La confirmación de que Pedro Acosta se incorporará a Ducati de cara a la temporada 2027 no ha suavizado el clima interno en Borgo Panigale. Al contrario, la planificación a medio plazo del fabricante italiano ha abierto una brecha evidente con Marc Márquez, actual campeón del mundo con la Desmosedici y piedra angular del proyecto deportivo.
La decisión de asegurar el fichaje del murciano para el nuevo ciclo reglamentario responde a una estrategia clara de futuro. Ducati quiere blindar talento joven antes de que el mercado vuelva a agitarse y posicionarse con una figura llamada a liderar la próxima generación. Sin embargo, ese movimiento no ha sido recibido con entusiasmo por parte de su piloto estrella.
Marc Márquez pretendía que la fábrica apostara por su hermano Álex dentro de esa hoja de ruta. La elección de Acosta, aun con horizonte 2027, ha sido interpretada como una falta de respaldo hacia su entorno más cercano. En este sentido, el malestar no es inmediato por convivencia en el box, sino por la lectura estratégica que implica la decisión.
Una apuesta de futuro que incomoda en el presente
Aunque la llegada de Acosta no se materializará hasta 2027, el anuncio tiene efectos desde ahora. En MotoGP, los proyectos se construyen con años de antelación, y las decisiones contractuales envían mensajes internos muy claros. Ducati ha señalado quién considera parte esencial de su futuro a medio plazo.

Para Márquez, esa señal tiene una doble interpretación. Por un lado, entiende la lógica deportiva de incorporar a uno de los talentos más prometedores del campeonato. Por otro, percibe que su influencia en las decisiones estratégicas no ha sido determinante, especialmente cuando se trataba de una cuestión que afectaba directamente a su hermano.
No es ningún secreto que el campeón valora la cohesión interna y la confianza mutua como pilares de su rendimiento. La negativa a priorizar a Álex introduce una fisura en esa relación, incluso aunque el escenario práctico no se produzca hasta dentro de dos temporadas.
Gestión interna hasta el cambio de ciclo
Ducati se enfrenta ahora a un equilibrio delicado. Debe mantener la estabilidad deportiva en 2026 y 2027 con un campeón que sigue siendo su mejor baza inmediata, mientras integra progresivamente a una figura llamada a liderar el siguiente ciclo técnico.
La llegada diferida de Acosta ofrece margen de maniobra, pero también prolonga la tensión latente. Cada decisión técnica o estratégica será observada bajo el prisma de esa elección inicial. Llama especialmente la atención que el conflicto no derive de resultados en pista, sino de la planificación estructural del equipo.
Pedro Acosta aterrizará en 2027 en una estructura campeona, pero lo hará en un contexto donde las sensibilidades internas ya han quedado expuestas. La gestión de esa transición marcará el tono del nuevo ciclo. Ducati ha apostado por el futuro; ahora debe asegurarse de no comprometer la estabilidad del presente.