La llegada de Marc Márquez a Ducati supuso uno de los movimientos más trascendentales de los últimos años en MotoGP. El piloto español no tardó en demostrar que su adaptación a la Desmosedici era algo más que una apuesta mediática. La temporada pasada se proclamó campeón del mundo con la marca italiana, confirmando que su talento sigue intacto y que el proyecto deportivo funcionaba a la perfección.

En Borgo Panigale están más que satisfechos con su rendimiento. No es ningún secreto que Márquez ha elevado el listón competitivo dentro del box, aportando experiencia, capacidad de desarrollo y una mentalidad ganadora que ha fortalecido la estructura técnica. Su impacto en pista y en términos de resultados ha sido inmediato, consolidando a Ducati como referencia absoluta del campeonato.

Sin embargo, el equilibrio interno no es tan sencillo como reflejan los cronómetros. A pesar de la eficacia de Márquez, entre los principales responsables de la fábrica sigue existiendo una clara predilección por Pecco Bagnaia, el piloto formado en la órbita italiana y símbolo reciente del éxito rojo.

La identidad italiana pesa en Borgo Panigale

Bagnaia representa mucho más que resultados. Es el producto de una estructura nacional, el heredero natural de una tradición que en Ducati se valora especialmente. El año pasado ya se percibía esa inclinación interna hacia el piloto turinés, incluso cuando Márquez comenzaba a consolidarse como el referente deportivo. En este sentido, la preferencia no responde únicamente a criterios técnicos, sino también a identidad, imagen y arraigo.

El campeón italiano ha sido durante años el estandarte del proyecto. Su estilo de pilotaje, su perfil mediático y su conexión con la afición local lo convierten en un activo estratégico para la marca. La narrativa de un piloto italiano triunfando con la fábrica italiana tiene un peso simbólico difícil de igualar, incluso para una figura del calibre de Márquez.

Marc Márquez Pecco Bagnaia Ducati
Marc Márquez Pecco Bagnaia Ducati

Esa inclinación se mantiene esta temporada. Aunque el español vuelva a mostrar una versión competitiva y consistente, la sensación en determinados niveles directivos es que un título de Bagnaia tendría un valor emocional añadido para la compañía. Lo destacable en este caso es que esa preferencia convive con el reconocimiento explícito al rendimiento de Márquez, cuya profesionalidad no está en cuestión.

Un futuro incierto que condiciona el presente

La paradoja es evidente: mientras Márquez ofrece garantías deportivas inmediatas, el futuro de Bagnaia dentro del proyecto no está completamente asegurado. De cara a 2027, su continuidad aparece más fuera que dentro en determinados escenarios contractuales y estratégicos. Aun así, la consideración interna hacia el piloto italiano permanece intacta.

Ducati se mueve entre dos realidades. Por un lado, la lógica deportiva que respalda al vigente campeón con la Desmosedici; por otro, la dimensión institucional que impulsa a proteger la figura de Bagnaia como referente nacional. Esta dualidad genera una dinámica interna compleja, donde el rendimiento puro no es el único factor determinante.

En cualquier caso, la competitividad de la marca no se resiente. La estructura técnica continúa trabajando con ambos pilotos como activos fundamentales, conscientes de que el objetivo prioritario sigue siendo el título. Pero puertas adentro, las simpatías y afinidades siguen marcando diferencias. Márquez puede ganar en la pista, pero Bagnaia continúa ocupando un lugar especial en el imaginario de quienes dirigen la fábrica italiana.