Hay maniobras al volante que muchos conductores realizan casi por inercia, sin plantearse si están permitidas o no. Una de ellas es la marcha atrás. Se utiliza a diario, especialmente en ciudad, pero la realidad es que su uso está mucho más limitado de lo que parece. La Dirección General de Tráfico lo deja claro: no se puede hacer libremente.

De hecho, solo está permitida en situaciones muy concretas. Y fuera de esos casos, puede suponer sanción.

Cuando sí puedes dar marcha atrás según la DGT

En este sentido, la normativa contempla tres supuestos muy claros en los que la marcha atrás es legal. El primero es cuando no es posible avanzar hacia delante. Esto ocurre, por ejemplo, en una calle sin salida o cuando un obstáculo bloquea completamente el paso.

aparcar dgt coche multas
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El segundo caso tiene que ver con la falta de espacio. Es decir, cuando no se puede cambiar de dirección o girar con normalidad. Esto es habitual en calles estrechas, vías rurales o zonas con curvas muy cerradas donde no cabe un giro completo.

El tercer supuesto es el más común en el día a día. Se trata de utilizar la marcha atrás como parte de una maniobra necesaria, como aparcar, salir de un estacionamiento o rectificar un movimiento mal calculado. Fuera de estos tres escenarios, dar marcha atrás no está permitido. Y aquí es donde muchos conductores cometen errores sin saberlo.

Los límites que no puedes superar

A partir de ahí, la DGT también establece restricciones muy concretas sobre cómo debe realizarse esta maniobra. La marcha atrás no puede superar los 15 metros de recorrido. Es una maniobra puntual, no una forma de circular. Además, está totalmente prohibido realizarla en autopistas y autovías, independientemente de la situación. Tampoco se puede invadir un cruce mientras se circula hacia atrás, ya que supone un riesgo elevado para el resto de usuarios. Otro punto clave es la forma de ejecutarla. Debe hacerse siempre a muy baja velocidad, señalizando correctamente y asegurando que existe visibilidad suficiente.

De este modo, la normativa no solo limita cuándo usarla, sino también cómo hacerlo. Así pues, la marcha atrás no es una maniobra libre, aunque lo parezca. Está pensada para situaciones concretas y bajo condiciones muy estrictas. Porque en carretera, incluso los gestos más habituales tienen reglas claras. Y conocerlas puede evitar sancione y situaciones de riesgo innecesarias.