, ¿preconizar la igualdad entre hombre y mujer es ultraconservador? ¿Amparar los derechos de la población LGTBIQ+ es ultraconservador? ¿Defender el derecho al aborto es ultraconservador? ¿Priorizar el uso del catalán como lengua única en Catalunya es ultraconservador? ¿Proteger la identidad catalana es ultraconservador? ¿Aspirar a la independencia de tu país es ultraconservador? Si nada de todo esto, que forma parte del ideario de la formación de la alcaldesa de Ripoll, lo es, menos será todavía de extrema derecha. Y los catalanes que consideran que sí que lo es tienen un problema, que podrían resolver leyendo un artículo sobre Sílvia Orriols publicado recientemente en The New York Times en el que el autor, el periodista Christopher Caldwell, en ningún momento usa los términos extrema derecha ni ultraderecha para referirse a ella.
El verdadero dilema gira alrededor del hecho de que Aliança Catalana, al entender que la civilización occidental y el mundo islámico son incompatibles, defiende un control estricto de la inmigración, y de manera muy especial de la inmigración musulmana, y apuesta sin tapujos por medidas como, por ejemplo, el reforzamiento de los controles fronterizos y las deportaciones. Nada diferente de lo que hace unos días acordaron Italia —presidida por la ultraconservadora Giorgia Meloni— y Dinamarca —dirigida por la socialdemócrata Mette Frederiksen— para hacer frente común contra la "inmigración descontrolada". ¿Que a causa de esta posición el partido de Sílvia Orriols puede ser acusado de islamófobo? Seguramente. ¿Pero es que quizás los inmigrantes musulmanes que rechazan integrarse y que hacen bandera de su antagonismo hacia la sociedad occidental no son occidentalófobos? Y si tienen que elegir, ¿en qué lado prefieren estar los catalanes, en el de la islamofobia o en el de la occidentalofobia?
Cuanta más sal le echen al arroz, cuantas más pintadas en contra le hagan, cuanto más abucheen a los candidatos, cuanto más prohíban que Sílvia Orriols celebre el Onze de Setembre en el fossar de les Moreres, cuanto más suban de tono las amenazas, más votos sacará Aliança Catalana
Este componente es el que, al juicio de JxCat y ERC, aleja Catalunya de la independencia, en la medida en que con ello Aliança Catalana "excluye a los diferentes" y "predica el odio" contra una parte de la propia sociedad —en referencia justamente a los inmigrantes—, cuando históricamente el catalanismo se ha caracterizado por la defensa de los valores "vinculados a la libertad y la cohesión social" y lo contrario, en consecuencia, "es incompatible con la construcción de un futuro compartido". Estos son, resumidos, los inconvenientes que Jordi Turull y Oriol Junqueras encuentran en la que para ellos es la formación de extrema derecha y de ultraderecha de la alcaldesa de Ripoll. Más allá de la demagogia que contienen razonamientos de este tipo, porque no hacen ningún tipo de distinción entre, por ejemplo, la inmigración legal y la inmigración irregular, la pregunta se formula sola: ¿de verdad que Aliança Catalana aleja la independencia más de lo que, como mínimo desde 2017 y de hecho desde antes incluso, la han alejado JxCat —y sus predecesores— y ERC?
El argumento también se utiliza para señalar a Aliança Catalana como agente infiltrado de los servicios secretos españoles, el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), para torpedear precisamente la independencia, y lo curioso es que algunos de los que ahora lanzan la acusación contra Aliança Catalana antes habían dicho exactamente lo mismo de la CUP. En resumidas cuentas, el caso es que la partidocracia catalana le está haciendo gratis la campaña a Sílvia Orriols y a su partido. Los de la pseudoizquierda porque solo ellos son los depositarios de la pureza ideológica permitida en Catalunya y los de la derecha errática porque cada vez ven de más cerca las orejas al lobo, y todos juntos sin ganas de darse cuenta de que los comportamientos excluyentes, xenófobos y fascistas que atribuyen a Aliança Catalana son los mismos que ellos ponen en práctica respecto de Aliança Catalana. El triunfo de Alternativa por Alemania en Sajonia-Anhalt debería servir para que estos partidos del sistema, en lugar de escandalizarse porque cada vez más gente vota a la extrema derecha, se pregunten por qué la vota, porque resulta que son justamente ellos los responsables de que lo haga.
¿De verdad que Aliança Catalana destila más odio que el odio que los españoles destilan contra los catalanes? ¿No tienen suficiente con el ejemplo de los jóvenes apaleados en Elx y Alcorcón, antes de los partidos contra el Barça y el Europa, por la policía española por llevar una estelada? ¿Por qué todos los boicots que le hacen a Aliança Catalana no se atreven a hacerlos a Vox o a Núcleo Nacional? ¿Quién es que realmente piensa y actúa en clave española, la formación de la alcaldesa de Ripoll o los masoveros de la colonia? Cada vez que a Salvador Illa se le agria el carácter al responder a Sílvia Orriols en el Parlament, cada vez que Josep Rull le retira la palabra y los órganos de la Cámara amenazan con sancionarla, cada vez que los Comuns la insultan desde el escaño sin que el presidente intervenga, cada vez que la CUP le boicotea un acto, que son especialistas, el contador de los apoyos electorales a Aliança Catalana echa humo.
Cuanta más sal le echen al arroz, cuantas más pintadas en contra le hagan, cuanto más abucheen a los candidatos, cuanto más prohíban que Sílvia Orriols celebre el Onze de Setembre en el fossar de les Moreres, cuanto más suban de tono las amenazas, más votos sacará Aliança Catalana y más votos de gente que de extrema derecha no solo no tiene ni un pelo, sino que podría darles lecciones de democracia a todos juntos. Y menos votos sacarán la CUP y compañía, que a este ritmo acabarán desapareciendo del mapa y entonces todo serán quejas y llantos. Habérselo pensado antes, esto de hacerle la campaña gratis.