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La moda de actores convertidos en expertos en geopolítica empieza a ser una plaga bíblica. No teníamos suficiente con los actores pancarta, que aprovechan cualquier premio para dar la tabarra ideológica, que ahora se ha elevado el listón y, aparte del pañuelo, la consigna, el puño alzado y etcétera, también aprovechan las entrevistas para soltar cualquier análisis de temas complejos, con la arrogancia de los simplistas.

Sin duda, Javier Bardem es el maestro de maestros, siempre dotado de una pretendida superioridad moral que, cuando se despoja de gestualidad, queda en simple intransigencia dogmática. Lo peor es que a veces se trata de actores buenos, con los que disfrutamos en las películas, pero que, desgraciadamente, cuando dejan de seguir el guion y abren la propia boca, quedan como unos zoquetes ignorantes. En ningún sitio está escrito que saber actuar signifique saber analizar, opinar, pensar..., como queda demostrado muchas veces. Pero por aquello de la mitomanía colectiva, cualquier tontería dicha por un famoso se convierte en un análisis profundo.

Este sería el caso del actor que protagoniza Cronos, la película sobre el atentado del 17-A que ha recibido 2,5 millones de euros en subvenciones públicas del Institut Català de les Empreses Culturals y del Instituto de la Cinematografía de las Artes Audiovisuales. Es decir, una película que se ha hecho con dinero del Govern de Illa y con dinero del Gobierno Sánchez, lo cual debe explicar por qué se ha rodado en castellano y por qué no trata ni las vinculaciones del imán con el CNI, ni las irregularidades judiciales, ni las preguntas que reclaman las víctimas y no han tenido respuesta. El atentado de las Ramblas merece muchas películas, pero cabría desear que se hicieran con la voluntad de poner luz a la oscuridad que rodea los hechos, y no para bailarle el agua al relato oficialista. Para eso, ya sirve el BOE.

¿Sería mucho pedir que un actor que quiere promocionar una película lo haga sin aprovechar la ocasión para hacer doctrina de sabelotodo barato en temas tan sensibles? Si no sabe de yihadismo, sencillamente que calle. Y, sobre todo, que no ofenda

Película aparte (que ya nace con estas "sonoras" carencias), solo faltaban las barbaridades que ha proferido su actor principal, Enric Auquer, en las entrevistas de promoción. Entre otros disparates, ha llegado a equiparar "el odio" del partido Aliança Catalana con el odio que alimentaba el imán de Ripoll. Y, a la vez, ha reclamado "autocrítica" por la "responsabilidad" que tenemos nosotros por la radicalización de los autores de la matanza. Es decir, por un lado ha equiparado un partido democrático a unos asesinos que segaron la vida a 16 personas, y lo ha hecho sin despeinarse, con la impunidad que tienen estos progres caviar. Habrá que preguntarse qué opinarán de este exabrupto los miles de catalanes que votan a este partido. Y, por otro, ha aprovechado la entrevista para soltar toda la retahíla del wokismo buenista (tan propio de este tipo de izquierdas), sin la menor vergüenza por la enorme ignorancia que demuestra. Explicar a este actor las conexiones internacionales del yihadismo, su entramado financiero, la capacidad de adoctrinamiento a través de todo tipo de medios y el hecho de que se basa en una ideología totalitaria seductora y letal sería un trabajo excesivo. O explicarle cómo esta ideología totalitaria tiene un odio profundo a los valores occidentales y a la sociedad democrática, al tiempo que cultiva un espíritu de conquista que acumula miles de muertos. Creer, además, que es un tema de pobreza, cuando el yihadismo mueve miles de millones, añade más inopia al discurso. En todo caso, es inaceptable que se quiera responsabilizar a la gente de Ripoll (esto es lo que da a entender su discursito) o a los catalanes, o a quien sea, de una ideología que nace a miles de kilómetros y que se ha convertido en una amenaza global. ¿Sería mucho pedir que un actor que quiere promocionar una película lo haga sin aprovechar la ocasión para hacer doctrina de sabelotodo barato en temas tan sensibles? Si no sabe de yihadismo, sencillamente que calle. Y, sobre todo, que no ofenda.

Sinceramente, ¡qué manera tan extraña de promocionar una película! Ya teníamos bastante haciendo el favor al poder español de no tocar el tema del CNI, ni hacerse ninguna pregunta. Ya habían cumplido con los millones recibidos, de modo que no hacía falta hacer el ridículo delante de un micrófono. Pero parece que la doctrina Bardem causa furor, y ahora los actores también son expertos en geopolítica. La tabarra que nos espera.