El mercado del automóvil eléctrico ha dejado una de las situaciones más llamativas de los últimos años en Corea del Sur. Allí, el Tesla Model 3 se comercializa a un precio final cercano al de un Dacia Sandero en Europa, un hecho que rompe por completo con la percepción habitual de la berlina eléctrica estadounidense como un modelo de coste elevado. Esta circunstancia pone de relieve hasta qué punto el precio de un coche eléctrico puede variar de forma drástica según el país y su marco regulatorio.
Mientras en la mayor parte de Europa el Model 3 sigue posicionándose como una opción de acceso al segmento medio, en Corea del Sur su coste se ha reducido hasta niveles propios de un utilitario térmico. No es ningún secreto que el precio es uno de los principales frenos para la adopción masiva del coche eléctrico, y este caso demuestra que, bajo determinadas condiciones, esa barrera puede desaparecer casi por completo.
Un precio impensable en otros mercados
El dato más llamativo es el precio final que alcanza el Tesla Model 3 en Corea del Sur tras aplicar incentivos y ajustes fiscales. En determinadas versiones, el coste puede situarse en torno a los 30 millones de wones, lo que equivale aproximadamente a unos 21.600 euros al cambio. Esta cifra lo coloca en una franja similar a la de un Dacia Sandero bien equipado en mercados europeos, algo difícil de imaginar hace solo unos años.
Cabe destacar que no se trata de un vehículo básico ni de una versión recortada. El Model 3 que se vende en Corea del Sur mantiene su planteamiento como berlina eléctrica de tamaño medio, con un nivel tecnológico, de seguridad y de rendimiento muy superior al de cualquier modelo urbano de combustión. La comparación de precios, por tanto, resulta aún más impactante cuando se analiza desde la óptica del producto ofrecido.
Este escenario contrasta de forma clara con países como España, donde el mismo modelo supera ampliamente esa cifra incluso aplicando ayudas públicas. La diferencia final puede situarse en varios miles de euros, lo que evidencia una brecha notable entre mercados que, en teoría, comparten objetivos similares en materia de electrificación.
Incentivos, fiscalidad y estrategia
La clave de este precio tan bajo reside en una combinación de factores estructurales. En primer lugar, el sistema de ayudas a la compra de vehículos eléctricos en Corea del Sur resulta especialmente generoso cuando se cumplen ciertos requisitos de eficiencia y coste base. El Tesla Model 3 encaja dentro de estos parámetros, lo que permite acceder a subvenciones estatales y locales que reducen de forma sustancial el precio final.
Por otro lado, la fiscalidad aplicada a los coches eléctricos es claramente favorable. Los impuestos asociados a la adquisición y al uso del vehículo son sensiblemente inferiores a los que soportan los modelos de combustión, y también más bajos que en muchos países europeos. En este sentido, el entorno normativo coreano actúa como un catalizador directo para la bajada de precios.
Llama especialmente la atención la estrategia comercial adoptada por Tesla en este mercado. La marca ha optado por ajustar márgenes con el objetivo de ganar presencia frente a fabricantes locales muy consolidados. Esta política de precios agresiva refuerza el atractivo del Model 3 y lo convierte en una opción altamente competitiva dentro de su segmento, incluso frente a modelos térmicos de acceso.
Un impacto que va más allá de Corea del Sur
La venta de un Tesla Model 3 por unos 21.600 euros tiene implicaciones que trascienden el mercado coreano. Demuestra que el coste real de un coche eléctrico puede ser mucho más bajo de lo que reflejan algunos mercados, siempre que exista un marco adecuado. Este caso refuerza la idea de que la barrera del precio no es exclusivamente tecnológica, sino también política y fiscal.
Además, esta situación incrementa la presión sobre otros fabricantes y sobre los propios gobiernos. Si una berlina eléctrica de este nivel puede venderse a precio de utilitario, las expectativas del consumidor cambian y obligan al sector a replantear su estrategia a medio plazo. Por otro lado, pone en evidencia las limitaciones de los sistemas de ayudas en países donde el coche eléctrico sigue siendo percibido como un producto caro.
Así, el caso del Tesla Model 3 en Corea del Sur ilustra hasta qué punto el precio del coche eléctrico puede transformarse radicalmente según el contexto. Vender una berlina eléctrica avanzada a un coste similar al de un Dacia Sandero no solo es un hito comercial, sino también una muestra clara del margen de mejora que aún existe en otros mercados para acelerar la electrificación real del automóvil.