Antes de llegar a la fama, Jordi Cruz circulaba por Barcelona con el Smart ideal para ir por la ciudad

Mucho antes de convertirse en uno de los cocineros más conocidos de España, Jordi Cruz llevaba una vida bastante diferente. El chef catalán, popular por su participación en MasterChef y por su trayectoria al frente de ABaC, también ha tenido una relación particular con los coches. Entre los vehículos asociados a sus primeros años destaca un Smart eléctrico, un pequeño urbano que encajaba perfectamente con las necesidades de movilidad de Barcelona.

El Smart eléctrico representaba una forma muy diferente de entender el automóvil. Mientras otros conductores apostaban por berlinas o todoterrenos, este pequeño coche ofrecía una solución práctica para desplazarse por calles estrechas y encontrar aparcamiento. Su carrocería compacta permitía aprovechar espacios donde otros vehículos sencillamente no cabían. Una ventaja importante en una ciudad como Barcelona.

Un mito entre los primeros eléctricos para todos los bolsillos

La principal virtud del Smart Fortwo eléctrico era precisamente su tamaño. Las generaciones de este modelo destacaban por una longitud cercana a los 2,7 metros y un habitáculo diseñado para dos ocupantes. Su configuración resultaba especialmente útil para desplazamientos individuales. El conductor disponía de un coche fácil de maniobrar, con buena visibilidad y una posición de conducción elevada para sus dimensiones.

La tecnología eléctrica también aportaba ventajas en el tráfico urbano. El Smart utilizaba un motor alimentado por batería, sin necesidad de gasolina y sin emisiones contaminantes por el tubo de escape. Su respuesta inmediata facilitaba las arrancadas entre semáforos. Además, la ausencia de un motor de combustión reducía las vibraciones y contribuía a una conducción más silenciosa.

Smart ForTwo
Smart ForTwo

Tenía sus limitaciones, pero para ciudad era perfecto

Eso sí, el pequeño Smart tenía unas limitaciones evidentes. Su autonomía dependía de la generación y de la capacidad de la batería. Los desplazamientos largos exigían planificar las recargas, mientras que el espacio disponible para equipaje era reducido. Sin embargo, el vehículo estaba concebido para otro cometido: resolver los trayectos cotidianos con el menor tamaño posible. Y ahí jugaba sus mejores cartas.

Barcelona era un escenario especialmente adecuado para este tipo de automóvil. Las calles congestionadas, los aparcamientos ajustados y los recorridos relativamente cortos favorecían a los urbanos eléctricos. El Smart permitía moverse con agilidad y simplificaba muchas maniobras. Su diseño, además, tenía una personalidad inconfundible. No hacía falta un coche grande para llamar la atención.

La trayectoria profesional de Jordi Cruz terminó llevándolo a lo más alto de la gastronomía española, pero aquel Smart eléctrico representa una elección mucho más sencilla y funcional. El pequeño urbano demostraba que la movilidad también puede entenderse desde la practicidad. Y, como suele decirse, las mejores cosas vienen en frascos pequeños.